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sábado, 27 de diciembre de 2014

El último post

Cuando diciembre llega a su fin parece que nos dé a todos –a Facebook especialmente- la neura de recapitular y rememorar los instantes más significativos del ano menguante (sí, sí, hay algunas letras que no funcionan en este teclado, la eñe es una de ellas). Yo de los últimos 12 meses no voy a decir ni pío, pero sí de este último mes, en el que las reflexiones han sido abundosas (una por semana, tengo el cerebro a pleno rendimiento). Lo subtitulo así: Cosas que pienso en diciembre.

- Aforo ilimitado. Resulta que los amigos australianos que conocimos hace un lustro en Céüse volvieron al hemisferio norte y los tuvimos de nuevo en casa. Hablando de la masificación, la amiga Andrea nos cuenta que, un día antes, había 7 (siete!) escaladores que daban la vez en una vía de El Pati. Cierto, hay unas cuantas escuelas que están literalmente infestadas (Siurana, Terradets, Oliana…) y no siempre por Homo sapiens, últimamente abundan los Homo antecessor, es decir, los de Atapuerca. Ya lo dije una vez: taxe de séjour, y que al menos sirva de algo tanta gente con ganas de probar vías montadas y beber cerveza (oye, que a mí el plan este también me mola pero si somos muchos ya no).

Andrea, la amiga Australiana en Kale Borroka, una de las vías más concurridas de El Pati, Siurana. 

- Qué bella es la vista y otras escuelas locales. Lo dicho, después de constatar la declaración de Andrea decidimos ir a otros sitios menos cotizados. Uno de ellos, por ejemplo, es Can Gan Dionís, en la mismísima y abarrotada Siurana pero desierto. ¿Cómo puede ser eso? Id, escalad y entenderéis. Otro de ellos es la hogareña Paret Gran en Sant Llorenç; cuatro gatos en esta época.  Y para seguir con la búsqueda de la calma descubrimos Bellavista que está lleno de locales pero el ambiente es distendido y amable (y las vías un 10!). Estar ahí me recuerda a los primeros años de escalada, cuando íbamos a Sadernes y para comer nos preparábamos unos montaditos de escalibada, atún, queso y aceitunas (19 añitos y ya éramos unos gourmandes). Nos cascábamos una barra de pan entera y luego, ale, a escalar.

Escalar en la Paret Gran en epoca no estival siempre es un placer: no hay gente pero sí hay buen tacto.  

- La teoría de las 10.000 horas. Con la reciente afición al ajedrez me he estado preguntado cuantas horas necesitaría para mejorar mi desconcertante juego. Así que investigando he dado con esta teoría que dice que se necesitan unas 10.000 horas de práctica de cualquier actividad para convertirse en un experto. Rápidamente lo he pasado al ámbito de la escalada y he hecho unos cálculos aproximados: 7.000 horas de escalada son las que me computan a día de hoy. En cuanto me licencie, de aquí a 3.000 horas de escalada, vengo y a ver si digo algo interesante. Por el momento, os enchufo el vídeo del Open Bloc dels Bous de la Salle donde fuimos muchos los que convalidamos unas cuantas horas de práctica (dicen que las del próximo Open valdrán el doble… atención porque tamaña oferta no se podrá dejar escapar).



- Renovarse o morir. El universo bloguero está de capa caída de un tiempo a esta parte, cada vez hay menos blogs de escalada activos, menos comentarios y menos actividad en general. Facebooks, twitters, instagrams y otras redes sociales hijas del demonio tienen parte de culpa. Lo breve si bueno, dos veces breve. ¿O no era así? La cuestión es que de cara al 2015 quiero cambiar el formato de todo esto. Y cuando digo esto me refiero al blog, no al mundo cruel (a ese no hay quien lo cambie).

Feliz entrada de ano a todos!!!

lunes, 25 de agosto de 2014

Segundo asalto estival

Este es un verano raro. Las temperaturas están siendo demasiado buenas* para trepar y nosotros no las aprovechamos (lo que os digo, raro de cojones). ¿Qué hemos hecho entonces? De manera coincidente con el tipo que merodea bajo el mismo techo que yo hemos disfrutado de unas cuantas sesiones de resina en el búlder. La guinda a estos días de encierro plafonero fue hace un par de semanas en la décima competición Bisbal Vertical donde conseguimos hacer un insólito doblete que quedaría para siempre en los anales de la historia familiar, si los tuviésemos (¿no os parece bonito usar la palabra anal y no estar refiriéndose a un culo? fascinante...). Y este sábado pasado, aun con la carrerilla de la compe anterior, participé en el tercer ibloc que montan los simpáticos de Ingravita –esta vez sin ganar pero igual de contenta-.

