lunes, 10 de septiembre de 2012

Caracoles en les Avellanes


Se faran caragols dijo alguien con un optimista acento de Lleida mientras la lluvia hacía parar la competición la noche del sábado. La tormenta fue corta pero lo suficientemente intensa como para posponer las finales del Desplomat 2012 a la mañana siguiente.

Finales en un domingo soleado y Andrea perseguida por un apuesto aunque desconocido paparazzi.
Entre las chicas la más fuerte fue Berta encadenando sin perdón todos los bloques, seguida de Eileen y Andrea. De tíos ganó Carlitos, que iba flotando y celebrando los encadenes haciendo el ganso -qué raro en él, tan serio-, segundo Marco y tercero el local Christian, que arrancó numerosas ovaciones del público. Yo no sé si quedé cuarta o quinta, lo que sí quedé es hecha polvo.
Ahí estoy, agarrándome a un ojo en un volúmen con forma de cara de Bélmez, qué miedito.
Forcejeando con Leo -que me tira del pelo porque echa en falta a alguien y se enfada-, Andrea, Berta y Neula.
En cualquier caso, la competición fue un éxito: más de 200 inscritos, bloques espectaculares, finales emocionantes, amigos por doquier y una comida popular hecha con mucho cariño además de una constante atención en materia alimenticia a los competidores (nos dejaron una pata de jamón en custodia compartida, no digo más). Tengo la sensación de que el pueblo se volcó en la competición, había muchos voluntarios y todos de buen humor y, eso, es muy difícil de conseguir. Así que no me enrollo más (efectivamente, agujetas de por medio), simplemente agradecer el esfuerzo y dedicación a los que organizan este macro-evento.  
 
No hay nada mejor para celebrar los encadenes que hacer la Gárgola.

jueves, 6 de septiembre de 2012

El fin de algo gordo


Pues bien, los últimos días han sido muy agradables, térmicamente hablando y en comparación con el último mes. En Sant Llorenç del Munt compartimos toda la ropa de abrigo que llevábamos (en realidad toda la traía yo, previsora que es una) con Ignasi y Esteve. Caso de dejarse, hubiésemos abrazado también a alguna cabra del frío que pasamos. Hace una semana de esto y parecía que el calor insinuaba ya con pirarse, señal inequívoca de que hasta lo malo se acaba. ¿Se acabará entonces el mundo? Me pregunté perspicazmente. 
 
Las cabras invaden la Paret Gran; dato: una de ellas lleva collar. Fotos inferiores, yo en 1714 (7c) -con la camiseta de Can Romu- y Esteve en la poco hecha Xorrer (8a).
Fui a buscar la respuesta allí donde todo lo saben: Manresa. Para empezar, pude ponerme pantalón largo (qué gran prenda el pantalón largo cuando no te has depilado) después de la Sisena Dosi de Can Romu. Se trata de un divertido evento plafonero con camiseta apocalíptica de regalo. ¡Aja! me hallaba cerca de la solución… En 2012 se acaba el mundo, me comentaron al llegar, por eso la camiseta reza que esta es “la última dosi”. Ahora entiendo, además, porque los de Manresa encadenan tanto: se dan prisa porque ven cercana la hora final. Y si lo dicen ellos, mentes preclaras de la Catalunya central, es que la cosa va en serio.

Hace un par de días, aprovechando que el fin del mundo está dando una tregua, fuimos con Jon y Gerard de Namuss films a grabar en la Colònia Puig de Montserrat. La vía elegida fue “La joia de l’Alamut” (8b). Es la primera vez que participo en una grabación de este tipo y, sinceramente, me parece de lo más laborioso de este fin del mundo.
 
Lástima que no se vean las uñas, conjuntadas de verde también. Y es que una debe estar estupenda hasta en el albor de la catástrofe total.

¡Ah! y antes de que termine todo os recuerdo que este sábado se celebra el Desplomat en Santa Linya y les Avellanes. ¡La perfecta traca final! (de verano o del mundo, vete tú a saber, yo por si acaso iré).

Recapitulando, que llegue ya la hecatombe o en su defecto el otoño que aun nos quedan muchas vías por encadenar.
Preciosa estampa que te regala la vuelta de Sant Llorenç. Después de ver esto puedo morir tranquila, que se acabe el mundo, pues.

domingo, 26 de agosto de 2012

Poco ingrávida y algo ancestral


De los últimos quince días tan solo he escalado dos, los mismos que aparecen en el anterior post (Silvretta y Sant Llorenç). El calor causa estragos en los más débiles y, en mí caso, me dejo estragar resignadamente. Debería entrenar, pues en septiembre hay unas cuantas competiciones de bloque interesantes, pero el bochorno me vence y acabo tumbada en el sofá, leyendo (o durmiendo), como podréis comprobar en la parte enjundiosa del post.

