lunes, 11 de marzo de 2013

Una joya de vídeo


Hoy voy a colgar aquí un vídeo que muchos de vosotros ya habéis visto. No obstante, también voy a aprovechar para comentar cuatro cosas que quizás no sabéis en relación a ello.

La primera es sobre la vía protagonista: La joia de l’Alamut, un 8b abierto en 2010 por Carles Brascó. La ruta aprovecha gran parte del recorrido de La joia de la corona (8a+) de Salva Serrano, equipada en el 94. Estas vías están en la Colonia Puig, en la zona norte de Montserrat, típico sector deportivo frecuentado las tardes de verano.

Quiero que sepáis que la vía no la he encadenado, sé que a mucha gente le da igual, porque el vídeo quiere reflejar otro aspecto de la escalada, pero no está de más decirlo. El 8a+ sí lo encadené, hace ya tiempo, pero en cuanto al 8b, en un intento serio me he caído justo después de la bifurcación con la otra vía. Ahí está el paso duro que le da el grado (la sección dura va desde el minuto 6:50 hasta el 7:10). Es una vía que me encantaría hacer, así que ¡seguiré intentándolo!

Después del día de filmación, pillé un catarro de no te menees. No sé si en el vídeo se aprecia bien, pero ese día soplaba un viento muy frío, sumándole la conjuntada camiseta de tirantes y que tuve que subir secuencialmente, esperando a que los cámaras se moviesen y repitiendo tomas. Me quedé helada. Creo que estuve colgada unas 2 horas, así que llegar a la reunión fue toda una liberación…

Otro detalle, espero que os hayáis percatado de que en la soleada entrevista se ve Montserrat al fondo. Esa vertiente, para los que no sois de aquí, es la sur (sur-este) y es la que he visto toda mi vida al salir al balcón de casa. Aunque la entrevista está hecha desde el castillo de Subirats, uno de los lugares más bonitos del Penedès.

Finalmente, estoy muy contenta por todas las alabanzas recibidas por el vídeo, pero me estoy llevando todo el mérito y no me parece adecuado (aunque mi ego está dando brincos desde entonces). Yo escogí la vía –¡creo que acerté!- y escalé, nada más; el trabajo duro: filmación, montaje y edición, lo hicieron Jon y Gerard, los chicos de Namuss Films; la idea original fue de Jaume Oliveras -el gurú dels Bous de la Salle- que, junto con Vèrtic, hicieron posible este vídeo y otros tres más de mis compañeros de equipo (próximamente en sus pantallas). Gracias a ellos, a mis abuelos y padres se les saltan las lágrimas al darle al play.

sábado, 9 de marzo de 2013

Misterios sin resolver


Hace unos días, en Siurana, me dio por probar una vía ancestral: el primer 7b de la zona (hoy recotado a 7b+), Kurt the Gandals, en Can Gan Dionís. No me avergüenza confesar que no solo no me meneé sino que no entendí nada en la sección dura. No obstante, me iluminé. Intentando los movimientos imposibles de hombros invertidos y micro regletas con pies ausentes, una frase estalló en mi cabeza como un huevo cociéndose en el microondas: “A él no le gustó demasiado Siurana”. ¿De quién había oído eso? ¿A quién se refería?

Mientras desmontaba la vía (con un pegue tuve bastante) recordé que el sujeto de la frase era Wolfgang Güllich y que, tan valiosa información, me la había proporcionado su biógrafo no oficial más aplicado –Pere- hacía ya muchos años. Así que...al Maestro no le gustó Siurana. Interesante... ¿quizás por las vías que probó?, ¿cuáles serían? me pregunté, sintiéndome aliviada al ver que Él también había tenido estos pensamientos impuros sobre la sacrosanta Siurana.