En la X Bisbal Vertical. Parece el mismo bloque pero en el de Esteve hay algunas presas menos... Foto: Jordi Santacana
Por otro lado, el resto del tiempo ocioso lo hemos ocupado con temas de índoles variadas. A Esteve le ha dado –de nuevo- la neura de explorar el mundo de la licorería, las conservas, la recolección y la producción a gran escala, poniendo a prueba la capacidad de almacenaje de casa: que si limonchello, que si patxarán, que si mermelada de moras, que si hierbas aromáticas, que si almendras, que si ciruelas... En fin, ya puede venir el apocalipsis.

Por mi parte, he dedicado el tiempo a otros menesteres más lúdicos -llamadme vaga-. Primero me uní a mis progenitores en un par de etapas de la transpirenaica (GR 11) donde tuve mucho tiempo para pensar. Desgraciadamente, anduve canturreando por las montañas y no lo aproveché. 

Reflexionando entre Planoles y Puigcerdà.
Luego seguí en casa enganchada a la sádica narrativa de George Martin (gràcies Akane!) al mismo tiempo que intentaba convencer a mi padre para que mirase la serie Juego de Tronos –la excusa perfecta para volverla a ver-. De ahí ha nacido el trueque más atípico que se recuerda en los anales de la historia familiar (ay no, que no tenemos): él mira Juego de Tronos conmigo sin bostezar demasiado y yo presto atención a sus clases de ajedrez disimulando al máximo el fallo genético que hay en mí en materia de peones, alfiles y demás calaña.

Ah, y también he subido algún día a Sant Llorenç del Munt donde he encadenado dos vías. De hecho, yo venía a hablaros de esto –de verdad, cómo me enrollo-. Os cuento: hace un par de años probé por primera vez Kirkut (8a+) y Zurich (7c+), ambas vías del Mur Blau (con esto quiero haceros ver que las condiciones son muy similares para las dos rutas: roca, clima, estado de forma personal, etc.). Desde entonces, las he ido probando esporádicamente y a la par hasta encadenarlas este verano. La cuestión es que Zurich me ha costado bastantes más intentos que Kirkut lo cual me llama potentemente la atención y me reafirma en la idea de que el grado es muy subjetivo. Ojo, no estoy poniendo en duda la graduación de estas vías, sino quitándole importancia. Sé que hay mucha gente que ha encadenado rápidamente Zurich y, en cambio, no así la otra vía, con lo cual entiendo que, de manera general, Kirkut es más difícil que Zurich. Llegados a este punto, inquietantes preguntas me asaltan: ¿Qué implica que una vía de un grado inferior nos cueste más intentos que una vía de un grado superior? ¿Es que acaso la dificultad no viene marcada también por el número de intentos que necesitamos dar a una vía para encadenarla? ¿Qué pasaría con los grados si realmente llegase el apocalipsis? ¿Y con las hormigas? ¿Seguirían acudiendo en masa a mi cocina?

Para quien se pregunte si esto de competir motiva. En serio, mirad cuánta motivación trasciende de la imagen... (Nois, ja em perdonareu per fer-vos serivr d'escalador-objecte jeje) Foto: Ana Linde


*Que ahora resulta que el cambio climático va a dar un parón hasta dentro de unos años –dicen los “científicos” que hasta 2025, lo podéis ver aquí -. Así que, tranquilos, lo que algunos escépticos llevan tiempo afirmando se confirma: a día de hoy no se tiene demasiada idea de cómo va a evolucionar el clima terrestre (y aun así, se continúa negando la evidencia a los ojos del mundo). Me gustaría pensar que este es uno de los mayores engaños de nuestra era…pero creo que aun los hay peores.

domingo, 13 de julio de 2014

Primer asalto estival

Que casi termina en KO para mí misma en el último momento. Pero, antes, ahí van algunas consideraciones de trivial importancia:

Häagen Dazs derribado o Black Hawk derribado, como prefiráis, un belicoso peliculón y un helado –el de macadamia- recomendación de nuestro mariscal de campo. Comer lo uno y ver lo otro es mi must para estas frescas noches de verano en las que llegas derribado -jeje- de escalar. 

Ahora sabemos qué hacía Jaime Lannister antes de perder su mano
Anómalas temperaturas veraniegas nos permiten dos cosas: la primera es trepar en julio como si fuese una fresca mañana de abril, la segunda es preguntarnos dónde están esos áridos veranos pronosticados hace no muchos años por los insidiosos climatólogos gubernamentales (para más información sobre el récord actual de hielo en la Antártida consultad aquí). 

Pantalón largo imprescindible en Sant Llorenç del Munt. Chaquetilla para asegurar, también.

Visca l’Alt Urgell! Que no puedo dejar de repetirlo, oye. Tan buenos días hemos pasado descubriendo sectores nuevos que casi se me olvida de lo a gusto que se está también en la tranquila Sant Llorenç del Munt.