Cuando no estoy yaciendo culturalmente, me recreo con el agua: friego la casa todo el día para tenerla fresca (Maruja? Oui, c’est moi), riego el patio con la manguera y de paso a mí también, voy a la piscina a continuar con mi aprendizaje entre brazada y brazada, vamos de excursión a lagos pirenaicos donde bañarnos como Dios nos trajo al mundo, bajamos a la playa a jugar a palas y remojarnos en el cálido Mediterráneo y, finalmente, vaporizo mi cama antes de acostarme y luego a mí, una vez acostada. Qué gran invento, oh, hache dos o.
Llac de Gerber, Gran Llac de Colomers y fauna alóctona.

Así no hay manera ni de escalar ni de entrenar, por eso hoy me he obligado a movilizarme de una vez: He ido a Igualada y he participado en el divertido Open de la sala Ingrávita, donde he podido corroborar lo que ya sospechaba… Digamos que no estoy en mi mejor momento (¿Cuándo lo estaré? Es algo que llevo preguntándome desde que el doctor dijo es niña). Y, luego, o sea, hace un par de horas, al llegar a casa estaba muerta de hambre y me he comido una pizza acompañada de cerveza. ¡Qué remordimientos! Sí, sí, remordimientos, de esos que te corroen por dentro y te hacen jurar en arameo. (Y aquí empieza verdaderamente el post)

Volviendo de Austria con Iris y Tere pude disfrutar de un montón de horas de lectura y foro acerca de un libro que tenían en la auto sobre la famosa Paleodieta. Generalizando, la dieta esta indica que la alimentación sana es la que tomaron nuestros antepasados durante miles de años, pues así es como está adaptado nuestro cuerpo. Es decir: ni cereales, ni lácteos, ya que la agricultura y la ganadería no han sucedido hasta las últimas etapas de la especie humana.

A bote pronto, me pareció un tanto razonable lo que proclama la Paleodieta, pero, de todas formas, no acababa de entender el mecanismo de “cuerpo adaptado a comer X”. Y ahí me quedé, pensando en ello y en la alimentación en general durante unos días hasta que, de compras libreras con mi erudita madre, hallé la respuesta. Libro más gordo creo que no tengo, se trata de Alimentación, la tercera medicina, de Jean Seignalet. Lo adquirí porque gran parte del libro trata del funcionamiento humano ante la nutrición, tanto a nivel genético como a nivel digestivo, lo cual necesitaba conocer urgentemente (la curiosidad me posee los días pares). Y cual ha sido mi sorpresa cuando resulta que en el capítulo V, el señor Seignalet, aconseja la dieta que él llama Ancestral, que no es más que la moderna Paleodieta, más o menos. La diferencia es que Seignalet deja comer arroz, pero, por desgracia, la carne y el pescado se deben consumir crudos o semi-crudos.

Diría que el libro me parece muy adecuado para entender como están las cosas en nuestro intestino delgado. A grandes rasgos, el argumento de la dieta ancestral se fundamenta en las enzimas y su capacidad para adquirir el alimento y nutrirnos. Como analogía, las enzimas funcionan como una cerradura y las moléculas (alimento en parte digerido) son la llave. Es decir, solo una llave funciona bien con una cerradura concreta. Por este motivo, las moléculas de alimentos considerados nuevos son distintas a las moléculas de los alimentos originales y eso puede ser chungo o muy chungo ya que provoca la acumulación de muchas de ellas en nuestro cuerpo. Según el autor, muchas de las enfermedades del mundo occidental son causadas por una alimentación poco adecuada. A mí me medio convence. Sé que nunca le clavaré dentellada a un pollo crudo y que tampoco dejaré la cerveza o la pizza, pero quizás reconfiguraré un poco mi dieta para hacerla más retro y facilitar la tarea a mis queridas, aunque anticuadas, enzimas.