Sin palabras (bueno va, con dos: con dos cojones)
Entonces, busqué en la Biblia (léase, Wolfgang Gullich: Una vida en la vertical) y no encontré nada al respecto. La única pista que parecía acercarme al misterio fue la de sus viajes a España a principios de los 80 para visitar al fabricante de Boreal, del cual Él era distribuidor en Alemania. También busqué por Google: nada. Pues vaya. ¿Cómo coñe sabía eso Pere? Rápidamente le escribí: me explicó que él lo había oído hacía años, pero que no recordaba más, aunque sí sabía con quién lo había hablado, con otro profundo conocedor del tema, Joan (el Penedès es conocido por su cava, pero aun más por la cantidad de escaladores eruditos que lo pueblan). 
Contacté con él y al leer su respuesta me emocioné por momentos:

Si, això era l'any 1989, en un viatge al Verdon, tot fent un cafe aut lait, veiem una cara coneguda a l'altra banda del bar. Plovia i feia fred a fora. Els vidres regalimaven, i allà hi era ell. Això que s'aixeca i ve directament cap a nosaltres. Em va caure el cafè de les mans... I va i ens pregunta, vosaltres sou catalans, oi?, vaig estar a Siurana, i ves... no és el meu lloc preferit per a escalar...

¡La leyenda era cierta! Por fin tendría la excusa perfecta para no volver a Siurana. Pero al continuar, mi gozo caía en un pozo:

No,no!! és mentida!, ens va passar amb la Lynn Hill.


¡Maldita sea! No puedo decir que no quiero ir a Siurana alegando que a Lynn Hill no le gusta. No es un argumento moral convincente, necesito la Palabra del Maestro. Para empezar, ella está viva y Güllich no (y ya sabéis la fuerza de convicción que tienen los muertos), además, a ella aun no se le han descubierto milagros, mientras que a Güllich sí, como por ejemplo el de los que se ponen calcetines bajo los pies de gato y, aun perdiendo el glamour, continúan escalando tan tranquilos.

Al final, Joan se debió apiadar de mí y escribió un segundo mensaje después de releerse una antigua entrevista datada de 1985. En ella, Güllich decía que España era un buen sitio para escalar, excelente para entrenar en invierno, pero que en Francia también hacía buen tiempo y que le quedaba más cerca. C’est fini.

El misterio sigue sin resolver y por eso os lo cuento, porque estoy convencida de que existe alguien que posee la respuesta. Y yo no voy a parar hasta que lo consiga o hasta que me olvide de ello. ¿Qué estábamos diciendo?
Ayer estuve en Vèrtic, donde, a parte de ver un par de vídeos de Els Bous -que ya colgaré más adelante- pude seguir indagando sobre este curioso caso. 


Nota: No es que no me guste Siurana, al contrario, me parece preciosa. Pero me cuesta tanto que cualquier información sobre gente que veni, vidi y no vici me reconforta.

viernes, 22 de febrero de 2013

Una semana y media


Transcribo fielmente lo que cada noche he ido apuntando –a mano! soy una nostálgica- en una libretita a modo de cuaderno de bitácora. Perdonad por las imprecisiones en los tiempos verbales (ya se que a muchos os la pela, pero a mi madre y a los alumnos de Silvia, no –o no debería!-):

Día 1, Masriudoms
Después de escalar extrañamente solos en este sector -más partido no le podemos sacar a las cuatro vías que tiene-, emprendemos el viaje hacia Chulilla.

En la auto, el oído musical de mi socio es puesto a prueba (un juego que él odia y que yo adoro). Suena Queen y le pregunto a ver si reconoce qué es. ¡Aleluya! Por fin parece que Esteve ya identifica a Freddy; no así al revés, cosa que me tranquiliza enormemente (contactar con ultratumba siempre me puso un pelín nerviosa).

Día 2, Chulilla
Hoy una gitana me ha echado un mal de ojo:

Viento infernal + Rompo una claraboya de la auto + Me caigo repetidamente en un 7a + Me desangro femeninamente.

Imposible ir bien peinada y sonreír al mismo tiempo.

Día 3, Chulilla
Andamos buscando, sin éxito, una claraboya. De momento el hueco está tapado con práctica cinta americana. En la NASA la usan para sellar fisuras en los soleados ventanucos de las naves pues se conoce que ahí fuera hace casi tanto viento como en Chulilla. 
Detalle del Voyager II
Paseamos por el cañón y parece que el viento afloja: ya solo se lleva las palabras. Esteve me da una colleja por cursi. Yo le invito a galletas para merendar: le falta medio kilo para llegar a los 80. Me vuelve a dar otra colleja. Empiezo a sospechar que le va el sado, ahora que está tan de moda.