Entre los Haagen Dazs y Black Hawks derribados, las temperaturas derribadas, los climatólogos derribados y las vías que hemos derribado -vale, ya paro-, yo creía que este primer asalto estival lo tenía ganado ya de largo. Pero “no diguis blat…” porque justo ayer, volviendo del trabajo, contraje el dengue, la triquinosis o el mal del tordo. Con suerte, la gripe. Y es que los hipocondríacos somos así: lo mejor que podéis hacer con nosotros es alejarnos de Google. Búsquedas como “enfermedades mortales con dolor de huesos y fiebre” o “síntomas que parecen gripe pero son otra cosa” no ayudan a sentirse reconfortado. Del mismo modo, mis gemidos lastimeros tampoco ayudan a sentirse reconfortados a los que me rodean (“joe, qué pesada es la niña”, me pareció oír cuando exponía el autodiagnóstico a mis progenitores –hecho notorio por tratarse de mensajes de texto vía whatsapp-). La cuestión es que aún me estoy recuperando de las horas que pasé con alta fiebre y mal cuerpo –el dengue iba en cabeza, sobre todo porque el día antes me había picado un mosquito y me parecía altamente plausible-.

Después de todo, creo que sobreviviré al virus maligno de turno pero temo no estar al 100% para enfrentarme al segundo round canicular. Ya os cuento.

Y mientras bajo la fiebre, al loro con La Vanguardia: muy aburridos –sin noticias- debían de estar para publicar este reportaje de Siurana en portada y dedicarle varias páginas internas.

martes, 15 de abril de 2014

Pascua de resurrección


Mi larga travesía por el desierto terminó: he llegado a la meta con los bolsillos llenos de arena y un cierto escozor de ojos, pero nada que no se cure escalando o con un buen colirio. Sí, esta metáfora es una mierda, hasta yo la leo y no entiendo nada (algunos tontos le llamarían arte; le llamaré arte, pues). 

Veamos, lo que os quería decir es que, por fin, tengo más tiempo para trepar y que, tras tantos meses quemando pestañas ante el puto ordenador –y comiendo muchas galletas, de ahí lo de los bolsillos llenos de arena, 3 kg de arena para ser concretos-, quiero que me regente la inactividad cerebral. Voy a guardar cualquier intento de darle al coco para garabatear el patrón de desbloqueo del móvil o, como mucho y haciendo un esfuerzo, para recordar el pin.

Y así, dirigida por un cómodo aborregamiento, retomo la actividad del no-encadene, más feliz que unas pascuas –tópico acorde con el momento litúrgico y personal-. Dicho esto, pasen y vean las modestas fotos de ayer en Sant Llorenç del Munt que atestiguan el bendito retorno a la roca.

Òscar y un monodedo en Sueños de mierda (8a+, creo, ya que él hacía una variante de la Mierda de sueños).

Interesantes escaladas en Sant Llorenç cuando la lluvia ha borrado el magnesio.

Esteve en la sección clave de Trencaegos. Vía bastante nueva, unos la proponen de 8b+, otros de 8b.

 Fenakistiskopi, un 7c clasiquísimo de la Paret Gran. Juro que no me cogía de la higuera (en el pegue anterior sí). De todas formas, fallé en el paso duro (un monodedo que prefiero no usar) y deberé volver.

  

Nos encanta este sitio. 

jueves, 13 de junio de 2013

Memorándum

Las compes no oficiales de primavera ya han acabado para mí. Ahora quedan las más divertidas y populares, como el Vilabloc este sábado en nuestra querida Vilafranca o el Open de Terrassa, dentro de dos semanas. 


De la última prueba, que fue el Campionat de Catalunya d’escalada en Bloc, aun me siento cansada pero puedo afirmar que ha sido la competición que más me ha aportado de todas. Los bloques de Fèlix y Helena fueron variados e imaginativos, creo que gustaron mucho a todo el mundo. Imagino que si solo hubiese probado los bloques que me pertocaban no me habría cansado tanto pero a Maud se le ocurrió que podríamos probar los bloques de la clasificatoria de los chicos. Sinceramente, blocar con ella es como asistir a una masterclass de movimiento en resina: la tía lee exactamente el movimiento y lo escala con todo el cuerpo, no solo manos y pies. Para mí es toda una novedad, ya que en roca no se acostumbra a escalar así, pero en cambio, está a la orden del día en las compes de bloque del mundo: dinamismos, equilibrios, tensión corporal, contorsionismos… Además, Maud también me dio varios consejos para mejorar cada intento; como el calentamiento adecuado, cepillar las presas (las de pie también), limpiar los gatos escrupulosamente, regalar un jamón al juez y otros trucos sacados de su dilatada experiencia en competiciones internacionales. Detalles que me gustaría recordar para próximas ocasiones aunque, tal y como estoy últimamente, es posible que lo olvide todo rápidamente. 

