Llegan los días de poca luz y de frío. Días en que la mayoría de los mortales pasan las horas de luz trabajando o estudiando. Cuando la jornada acaba y ya anochece, uno puede escoger entre irse a casa a descansar (donde seguramente no descansarás porque hay que hacer la compra, limpiar, planchar y otros menesteres) o ir al plafón (donde seguramente te escaquearas momentáneamente de hacer la compra, limpiar, planchar y otros menesteres).
Este fin de semana, en Rodellar (¿dónde sino?), he estado charlando con Javi y Andrés, dos chicos que, como yo, dedican algunas tardes a entrenar planificado. Hablábamos de nuestros entrenos y de la motivación de cada uno para emprenderlos. Ellos, a diferencia de mi, tienen entrenos de unas 4 o 5 horas mientras que los míos son como máximo de 3 horas, siendo habitual acabarlos en 2 horas. Aun así, veo que a mi se me hace más difícil ir a entrenar cuando, a veces, lo que desearía es ir de paseo con Neula o quedarme leyendo en el sofá. Ellos tienen motivación por el entreno en si y yo me motivo pensando en lo bueno que será cuando vaya a la roca. Aunque hay días que me lo paso realmente bien entrenando. Sea como fuere, entrenar planificado es una manera de ir al plafon y saber qué hacer.
También está la gente que va al plafón sin entreno planificado alguno. De estos hay los que se aburren rápidamente y se largan (lo que me pasaba a mi) y luego están los que se pasan la tarde entera probando bloques como posesos y acaban reventadísimos. De hecho, una escaladora que había dejado el entreno planificado para ir a su bola, me dijo un día “lo importante es ir al plafón y apretar fuerte, planificado o no planificado”.
Y finalmente están los que pasan de ir al plafón como nuestro estimado Esteve.
Cuando se sale a la roca se deberían notar las horas pasadas en el plafón. Personalmente, yo sí he notado mejoría desde que entreno planificado (hace 7 meses). Ahora bien, Esteve, que parece alérgico a la resina, aprieta igual que siempre (y si no es así, manifiéstate maldito que pareces mudo/manco). Se, además, de bastantes personas que empezaron a entrenar y subieron de grado como la espuma.
Y vosotros ¿Os gusta ir al plafón?, ¿Cuantas horas entrenáis? -si es que entrenáis-. Vamos, ¡hablad!
Este fin de semana, en Rodellar (¿dónde sino?), he estado charlando con Javi y Andrés, dos chicos que, como yo, dedican algunas tardes a entrenar planificado. Hablábamos de nuestros entrenos y de la motivación de cada uno para emprenderlos. Ellos, a diferencia de mi, tienen entrenos de unas 4 o 5 horas mientras que los míos son como máximo de 3 horas, siendo habitual acabarlos en 2 horas. Aun así, veo que a mi se me hace más difícil ir a entrenar cuando, a veces, lo que desearía es ir de paseo con Neula o quedarme leyendo en el sofá. Ellos tienen motivación por el entreno en si y yo me motivo pensando en lo bueno que será cuando vaya a la roca. Aunque hay días que me lo paso realmente bien entrenando. Sea como fuere, entrenar planificado es una manera de ir al plafon y saber qué hacer.
También está la gente que va al plafón sin entreno planificado alguno. De estos hay los que se aburren rápidamente y se largan (lo que me pasaba a mi) y luego están los que se pasan la tarde entera probando bloques como posesos y acaban reventadísimos. De hecho, una escaladora que había dejado el entreno planificado para ir a su bola, me dijo un día “lo importante es ir al plafón y apretar fuerte, planificado o no planificado”.
Y finalmente están los que pasan de ir al plafón como nuestro estimado Esteve.
Cuando se sale a la roca se deberían notar las horas pasadas en el plafón. Personalmente, yo sí he notado mejoría desde que entreno planificado (hace 7 meses). Ahora bien, Esteve, que parece alérgico a la resina, aprieta igual que siempre (y si no es así, manifiéstate maldito que pareces mudo/manco). Se, además, de bastantes personas que empezaron a entrenar y subieron de grado como la espuma.
Y vosotros ¿Os gusta ir al plafón?, ¿Cuantas horas entrenáis? -si es que entrenáis-. Vamos, ¡hablad!