Día 4, Chulilla
En la Patagonia se está mejor que aquí. Hoy la gente huye del sector y nos quedamos solos. Sensación estúpidamente heroica. Escalando tengo la sensación de que el viento me va a arrancar de la pared y, además, hace mucho frío. Bajo con los pies blancos y anestesiados, sería un buen momento para operarlos de juanetes, caso de tenerlos.
Claramente horrorizada.
Volvemos a la auto para pensar qué hacer: de momento decidimos no abrir más claraboyas aunque, a escondidas, abro y cierro una de ellas. Me gusta el riesgo.

Finalmente, ponemos rumbo a un nuevo sitio para nosotros: Cuenca.

Día 5, Cuenca
La querida Andrea nos recomienda vías para probar. Concretamente nos insta a que hagamos El calvario del sicario, a vista. Una vez allí nos enteramos de que un tal Ondra, un tipo discreto que ya habíamos clisado en Oliana, lo ha hecho el día antes. ¿Casualidad? No lo creo.

Nada más llegar al primer sector (Sombretivo), vemos lo siguiente: 

¿Qué querrá decir? ¿Escalada en Cuena, Estamos Contentos, Esteve Casas, Esturión Confuso, Endocrino Caprichoso? Es una señal, aunque misteriosa, sin duda.

El tal Ondra nos persigue y con tal de chafarnos las vías a vista hace lo que sea. Por la tarde, cambiamos de sector (Martín Alaja) y, mientras yo me arrastro tan tranquila por un 8a+, llega Ondra y los mass media. El tío encadena, a vista y del tirón, Terapia de grito (8c) y Public Enemy (8b), ya nunca las podremos hacer a vista. La verdad es que tengo la impresión de practicar un deporte totalmente distinto al suyo.

Día 6, Cuenca
Visita a la ciudad de Cuenca donde paseamos por el precioso casco antiguo. Los callejones estrechos me hacen pensar que antes se pasaban por el forro la normativa europea de construcción.

No os imagináis lo que agradecí estar al sol. Casas colgantes al fondo, por donde el pino.
Luego vamos a Valdecabras, a ojear los sectores. Allí coincidimos con escaladores nativos conquenses, quienes resuelven efectivamente todas nuestras dudas: ¿Qué vía es esa? ¿A qué hora entra la sombra? ¿Hará sol mañana? ¿Existe el más allá? Y, caso de haberlo ¿Es difícil de encontrar?

Día 7, Cuenca
La noticia del meteorito ruso me deja con miedo en el cuerpo. Imagino que cae el meteorito gordo y ecatómbico esta noche: mis palabras quedarían solo en esta libreta cutre que me dieron en un curso de prevención laboral (allí nunca nos mencionaron qué hacer en caso de impacto cósmico). Si chocase, ya nadie sabría que Esteve encadenó un 8a al flash o que hemos cenado alcachofas salteadas. Pues vale, que caiga, pero no en el hueco de la claraboya –que de momento aguanta aeronáuticamente-.

Día 8, Cuenca
El meteorito nos ignoró como una Infanta Cristina cualquiera (sí, de esas que dicen no saber nada). Gracias a eso seguimos vivos y podemos ir a escalar a Valdecabras Sur.

Hoy es sábado y hay mucho ambientillo. La gente es muy amable y simpática, aunque no pierden de vista a mi kalashnikov, el que siempre llevo para celebrar los encadenes disparando al cielo a lo Iraquí. ¡Qué fácil es hacer amigos!

Día 9, Cuenca
Tregua muscular requerida. Para ello, hemos visitado la ciudad encantada: los barcos, los osos, la lucha entre elefante y cocodrilo, los amantes de Teruel… Yo hasta he visto una piedra que me ha recordado claramente a un meteorito y otra que os juro que parecía un flan casero, de dos huevos concretamente. Es cuestión de echarle imaginación o de bizquear levemente. 

Ciudad Encantada

Día 10, Cuenca
El mini viaje está a punto de caducar: tenemos que volver a casa y, además, dan mal tiempo. Hoy es el último día de escalada conquense y yo lo empiezo cayendo en Cazaprimeras (mítico 8a que Carlos Suarez hizo en solo durante el Pleistoceno) cosa que me mosquea sobremanera. Me insulto pero ingiero fresas y galletas que me reconfortan momentáneamente.