Momentos de la competición en la Sala Ingravita de Igualada.
Hemos aprovechado los intervalos entre cada competición para inaugurar la temporada en Sant Llorenç del Munt. Cada año me reafirmo: es un escuelón! Pues bien, estábamos un domingo en la Font Soleia y elegí La Panxa del Bou (7b+) para empezar. Sabía que la había probado pero no estaba segura de haberla encadenado. Consulté el 8a.nu desde el móvil y aparentemente no la había hecho durante el último año. Fue una buena jornada pues encadené bastantes vías así que por la noche estaba ilusionada de poder apuntármelas y, cuál fue mi sorpresa, cuando vi que La Panxa del Bou la tenía encadenada desde el 2009. Nunca imaginé que podría olvidar una vía, me quedé amnésicamente perpleja. 

También hemos estado algunos días por Margalef degustando los viotes de Vicent. Fue con él mismo y en la Catedral donde sacamos el tema: cómo puede ser que de algunas vías recordemos perfectamente los movimientos y que de otras no sepamos ni siquiera si las hemos probado. La hipótesis del clarividente equipador es que, en ocasiones, al cerebro le falta algo más que un tornillo; es decir, que nuestro organismo está ligeramente carente de algún elemento importante para la memoria (que debe ser lo que le sucedió a la Infanta, claro). En esos momentos sería más difícil retener la información de una vía. Aunque mí se me ocurren otras cosas relacionadas con el aprendizaje. Como sabéis, es más fácil recordar cuando se dan estas dos premisas: primera, que lo que estemos aprendiendo sea significativo para nosotros; y segunda, que lo que estemos aprendiendo esté ligado con nuestras emociones. O sea, que si probando una vía desciframos la secuencia lógica de movimientos y, además, su escalada nos produce algún tipo de emoción (felicidad porque es un nuevo proyecto, rabia porque no somos capaces de hacer un movimiento, etc.) será mucho más fácil recordarla en un futuro. Otra teoría sería la de “un clavo quita otro clavo”, es decir, llegado cierto número de rutas probadas, por cada vía que pruebas, otra que olvidas (una putada, pues no podemos ampliarnos la memoria).

Por este motivo se me hace necesario apuntarlo todo en libretas, en agendas, en papeles sueltos, en la mano... Y algunas insustancialidades –decidlo rápido- pero que no dejan de ser recuerdos, aquí, en el blog. Supongo que por eso mismo hoy llegamos a la entrada número 300


jueves, 6 de septiembre de 2012

El fin de algo gordo


Pues bien, los últimos días han sido muy agradables, térmicamente hablando y en comparación con el último mes. En Sant Llorenç del Munt compartimos toda la ropa de abrigo que llevábamos (en realidad toda la traía yo, previsora que es una) con Ignasi y Esteve. Caso de dejarse, hubiésemos abrazado también a alguna cabra del frío que pasamos. Hace una semana de esto y parecía que el calor insinuaba ya con pirarse, señal inequívoca de que hasta lo malo se acaba. ¿Se acabará entonces el mundo? Me pregunté perspicazmente. 
 
Las cabras invaden la Paret Gran; dato: una de ellas lleva collar. Fotos inferiores, yo en 1714 (7c) -con la camiseta de Can Romu- y Esteve en la poco hecha Xorrer (8a).
Fui a buscar la respuesta allí donde todo lo saben: Manresa. Para empezar, pude ponerme pantalón largo (qué gran prenda el pantalón largo cuando no te has depilado) después de la Sisena Dosi de Can Romu. Se trata de un divertido evento plafonero con camiseta apocalíptica de regalo. ¡Aja! me hallaba cerca de la solución… En 2012 se acaba el mundo, me comentaron al llegar, por eso la camiseta reza que esta es “la última dosi”. Ahora entiendo, además, porque los de Manresa encadenan tanto: se dan prisa porque ven cercana la hora final. Y si lo dicen ellos, mentes preclaras de la Catalunya central, es que la cosa va en serio.

Hace un par de días, aprovechando que el fin del mundo está dando una tregua, fuimos con Jon y Gerard de Namuss films a grabar en la Colònia Puig de Montserrat. La vía elegida fue “La joia de l’Alamut” (8b). Es la primera vez que participo en una grabación de este tipo y, sinceramente, me parece de lo más laborioso de este fin del mundo.
 
Lástima que no se vean las uñas, conjuntadas de verde también. Y es que una debe estar estupenda hasta en el albor de la catástrofe total.

¡Ah! y antes de que termine todo os recuerdo que este sábado se celebra el Desplomat en Santa Linya y les Avellanes. ¡La perfecta traca final! (de verano o del mundo, vete tú a saber, yo por si acaso iré).