Decir, ya de paso –no os viene de otro párrafo-, que el doctor Seignalet, el cual comía ejemplarmente, murió en 2003. He tenido muchas dificultades para descubrir de qué pero finalmente me he enterado: pancreatitis aguda. Esto, según sus detractores, le desautoriza totalmente. Para mí es un dato que no se debería esconder, si su teoría es buena –comprobada, además, en muchos pacientes suyos-, da igual de lo que haya muerto, bueno, a menos que hubiese sido de obesidad mórbida. Muchas enfermedades son congénitas, la dieta no es la panacea aunque pueda ayudar a estar más sano.

Solo por curiosidad, ¿hay alguien ahí que siga o haya seguido este tipo de dieta?
 

jueves, 16 de agosto de 2012

Sueños de piedra

¿Solo por qué es 8a no me motiva o qué sucede?

Esta es la pregunta que me hacía hace un par de semanas, después de caer inusitadamente en distintos sitios de la vía Sueños de piedra, en la Paret Gran de Sant Llorenç del Munt. Es una vía bastante exigente, y, a mi parecer, mucho más difícil que cualquier 8a de ahí (o de allí). La roca, con algunos picados, unos tapados y otros destapados, ofrece pocas alternativas en las secciones difíciles que son de pasos largos. Me caí en sitios raros, por coger mal las presas y por fallar en la colocación, algo poco habitual en mí. No sabía porque estaba haciéndolo mal, intuía que era por falta de motivación, no de escalar en general sino sobre esa vía en concreto, algo raro también en mí. La tenía atragantada pero yo quería encadenarla rápido y con la misma facilidad con que encadenaba últimamente. Ah, amigos, que bien sientan las collejas de vez en cuando.

Entonces me fui; primero a Alemania y luego a Austria. Nada, solo cinco días, de los cuales uno lo dediqué a la escalada en bloque en Silvretta (Galtür) junto con Bi y sus amigos. El resto de días fueron inesperados, así que simplemente me dediqué a adaptarme y a aprender. Pero cuando tenía un momento de sosiego, Sueños de piedra volvía a mí y veía, con la claridad de la distancia, que me caía por no intentarlo con todas las ganas. Pensé que era bastante petarda (bueno, eso quizás sea cierto aun) por escalar sin implicarme y sin luchar.
Silvretta o Galtür, nada mejor que un cambio de aires para desatascarse.
Ayer volví a Sant Llorenç, la hice y pensé que eso me podría haber pasado con cualquier otra vía y que es positivo experimentar el chasco y la decepción (de vez en cuando, ¿eh?). He tenido que olvidar el grado, olvidar las caídas frustrantes y desear en cada paso duro que quería hacerla. Mientras cogía una presa y me dirigía a la siguiente, me preguntaba “¿Quieres escalarla?” e inmediatamente respondía que sí e iba a por la siguiente. Supongo que así es como lo hacemos de manera natural cuando estamos motivados, pero hacerlo de manera consciente ha sido revelador.

Ahora estoy contenta de haber fallado e intentado de nuevo y, por fin, resolver el problema y encadenar gracias a la mente y no al cuerpo.

sábado, 4 de agosto de 2012

Recuerdo poco, escribo mucho

Estar sentada en el sofá con el ordenador (aparato desgraciadamente más eficiente que una manta eléctrica) en la falda, intentando que ninguna de mis extremidades se toquen entre si mientras me esfuerzo por ordenar mis simples y pocas ideas y escribir algo con sentido se convierte en la tarea más ardua del día. Pobreta. Es probable que el calor me haya licuado órganos cruciales para la creatividad tales como el apéndice, el meñique del pie o las muelas del juicio. Es más, con estas temperaturas intuyo que mi cerebro, al que tampoco daba demasiado uso, ha palmado definitivamente.

Quería hablaros de la memoria con un magnífico discurso que tenía preparado, creo que lo guardé detrás de una de mis muelas, fundidas, como ya sabéis. Además, como dijo uno, “Mi memoria es magnífica para olvidar”. Lo único que recuerdo es que lo tenía todo requetepensado (osea), lo ideé un día mientras triscaba por el monte, igual que los grandes filósofos andarines: los peripatéticos (precioso nombre para una agrupación friki), Rousseau, Bacon -con queso- o Labordeta. Un post que me lanzaría, por fin, al estrellato de los bloggers y Google me dedicaría un Doodle y de ahí a la eternidad, o como mínimo, a Wikipedia. Aaah, sin muelas, ni dedo meñique, ni apéndice jamás lo conseguiré, ¡maldita sea! (vaaaale, lo confieso, siempre he querido ser una peripatética y andar descalza diciendo chorradas – y ahora mismo, para eso, solo hace falta que me quite las sandalias-). Ya paro, ya paro. 
  