Cambiamos de sector -Valdecabras-, para que el compañero sí finiquite sus tareas pendientes. Se pone contento y tararea un clásico:

M - ¿Qué tarareas? (yo lo sé, pero quiero ver si él es consciente. Debo decir que me regodeo repelentemente en su desconocimiento musical)

E - Ni idea.

M - Di algo, va ¿Tú qué crees?

E - El condor pasa

M - (Me mondo) Prueba otra vez, aunque puedes aprovechar las cinco primeras letras.

E - ¿El congrio?

M - ¡Por el amor de Dios! Tú te imaginas al compositor diciendo “a esta, mi obra magna, le voy a titular el congrio!”

E - El concierto de año nuevo.

M - Y los Strauss revolviéndose en su tumba, junto con tu amigo Freddy. Pero la segunda palabra te vale.

E - El concierto, el concierto… El concierto de Aranjuez!

Touché.

Como aun queda una hora de luz y me siento motivada, volvemos a Cazaprimeras. Allí, suerte loca, están unos chicos probándola, así que puedo usar sus cintas y encadenar in extremis. Es el final feliz de toda escalada.

Dia 11, Carretera
Paramos a comprar miel en El Perelló y los dedos me quedan pringosos de probarla así que no puedo escribir más. Eso o dejo la libreta como unas torrijas.

Día 12, Siurana
Día soleado y fanático en el Campi qui pugui. Mucha gente y muy fuerte. Estamos con Oriol, que nos demuestra con estilo como se escala un 8a de placa en dos minutos y sin inmutarse; él afirmará que es un tío muy técnico, pero sus bíceps le delatan. Y los míos también: han dicho que o ellos o yo, así que toca descansar un poco.

¡Fin del viaje!

lunes, 4 de febrero de 2013

Dale a tu cuerpo alegría


Hoy hablaré de cosas alegres.

Ante las últimas novedades sobre corrupción política, me indigno, ma non troppo. Y es que, no me cansaré de decirlo –sí, año tras año, soy muy cansina- todas estas tramas de estafas, corruptelas y malversaciones son un juego de niños si las comparamos con la gran mentira occidental. Esa es la que me indigna a mí, por un simple hecho de magnitud: más engañados y más pasta derrochada. Que sí, que hablo del puto (léase antropogénico) cambio climático. Me remito otra vez a la prensa de hace diez años, la que vaticinaba un país desértico e inundado por la subida del nivel del mar. 


Que se sepa que el año 1998 fue el más cálido a nivel mundial de los últimos 35 con datos fiables. Pero da igual: ¡venga protocolos “ecológicos” para frenar al CO2! que lo único que consiguen es el movimiento de millones y millones de euros (públicos) que se venden entre países o se gastan en energías muy costosas. Todo ello repercute en cosas tan simples como la factura de la luz. Al final, la emisión mundial de CO2 sigue creciendo y las temperaturas van a su bola, desafiando cualquier predicción. Algo completamente lógico, por otro lado, teniendo en cuenta que los modelos climáticos son modelos fundamentados en los meteorológicos. Es decir: no tenemos ni idea de lo que va a suceder.

¡Hablemos de cosas más alegres!, por ejemplo de Siurana. Sí, a mí también me da la risa cuando pruebo según qué vías. Si Calders me parece duro físicamente, Siurana me parece duro en todos los aspectos. Pero hay que ir: da igual si entre chapa y chapa, aparte del aire que corre entre algunas, hagas cien movimientos (en Rodellar das 4 brazadas y ya estás en la reunión); da igual si pruebas vías de los ochenta y te parece que nunca has escalado nada tan duro; da igual si te cansas más de pies que de brazos. El aprendizaje es total… Y el encadene, casi siempre, ausente. 

Sobre todo mucha calma.
Coñe, si al final este post será un drama. Pues a ver, entre las últimas cosas agradables de las que he disfrutado os puedo contar la visita al nuevo roco de Gárgola o la visión del nuevo socorrista de la piscina. Bien. Me siento capacitada para hablar de lo primero. El caso es que fui a la inauguración de La Reunió (Pallejà) la última creación de Gárgola. Impecable, como siempre, donde destaca –atención!- un campus de chorreras. No pude probarlo porque me había pasado la mañana en la piscina y estaba muerta de nadar tanto (mi intención era ahogarme, no. Ahogarme no, he dicho).