Recapitulando, que llegue ya la hecatombe o en su defecto el otoño que aun nos quedan muchas vías por encadenar.
Preciosa estampa que te regala la vuelta de Sant Llorenç. Después de ver esto puedo morir tranquila, que se acabe el mundo, pues.

jueves, 16 de agosto de 2012

Sueños de piedra

¿Solo por qué es 8a no me motiva o qué sucede?

Esta es la pregunta que me hacía hace un par de semanas, después de caer inusitadamente en distintos sitios de la vía Sueños de piedra, en la Paret Gran de Sant Llorenç del Munt. Es una vía bastante exigente, y, a mi parecer, mucho más difícil que cualquier 8a de ahí (o de allí). La roca, con algunos picados, unos tapados y otros destapados, ofrece pocas alternativas en las secciones difíciles que son de pasos largos. Me caí en sitios raros, por coger mal las presas y por fallar en la colocación, algo poco habitual en mí. No sabía porque estaba haciéndolo mal, intuía que era por falta de motivación, no de escalar en general sino sobre esa vía en concreto, algo raro también en mí. La tenía atragantada pero yo quería encadenarla rápido y con la misma facilidad con que encadenaba últimamente. Ah, amigos, que bien sientan las collejas de vez en cuando.

Entonces me fui; primero a Alemania y luego a Austria. Nada, solo cinco días, de los cuales uno lo dediqué a la escalada en bloque en Silvretta (Galtür) junto con Bi y sus amigos. El resto de días fueron inesperados, así que simplemente me dediqué a adaptarme y a aprender. Pero cuando tenía un momento de sosiego, Sueños de piedra volvía a mí y veía, con la claridad de la distancia, que me caía por no intentarlo con todas las ganas. Pensé que era bastante petarda (bueno, eso quizás sea cierto aun) por escalar sin implicarme y sin luchar.
Silvretta o Galtür, nada mejor que un cambio de aires para desatascarse.
Ayer volví a Sant Llorenç, la hice y pensé que eso me podría haber pasado con cualquier otra vía y que es positivo experimentar el chasco y la decepción (de vez en cuando, ¿eh?). He tenido que olvidar el grado, olvidar las caídas frustrantes y desear en cada paso duro que quería hacerla. Mientras cogía una presa y me dirigía a la siguiente, me preguntaba “¿Quieres escalarla?” e inmediatamente respondía que sí e iba a por la siguiente. Supongo que así es como lo hacemos de manera natural cuando estamos motivados, pero hacerlo de manera consciente ha sido revelador.

Ahora estoy contenta de haber fallado e intentado de nuevo y, por fin, resolver el problema y encadenar gracias a la mente y no al cuerpo.

sábado, 4 de agosto de 2012

Recuerdo poco, escribo mucho

Estar sentada en el sofá con el ordenador (aparato desgraciadamente más eficiente que una manta eléctrica) en la falda, intentando que ninguna de mis extremidades se toquen entre si mientras me esfuerzo por ordenar mis simples y pocas ideas y escribir algo con sentido se convierte en la tarea más ardua del día. Pobreta. Es probable que el calor me haya licuado órganos cruciales para la creatividad tales como el apéndice, el meñique del pie o las muelas del juicio. Es más, con estas temperaturas intuyo que mi cerebro, al que tampoco daba demasiado uso, ha palmado definitivamente.

Quería hablaros de la memoria con un magnífico discurso que tenía preparado, creo que lo guardé detrás de una de mis muelas, fundidas, como ya sabéis. Además, como dijo uno, “Mi memoria es magnífica para olvidar”. Lo único que recuerdo es que lo tenía todo requetepensado (osea), lo ideé un día mientras triscaba por el monte, igual que los grandes filósofos andarines: los peripatéticos (precioso nombre para una agrupación friki), Rousseau, Bacon -con queso- o Labordeta. Un post que me lanzaría, por fin, al estrellato de los bloggers y Google me dedicaría un Doodle y de ahí a la eternidad, o como mínimo, a Wikipedia. Aaah, sin muelas, ni dedo meñique, ni apéndice jamás lo conseguiré, ¡maldita sea! (vaaaale, lo confieso, siempre he querido ser una peripatética y andar descalza diciendo chorradas – y ahora mismo, para eso, solo hace falta que me quite las sandalias-). Ya paro, ya paro. 
  