Toda la moda en la boda (bien! mi apendice ataca de nuevo)
Pues bien, este verano 2012 será recordado por nuestra alocada prima de riesgo que se autoinmolaba constantemente y por el futuro del euro que pendía de un faden (hilo en alemán, creo que ya me está saliendo una muela); también será recordado por ser el verano de las olimpiadas londinenses, del jaleo en Siria y del incendio en la Jonquera, entre otros. Luego, cada uno lo recordará, además (o únicamente), por sus experiencias personales. Las mías, al menos para el mes de julio, ya las tengo disponibles. Una es la boda de una de mis mejores amigas, para la intimidad queda esa emotiva ceremonia entre vacas y mosquitos. La otra es la consumación de dos asuntos pendientes, la visita prometida a unas paredes a las que, año tras año, hemos evitado perezosamente. Ya puedo decir “Yo estuve allí”:

La Siberia: queda claro que el nombre no es por frío sino por lejano, yo le hubiese llamado Cuenca, pero ya estaba cogido (risas). Sector de Sant Llorenç del Munt que de buenas a primeras nos gustó mucho por sus vías físicas y duras pero que su largo pateo, alta humedad y horario matinal hacen que la segunda visita quede pospuesta para dentro de unos meses.
  
 Sant Benet: subí temblando a cada escalón (y hay muchos) que lleva al refugio, porque, ya sabéis, soy una tía muy impresionable y este sitio es de los más míticos que existen. La primera toma de contacto fue en l’Elefant donde constatamos el patagónico viento que sopla, la soledad reinante y la dificultad en la lectura de las vías. Volveremos cuando retome fuerzas para ello. Oye.   
Imagen de la zona de Sant Benet, Montserrat, hurtada vergonzosamente de www.summitpost.org

jueves, 19 de julio de 2012

Escalada de calor

Ni con los más refinados métodos refrigerantes puede una escalar a gusto los días de ola de calor. Por mucho que me vaporice con mi inseparable fru-fru a pie de vía, es imposible no asarme mientras trepo, dudando de si poner más magnesio en mis manos o echarlo directamente en el sobaquillo.

Escalar con calor es un asco pero con más motivo aun si, encima, nos da por ir a sitios prohibidos durante la canícula. Es el caso de Tres Ponts, donde, cuando el calor aprieta, aparece una eficaz peluquera que te apunta insidiosamente con su secador más potente. Eso hasta las siete de la tarde, momento en que la peluquera se pira y entra una humedad aplastante que te hace boquear a partir de la primera chapa. Acabas la jornada hecha un pingo, sin yemas y deshidratada, pero con un gran peinado.

La intención era pasar tres días ahí, pero después de la primera sesión de estilismo en el averno, decidimos volver a casa. Ahí empezamos a enmendar nuestro error porque, y si miento que me corte el pelo la susodicha peluquera, Sant Llorenç del Munt es, de largo, el sitio más fresco de aquí a la China (entendiendo la China como Pirineos). Ayer mismo me ponía, emocionada, una manga larga mientras aseguraba.
Foto de un incendio cercano a Sabadell tomada desde el aireado sector de el Mur Blau. El fuego ha sido rápidamente extingido y hemos observado con todo detalle el cambio de corrientes de aire que, supongo, habrán ayudado a apagarlo.

La actualidad también está que arde: celebremos que, por fin, un medio escrito de gran difusión, y no estoy hablando del Qué me dices -aun no hemos llegado a tan alto nivel- sino de La Vanguardia, incluye noticias de escalada entre sus páginas.
Gran noticia de este, nuestro deporte, en La Vanguardia, 19-07-2012

El hecho de que el protagonista, con una gran soltura apreciable en la foto, ni se desabrochase la chaqueta, ni se quitase los zapatos para emular a spider-man en ese “gimnasio” escolar, da que pensar que no sea el real héroe en vez de un príncipe viejuno. A parte de preguntarnos por qué una noticia de tal calado no aparece en portada, poca cosa más se extrae de ella. Se puede apreciar que el verano no sólo ha llegado a las redacciones de los diarios, que desbordan de información apasionante, sino también a este blog, que se nutre de sus mejores reportajes. 