No está de lado, es así. A ver quién es el guapo que sube por ahí...

martes, 29 de enero de 2013

Pies para qué os quiero


Esta tarde he hecho algo que me ha gustado mucho: he estado en La Salle con el grupo de entreno de Els Bous, compartiendo experiencias y ayudando (o entorpeciendo) con el entreno. He sentido envidia sana al ver el buen ambiente y lo a gusto que entrenan juntos. Hacerlo sola es un coñazo –lo del entreno-.

Ya que hablo de nuevas experiencias, el domingo pasado fuimos varios de la familia a una carrera de 10 km en Vilafranca. Oh, qué gozada: correr individualmente dentro de una gran masa jadeante, la sensación de esfuerzo personal, los ánimos del público, las musculosas piernas masculinas… Lo tengo clarísimo: si no escalase, correría. Disfruté como hacía tiempo. Me encanta sentirme novata y fijarme en la gente que domina del tema; es un constante descubrimiento. Aunque, eso sí, lo de correr no es lo mío, tardé mis lentos 55 minutos. La ganadora hizo 37’ y el ganador 30’55’’, me parece increíble. Esteve, corrió en 39 minutos, que tampoco está nada mal para ser su primera carrera (a mí me sigue pareciendo un tiempo increíble, pero bueno, se ve que los hay a puñados que corren con tanta o más prisa). 

Esteve dándolo todo tras 5 km. Foto: running2life.
Saludando a mis abuelos que estaban en el balcón. Foto: mi adorable abuelo Antonio.
Imagino que lo de correr como liebres silvestres hizo mella en nuestras fuerzas. O eso quiero pensar, porque al día siguiente fuimos a Calders y no solo no nos comimos un rosco sino que nos arrastramos como gusanos, silvestres también. ¿A quién quiero engañar? Con carrera o sin carrera, escalar bien en Calders (ojo, ya no digo encadenar) se me antoja como algo milagroso. 

Esteve en Radicals lliures (7c) asegurado por Ignasi, otra liebre en potencia.

jueves, 24 de enero de 2013

Ya llega el sol


Ayer tocaba ducha. Ya, ya sé que no estamos para ir gastando agua pero tengo esa manía, al menos me ducho una vez al mes –pero solo si es impar, eh?-. La higiene es primordial. Aunque después de la experiencia de ayer no pienso hacerlo más: con solo tocar el agua me empezaron a escocer tanto las manos que pensaba que me había convertido en un gremlin (y la cantidad de pelo que me saludaba desde las piernas parecía confirmar mis sospechas. Ah, el invierno…). Finalmente resultó ser por las heridas en mis delicadas manos, producto de las últimas escaladas en Oliana.

Cerramos unos días fantásticos en Oliana: volveremos más adelante, pero ahora toca cambio de aires. Esteve ha llegado exitoso a reuniones que otrora le parecieron infernales: Humildes pa arriba (8a+), Paper mullat (8b+/c), T1 Full equip (8c) y, su favorita, Humildes pa casa (8b+). En cuanto a mí, el último encadene ha sido Marroncita (8b), la responsable de mis escozores digitales (menudos alaridos doy cada vez que salo algo). La causa es simple: cuanto más cansados escalamos, más nos apoyamos en la piel y menos en nuestros músculos. En Oliana se puede escalar así, porque la adherencia es buena, pero luego pasa factura. 
En la sección dura.
En la placa final donde caí tres veces.

 Lo que más me gustó de esta última vía ha sido la ayuda que me ha brindado -chin chin- mi subconsciente. Cansada ya, a última hora y en mi tercer pegue, estaba helada de frío en el reposo final. Entonces salió el sol tras una nube y la canción “Here comes de sun” de los Beatles me vino a la cabeza incontrolablemente –llamadme clasicona- y me acompañó hasta la reunión dándome energía positiva. Una vez me pasó lo mismo con la canción "cocinero, cocinero" de Antonio Molina -una putada-, no recuerdo si encadené o no...

Otra alegría nos llega desde Chulilla. En pocos días saldrá la guía de esta escuela a la que ya peregrinamos anualmente. Estoy ilusionada porque la foto que han escogido para la portada es mía y no veo el momento de tener el libro entre las manos. Si os apetece disfrutar de una escalada en placas interminables y agradecidas, os recomiendo encarecidamente que vayáis ahí. 


domingo, 13 de enero de 2013

La profecía: tercera parte

Las escrituras apócrifas encontradas en la tumba de San Güllich rezan:

El primero lo construirá a pedazos y durante un par de años: será funcional aunque poco estético y raro. Aprovechará una arcada antigua y olerá a pis de gato.
Y así se hizo.