Toda la moda en la boda (bien! mi apendice ataca de nuevo)
Pues bien, este verano 2012 será recordado por nuestra alocada prima de riesgo que se autoinmolaba constantemente y por el futuro del euro que pendía de un faden (hilo en alemán, creo que ya me está saliendo una muela); también será recordado por ser el verano de las olimpiadas londinenses, del jaleo en Siria y del incendio en la Jonquera, entre otros. Luego, cada uno lo recordará, además (o únicamente), por sus experiencias personales. Las mías, al menos para el mes de julio, ya las tengo disponibles. Una es la boda de una de mis mejores amigas, para la intimidad queda esa emotiva ceremonia entre vacas y mosquitos. La otra es la consumación de dos asuntos pendientes, la visita prometida a unas paredes a las que, año tras año, hemos evitado perezosamente. Ya puedo decir “Yo estuve allí”:

La Siberia: queda claro que el nombre no es por frío sino por lejano, yo le hubiese llamado Cuenca, pero ya estaba cogido (risas). Sector de Sant Llorenç del Munt que de buenas a primeras nos gustó mucho por sus vías físicas y duras pero que su largo pateo, alta humedad y horario matinal hacen que la segunda visita quede pospuesta para dentro de unos meses.
  
 Sant Benet: subí temblando a cada escalón (y hay muchos) que lleva al refugio, porque, ya sabéis, soy una tía muy impresionable y este sitio es de los más míticos que existen. La primera toma de contacto fue en l’Elefant donde constatamos el patagónico viento que sopla, la soledad reinante y la dificultad en la lectura de las vías. Volveremos cuando retome fuerzas para ello. Oye.   
Imagen de la zona de Sant Benet, Montserrat, hurtada vergonzosamente de www.summitpost.org

jueves, 19 de julio de 2012

Escalada de calor

Ni con los más refinados métodos refrigerantes puede una escalar a gusto los días de ola de calor. Por mucho que me vaporice con mi inseparable fru-fru a pie de vía, es imposible no asarme mientras trepo, dudando de si poner más magnesio en mis manos o echarlo directamente en el sobaquillo.

Escalar con calor es un asco pero con más motivo aun si, encima, nos da por ir a sitios prohibidos durante la canícula. Es el caso de Tres Ponts, donde, cuando el calor aprieta, aparece una eficaz peluquera que te apunta insidiosamente con su secador más potente. Eso hasta las siete de la tarde, momento en que la peluquera se pira y entra una humedad aplastante que te hace boquear a partir de la primera chapa. Acabas la jornada hecha un pingo, sin yemas y deshidratada, pero con un gran peinado.

La intención era pasar tres días ahí, pero después de la primera sesión de estilismo en el averno, decidimos volver a casa. Ahí empezamos a enmendar nuestro error porque, y si miento que me corte el pelo la susodicha peluquera, Sant Llorenç del Munt es, de largo, el sitio más fresco de aquí a la China (entendiendo la China como Pirineos). Ayer mismo me ponía, emocionada, una manga larga mientras aseguraba.
Foto de un incendio cercano a Sabadell tomada desde el aireado sector de el Mur Blau. El fuego ha sido rápidamente extingido y hemos observado con todo detalle el cambio de corrientes de aire que, supongo, habrán ayudado a apagarlo.

La actualidad también está que arde: celebremos que, por fin, un medio escrito de gran difusión, y no estoy hablando del Qué me dices -aun no hemos llegado a tan alto nivel- sino de La Vanguardia, incluye noticias de escalada entre sus páginas.
Gran noticia de este, nuestro deporte, en La Vanguardia, 19-07-2012

El hecho de que el protagonista, con una gran soltura apreciable en la foto, ni se desabrochase la chaqueta, ni se quitase los zapatos para emular a spider-man en ese “gimnasio” escolar, da que pensar que no sea el real héroe en vez de un príncipe viejuno. A parte de preguntarnos por qué una noticia de tal calado no aparece en portada, poca cosa más se extrae de ella. Se puede apreciar que el verano no sólo ha llegado a las redacciones de los diarios, que desbordan de información apasionante, sino también a este blog, que se nutre de sus mejores reportajes. 

miércoles, 31 de agosto de 2011

Francia no es rancia

Y con este título tan propio retomo el blog.

Ahí estamos, de vuelta al país galo, pure beurre, como dice en la caja de mis galletas favoritas. Sí, mantequilla, rica y sabrosa a la par que calórica, aunque en Francia eso no importa, es algo que se sobreentiende. Si vas a escalar seguramente te vas a hartar de andar, así que unas calorías de más siempre vienen bien. Hoy quiero hace una pequeña introducción, rollo charla (llámale charla, llámale balbuceo) socio-económica del país, a raíz de lo que hemos descubierto haciendo cosas tan mundanas como ir al super y hablar con otros escaladores, os prometo que haré un resumen de las zonas por donde hemos dejado nuestro ADN en forma de pellejos en la roca. No hay secretos para vosotros en materia de escalada, queridos lectores, quiero compartir lo bueno y lo malo de cada sitio, por si sirve de algo.