El segundo lo construirá en un mes: se lesionará, se magullará, se desmembrará y sangrará hasta negar el mismísimo Rotpunkt. Será el más grande y olerá a bodega.
Y así se hizo.

El tercero lo construirá en un año: su experiencia y grandes sabios con Gárgolas le ayudarán. Otros -no tan sabios- cavarán, encontrarán fósiles y beberán cerveza (y si lo dicen las escrituras va a misa). Será magnífico y olerá a resina. 
Y así se hizo.

Aun sin entender porque las escrituras tienen esa extraña obsesión con los efluvios, me congratulo de que no mencionen un cuarto episodio constructivo –si bien no he podido acabar de leerlas pues estan manchadas de chucrut y magnesio-. Lo que si me queda claro es que Esteve ha acabado con su tercera obra magna y, lo digan o no las escrituras, le ha quedado espectacular.

Parte importante del éxito ha sido gracias a los amigos de Gárgola que le han aconsejado, asesorado y ayudado dando muestra de su gran conocimiento del tema (si lo hubiesen hecho ellos habría quedado todavía mejor, pero Esteve no se hubiese divertido tanto). GRÀCIES!

Sin más, os dejo con una secuencia de imágenes para que veáis la transformación de bodega a búlder:
1. La matanza de Texas ha empezado...
2. Moviendo los hilos.
3. El ingenio contraataca.
4. Tomando forma.
5. Los "rebajistas" del suelo.
6. La unión hace la fuerza: Bulder 1+ Búlder 2
7. Prebase: Primera capa de maquillaje.
8. Colorete: Segunda capa de maquillaje.
9. Listo! Vista desde Búlder 1
10. Unión acabada o "el empalme".
11. Ooooh
12. C'est fini!

viernes, 4 de enero de 2013

Fotos en Picos Pardos

No me extenderé porque estoy muerta de sueño. Desconozco el vuestro, pero mi año ha empezado de manera trepidante: he visto que cada 60 segundos se sucede 1 minuto, un no parar. El tiempo, si te lo pasas bien, vuela.
Iniciamos el año festejando los primeros segundos (y horas) por Sant Llorenç de Montgai, corriendo con Andrea y Cris el día 1, sucumbiendo al frío en Oliana el día 2 y escalando al solete el día 3. Hoy hemos tenido un día ideal para echar fotos (concretamente para el bueno de Esteve y sus piernas gangrenadas) y presenciar algún que otro encadene. 
Cuelgo aquí unas cuantas imágenes que muestran bien como es la vía que encadené hace poco (Picos Pardos, 8b) y el frío que puede llegar a hacer si se nubla.

El movimiento más duro de la vía.
Saliendo del paso duro, sección atlética.

Dejándome, literalmente, la piel en las chorreras puntiagudas de la placa.

Un día antes. Con Tere, congeladas pero contentas.

Esta la eché yo: tras la niebla el sol brillaba tenuemente y, de repente, apareció una gran y elegante ave rapaz (la ornitología nunca fue mi fuerte).

domingo, 30 de diciembre de 2012

Gramática Parda


Justo al volver de Chulilla, en nochebuena, fuimos a escalar a Montserrat, a un 8b que probaba en verano. Mi ego, crecido por los últimos encadenes en tierras valencianas, reclamaba más éxitos. Por mi cabeza de chorlito se sucedían frases como “hoy es un día mágico, seguro que encadenas”, “te vas a llevar un regalito y lo celebrarás esta noche en la cena de Navidad”… Ay, amigos, cuánto daño hace la vanidad. Yo me las prometía muy felices, quería encadenar fácil y rápido. Pues toma Jeroma: caída en el paso duro tras sufrir 25 metros de conti. Entonces me puse a llorar como una estúpida: Lagrimones de rabia, como aquella vez en Montgrony cuando no me salían los pasos de Època Negra, y sollozos desesperados. Yo no digo que llorar sea malo, al contrario, pero llorar por motivos tan necios sí es algo muy cutre -aunque no me lo pareciese en ese momento de furia-. No podía parar el llanto mientras, indignada, miraba desde lo alto de la vía al mundo pasando de mí. Esteve me abroncaba merecidamente allí abajo y yo me aferraba a la cuerda maldiciendo mi suerte y sin entender como el resto del universo seguía imperturbable (o al menos la parte de universo que se podía otear).