Francia, ese país tachado de ombligista aunque quizás no lo sea tanto y, Whymper, ese gran explorador inglés que realizó importantes primeras ascensiones alpinas nos dieron la clave. Yo pensaba que, como en el Tour, a los franceses les escocía que un foráneo obtuviera éxitos en tierra gala. Pues resulta que también tienen su corazoncito: yendo hacia Briançon, en los Alpes del sur, hay una gran estatua realizada con hierro, ¡es Whymper! Loable bajada de pantalones por parte de los amigos franceses. Este es uno de los descubrimientos, os habéis quedado pasmaos, ¿eh?

Whymper, un hombre de hierro.

El otro es el que sigue: Vas al super y te preguntas ¿Qué coño está pasando en nuestro país para que la mayoría de productos sean más caros aquí que en Francia? De verdad, nos hemos quedado acojonados…Aquí cobramos menos y pagamos más, así de estupendos somos.
Y cómo colofón: Hablamos también con un escalador inglés que nos comentó que ya no vienen tanto a escalar por nuestras tierras. Antes, dice, les salía muy barato ir en avión a Barcelona y alquilar un coche. Ahora no. Conclusión: Aquí semos mu tontos. Ya, que me vaya a Francia, me diréis algunos. Pues bueno, no estaría mal…

Col de la Pousterle, Ailefroide al fondo con el Glacier Blanc.

A parte de esto, lo importante, o sea, la escalada vacacional en sí, ha transcurrido básicamente entre Francia y Sant Llorenç del Munt.
  • Empezamos yendo a Saint Léger du Ventoux, como hace un par de años. La intención era escalar en un sector medio secretivo del que hablan maravillas: La Baleine. Es una bóveda donde abundan vías de octavo grado. No hemos encontrado reseñas por ningún lado, fotos sí (por ejemplo aquí ) y recomendaciones de amigos que han estado, también. Por desgracia la lluvia en Saint Léger es pura mierdecilla y nos las piramos habiendo escalado solo en la North Face donde pudimos rememorar esos alejes tan propios de la zona.
  • De ahí saltamos directamente a Céüse, no diré demasiado pues el sitio es archiconocido. Escalamos básicamente en el sector Berlin y, aunque apretamos mucho, el ratio de encadene quedó en 1/10. Pim pam, ostias vienen ostias van. Con la cola entre las piernas nos dimos al queso, al vino y al consumismo en general tras la ingestión masiva de lo segundo. Como resultado, acabamos gastando el salario en tres guías de escalada de zonas cercanas a Gap y Grenoble. La de Briançon fue la que nos llamó más la atención y hacia allí fuimos con renovadas esperanzas.
  • Briançonnais, preciosa zona Alpina. Ya habíamos estado hace unos años, para subir los Ecrins y ya nos habíamos fijado entonces en la cantidad de roca que tienen ahí. Aunque hay que saber escoger… Los primeros días “escalamos” en la Val du Fournel. Famosa también por las minas d’Argentiere (de plata), barrancos y cascadas de hielo en invierno. Para nosotros ahora también es famosa por la cantidad de setas, fresas y frambuesas que crecen con exhuberancia y que dicen cómeme (y cualquiera se niega). Este sector, Rocher des brumes, es realmente duro, nos caímos en todas partes. Yo me las vi y me las desee para encadenar alguna vía tipo 7a, porque de los octavos ni hablamos. Probamos unos cuantos, todos ellos dificilísimos. Eso sí, los octavos sin alejes y en los séptimos te cagas.
  • Cambio de sector para dar moral: subimos al cuello de la Pousterle y escalamos en el Tournoux. Agradable sorpresa pues las vías están aseguradas a la no-francesa. No hay alejes y los grados están bien pero lo mejor de allí es el entorno: vista espectacular sobre la cara sur de Ecrins, Pelvoux, Olan y compañía. Allí pudimos realizar alguna ascensión fácil a un tres mil y dedicarnos a escalar un par de días más hasta que a Neula le dio un pinzamiento por perseguir marmotas como una loca. Literalmente así y vuelta a casa.

Oxigenación con vistas al Mont Pelvoux.

  • Finalmente, en Sant Llorenç del Munt la humedad nos ha acompañado todos los días de escalada sin excepción. Un asco. Un asco pero no por ello dejamos de ir, porque la temperatura (como ya comenté) es increíblemente fresca y las vías, oh la la, las vías, c’est magnifique. Sí, sí, aquí mucho mejor que en Francia.
Y por eso, me quedo.

lunes, 11 de julio de 2011

Aportación capital

Ha llegado el momento de aportar algo provechoso a la humanidad, y no, no estoy hablando ni de tener descendencia (he dicho provechoso), ni de erigir un nuevo orden mundial donde los bancos den un interés mayor al 5% TAE (mi imaginación no tiene límites), ni de descubrir que la trola cambio-climática es el pozo sin fondo de la ineptitud humana donde los estadistas “invierten” parte de nuestro dinero (es mi pequeña obsesión, dejadme que yo no me meto con las vuestras).

Todas esas cosas pasan a un segundo plano ante lo que tengo que deciros. Redoble de tambor y luces, que cojo aire y lo digo de carrerilla: La importancia de llevar siempre una camiseta de manga larga en la mochila cuando vas a Sant Llorenç del Munt.
Sí, ese es mi generoso obsequio para las generaciones venideras.

Hace ya unos años, un caluroso día de verano, de esos en que las cigarras parecen haber enloquecido y el agua embotellada se calienta aunque esté a la sombra, fuimos a escalar a Sant Llorenç. Hasta ahí todo normal. Creo que llegamos al sector de el Mur Blau hacia las cuatro de la tarde y fue a eso de las seis que la niebla empezó a subir (y digo subir por decir algo ya que la muy cerda apareció espontáneamente), el viento a soplar y la temperatura a bajar. Y bajar. Y bajar. Lo pasé mal, como supongo que deducís de lo que he proclamado tras el redoble, avispados amigos. A partir de entonces me prometí llevar siempre ropa de abrigo en el zurrón, aunque en casa marque 33º C, aunque de subida al sector sude las tres cervezas de anoche, aunque el oráculo del tiempo anuncie anticiclón.

Foto del otro día, ¿el Mur Blau o la Tierra Media? No bastó la chaquetilla y me tuve que tapar con la funda de la cuerda.

Santllors es el paradigma de microclima, y además, de microclima impredecible -y cabrón-. Pues tan buen punto pasas de la humedad más pegajosa a andar perdido por Tierra de Mordor.

Este post va dedicado a Esteve, que, primario como buen tío duro (¿de mollera?) que es, si tiene calor antes de ir a escalar quitará cualquier prenda de abrigo de la mochila. Luego, si el dichoso microclima se torna maligno, intentará ponerse mi ropa… ¿Os suena aquello de “rasgarse las vestiduras”? Aplicadlo en sentido literal a él, y en el metafórico a mí, que no gano para chaquetas.

lunes, 4 de agosto de 2008

La nevera del Vallès

Este fin de semana y el pasado hemos escalado en Sant Llorenç del Munt... Hace un par o tres de años cada fin de semana estábamos siempre metidos ahí, como si fuésemos de Terrassa (jejeje). Luego, no sé exactamente por qué, dejamos de ir. Y el reencuentro ha sido muy motivante. El primer finde encadené tres 7b+ que tenía bastante mitificados ya que a alguno de ellos le había dado bastantes pegues y lo había dejado por imposible. Volver y encadenar –por fin- “Rescat emocional” ha sido de lo que más me ha ilusionado de mis experiencias trepadoras hasta la fecha. Y la guinda la puse ayer encadenando La calladeta (Calladeta estás més maca o Calladeta fas mes goig, nunca sé, 8a para unos, 7c+ para otros, tampoco sé) al cuarto pegue. No me lo creía ni yo. Muchas gracias a los que me estabais animando, pues al bajar os vi pero mientras escalaba no me enteraba de nada; solo pensaba en dos cosas: primero, en el siguiente paso y, segundo, en que si me caía no volvería a intentarlo luego, pues me estaba esforzando tanto que me sería imposible mental y físicamente. Antes de subir le decía a McKey "gracias por cepillarla...pero dudo mucho que suene la flauta" -sus hijas estaban tocando la flauta- y él contestó "tú las matas Callando" y mira, fue providencial. Esteve, por su parte, también ha encadenado un par de vías –de las pocas que le quedan en la Paret Gran- que son la Desperta ferro y la Ja n’hi ha prou. Qué viotes!


"Emotional rescue", de este disco de los Rollings toma el nombre la vía Rescat emocional...se ve que hay toda una historia detrás...


Y es que Sant Llorenç es lo mejor para el verano, con ese microclima que te permite asegurar en manga larga (!) y esa entrañable fauna terrassenca, endémica casi al 100%. Por cierto, tengo que decirlo, Mar y Andreu nos aconsejaron una heladería (Rivera) donde hacen unos helados deliciosos; solo recordarlo ya babeo. Está bajando a la derecha en la calle Galileu. Si no conocéis Terrassa os perderéis (aunque espero que no tanto como nosotros) pero, os lo aseguro, vale la pena.


Ah! Si os queréis reír un rato, este miércoles, hacia las 16 – 16:15 de la tarde, hablaré por Catalunya Radio. Os cuento: el novio de la hermana del novio de la hermana (parece de coña pero no) de Esteve trabaja en un programa (On vols anar a parar?) que emiten durante las tardes de verano. Resulta que cada día charlan telefónicamente con alguien que está haciendo algo con un mínimo de interés. El chico me propuso colaborar y, naturalmente, acepté (sigo pensando que no tenían a nadie más para ese día, pero bueno). Así que este miércoles, cuando esté con unas amigas escalando en Montserrat, me llamarán y diré cuatro paridas.