Mi pudor clasicón me impide llorar en público así que al poner un pie en el suelo se acabó el drama y ahí empecé a recapacitar. Para encadenar esa vía debería esforzarme, sufrir e insistir. Lo mismo para cualquier otra. Y aun más para Picos Pardos. ¿Cómo se me pudo haber olvidado la importancia del esfuerzo y la posibilidad real del fracaso? “¡Persevera!” me dije. Si realmente quiero hacer cosas difíciles para mí deberé poner empeño. Y una vocecilla opinó dentro de mí: Pues claro, tontaina, como todo en esta vida. Tengo una conciencia muy repipi.

Tres días después encadenaba Picos Pardos en Oliana, tras haber caído infinidad de veces en el paso duro y dos en la placa final. Qué alegría, qué ilusión. Había triunfado porque había permanecido paciente y al mismo tiempo había conseguido dar el cien por cien en ese pegue. Cierto que tras tanto insistir esa vía no ha sido el bocado más dulce pero sí el más sano. 

Eché una foto justo después de encadenar, la cinta que se ve es la primera de la vía. Salía la luna y fue un momento espectacular.

Queridos Reyes Magos:

Que no se me olvide que fracasar es el primer paso para triunfar. Que no se me olvide que una vía no vale una lágrima. Que no se me olvide que el esfuerzo no siempre será recompensado con el éxito pero sí con su propio valor.

Y como sé que me olvidaré, porque nunca dejo de desaprender, que al menos nunca me falten retos así para volver a recordarlo.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Un fin del mundo cualquiera

Desde principios de verano que no nos hemos movido más allá de 100 km a la redonda. Cierto, vivir aquí es un lujo para el escalador común y da pereza irse de las escuelazas que hay en “casa”. De todas formas, nos apetecía cargar la autocaravana y salir por ahí unos días antes de que se acabase el mundo. Pendientes de la meteo, hasta el último instante no hemos decidido el destino. Hemos visitado tres escuelas y –aquí me regodeo- nos hemos hinchado a escalar:

Día 1, Masriudoms: Siempre que vamos hacia el sur hacemos una paradita en este sitio. Resguardado del frío, orientación sur y, atención, la pared donde se escalada es un gran pliegue rocoso. Lo podréis observar bien desde lejos. Ese día tuvimos la fortuna de coincidir con unos escaladores encantadores que nos aprovisionaron de reseñas y nos aconsejaron a donde ir. Gràcies!

Día 2, Montanejos: Lo primero que aprendí al llegar: el agua del río Mijares baja tibia y las primeras chapas están lejos. Creo que es algo que no olvidaré fácilmente, sobre todo lo segundo. Escalamos en el sector Pilas Alcalinas y las vías nos parecieron: muy buenas, muy duras y muy alegres.

Día 3, 4, 5, 6 y 7, Chulilla: Yo no quería ir, pero Esteve se empeñó y al final me vendí por una paella. Entiendo que el amigo quisiese ir, porque una vez allí no dejó títere con cabeza. Las vías son largas, pero no demasiado físicas en general, y la piel aguanta bastante bien así que pudimos escalar mucho y muy a gusto. Es una escuela perfecta para ir a vista, modalidad que me cuesta más que la trigonometría.

Chulilla, vale la pena, de verdad. Atended, que la guía saldrá pronto.

No sé vosotros, pero mi fin del mundo fue muy desleído. Ni ovnis, ni cataclismos, ni meteoritos, ni ná: me entró una china en el ojo y se me pegó la tortilla a la paella. ¿Acaso se equivocaron los Mayas? ¿Será mañana el fin del mundo? ¿Pasado mañana? Porque digo yo que algún día será. Y cuando se acabe Todo que nos pille al menos habiendo disfrutado. Felices Fiestas.



lunes, 10 de diciembre de 2012

Más acá del bien y del mal


¡Oliana!

 

Últimamente estamos enganchados a ese muro extenuante, aunque a unos les agota menos que a otros: Esteve mismo demostraba ayer su gracia natural chapando, sin resoplar ni despeinarse, la cadena de Paper mullat (8b+). Otros lo llevamos peor y bajamos de las vías hechos unos zorros y sin encadenar. Yo misma estoy gozando de esa sensación, de nuevo. Si algún día encadeno Picos pardos (8b/algo muy difícil para mí), si algún día logro pasar de la sección dura, si no me caigo de la emoción en las chorreras de arriba, seré –momentáneamente, ya sabéis como es este deporte- la escaladora más feliz de mi casa. Mientras tanto, seguiré visualizando los movimientos y encadenado con éxito desde el sofá. 

¿Está Novato bien acompañado o somos nosotras las bien acompañadas?
Cambiando radicalmente de tema, aparte de pensar obsesivamente en esa vía, también me ronda por la cabeza un dilema moral fruto de una experiencia personal impactante. Dicho así queda pedante, pero la cosa es simple, hasta un poco cutre, y os la voy a contar porque quiero compartirlo.

Hace un par de semanas me apunté de voluntaria en “el Gran Recapte d’Aliments” cuya función es la recogida de alimentos básicos para gente de aquí que lo necesite. Me alisté más por curiosidad que por bondad (¿existe?), pero la cuestión es que durante una tarde estuve empaquetando comida y flipando al mismo tiempo: 

Llegué al supermercado y ahí nos reunimos todos los colaboradores. Todos menos yo superaban la cincuentena y, también, todos menos yo eran voluntarios de Cáritas. La tarea consistía en pesar y empaquetar toda la comida que la gente donaba voluntariamente al salir del super; previamente a su entrada se les había informado de la campaña de recogida y del tipo de alimento requerido. 

El desasosiego empezó observando a una de las mujeres voluntarias, que asediaba a los clientes del super para instigarles a comprar productos para la campaña. Cuando alguien no le hacía caso, la mujer se volvía hacia los que empaquetábamos y decía “fíjaos, qué gente más mala; los que son amables y se paran (a escuchar mi bondadoso discurso) ya se nota que son buenas personas”. El trauma llegó cuando las mujeres que recogían las bolsas con comida miraban en su interior y, según su contenido, se producían diálogos colmados de amor: 
-         Mira esta, da solo un paquete de pasta, 35 céntimos.
-         Sí, y en cambio en su cesta llevaba galletas Birba, que son caras.

Durante la recolecta, uno de los voluntarios empezó a hablar de los necesitados que acudían a Cáritas habitualmente y que ellos atendían sin ánimo de lucro (pero sí con ánimo cotilla). Demostración de ello fue cuando dos tapadas musulmanas con sendos hijitos compraban cruasanes de chocolate:
-         Estás no van a dar nada porque acuden cada semana a la beneficencia.
-         ¡Qué van a dar! Eso sí, cruasanes los que quieras. Y a Cáritas vienen con unos cochazos que ya me gustaría a mí…Vergüenza les debería dar
(yo) - ¿Pero eso lo habéis visto?
-         No, pero lo sabemos, los maridos las esperan en el cochazo escondidos. 

También fui testigo de críticas personales entre ellos cuando uno se ausentaba. Del veneno de sus lenguas no se salvaba nadie. Y es que lo sabían todo de todos. Señores de la CIA, ¿a qué esperan a contratar a esta gente?

Finalmente, el clímax llegó con dos viejecitas.  La primera entró con un carrito y, sin querer oír a la voluntaria plasta, lo llenó de alimentos, los entregó discretamente y se fue con las manos vacías. Ni un comentario de mis buenos samaritanos (¿estaría siendo más buena que ellos?). La segunda ni la vi entrar, pero sí salir: medio coja, arrastrando su carro y sin mirarnos. Con la mujer aun cerca de nosotros se me partió el alma:
-         Está no nos da nada (regodeo de indignación)
-         Deja, es una pobre viuda, su marido era borracho y el hijo se droga. Una pobre gente. 
 Podrían haber gritado, pero no hacía falta, estoy segura que ella lo oyó todo. 

Salí de ese nido de compasivas víboras pensando que estas personas no me parecían el paradigma de la bondad ni por asomo. En cambio, eran voluntarios para una causa que sí iba a ayudar a muchos y hacían el bien semanalmente. Entre esa sorprendente contradicción me hallo aún.