lunes, 9 de julio de 2012

Margalef Xtrem 2012

Tortazo el que me ha pegado la resina después de un par de meses sin entrenar. Me duele hasta al estornudar y todo gracias a la competición en Margalef sobre la nueva estructura de Gárgola. Es decir, hoy voy a ir al grano que tengo que continuar con lo que me pide el cuerpo: comer y dormir.
El sábado, aparte de la fanática compe, emocionante y espectacular, hubo más distracciones poco habituales para mí: desde observar a verdaderos cracks del slackline haciendo virguerías hasta pasar media tarde haciendo el ganso con el resto de competidores en la piscina municipal (hasta el momento a esos lugares yo solo iba a nadar) y reencontrarme con amigos que hacía eones que no veía. 
Eileen y yo en la final. Ella encadenó tres bloques, yo uno, el mismo sobre el que estoy en la foto.
En Margalef también descubrí un par de cosas interesantes: La primera fue testar los nuevos pies de gato Tatanka de Tenaya en la misma competición, enamorada me tienen por su comodidad y agarre desde el momento cero. La segunda fue aclarar, por fin, el origen de las picadas que me aparecieron hace una semana por brazos, piernas y cuello. Pensando que eran pulgas y que mi perra era “the matrix” pulgosa, al final resultó ser obra de los malditos chinches Gijonenses. Se ve que las picadas de chinche reaccionan una semana más tarde, pero eso no lo descubrí hasta que indagué un rato por San Google y observé las mismas picadas en los cuerpos de mis compañeros de la selección catalana. Cada uno atribuía un origen distinto a sus picadas, pero ahora ya está esclarecido el misterio (y menos mal, porque estaba a punto de ponerme a ladrar pidiendo un collar antipulgas).
Para acabar de rematar(me), el domingo fui con Esteve a escalar a finestres donde probamos el fustigador (8a+), cuyo nombre describe la vía a la perfección. Yo acabé totalmente fustigada pero Esteve, nada más llegar a casa, continuó con sus labores de corte y confección que pronto merecerán un buen post. 
Esto es lo que yo llamo publicidad engañosa: tan trabajadora como me véis solo he ayudado un día. Ahora tengo a ese tropel de 5 tíos (traginers d'Ordal que dice Pau) currando de lo lindo. No sé si Esteve les ha amenazado o qué, pero van a toda leche.

jueves, 5 de julio de 2012

Deportes acuáticos

Hace poco más de un año que descubrí las delicias de la natación, especializándome en tragar agua clorada. El verano pasado, decidí aprender de una vez por todas y me apunté a un cursillo de natación que me fue de perlas para tragar más agua pero también para engancharme a ello (¿será solo cloro lo que le echan a la piscina?).

El caso es que, después de nadar libremente todo el año, me he vuelto a apuntar, para que me corrijan los vicios (je je) e intentar mejorar mi… ¿estilo? Sea como fuere, me he apuntado a unas clases que comienzan a las 8 de la mañana, que, casualmente, es la hora elegida por la sección geriátrica de cursillistas. Ya cuando los ví el primer día mis neuronas se relamieron: me encanta escuchar a la gente mayor cuya experiencia solo es alcanzable a base de echarle horas a la vida. Son dos hombres y dos mujeres que, para fastidio del monitor, las dos se llaman como yo, o mejor dicho, yo me llamo como ellas. Según su bondadosa mirada, nado como un ágil salmonete y no dejan de recordármelo. Yo aprovecho para alabar su energía y voluntad. Y así estamos, idolatrándonos entre largo y largo para llegar a casa con altivez acuática y las yemas blanditas.

Hablando de experiencia, agua y yemas blanditas, se me ocurre que hay otra manera de aunar estos tres factores y, además, escalar: La experiencia, vendrá de la mano de Gárgola con una nueva estructura que es espectacular; el agua, la pondrán los organizadores con aspersores y otros métodos refrescantes; y, las yemas blanditas, serán las vuestras si decidís venir a escalar y a gozarlo, mi amol, a este festival donde la jarana está asegurada. El evento es este sábado en Margalef y ya tengo preparado mi pulverizador (yo siempre le he llamado fru-fru) para disparar a todo lo que se mueva.
Tentadora estructura la de Gargola... sí, es una gran teta.
 

lunes, 2 de julio de 2012

Con nocturnidad y alevosía

A continuación adjunto reportaje gráfico que da fe de lo sucedido este fin de semana en Rodellar, después de la, llámale competición, llámale performance, nocturna en la Gran Bóveda. 
Intrigas en el podio, así es la cruda realidad y yo os la muestro. (click en imagen y luego botón derecho y ver imagen)
El evento consistió en escalar en ausencia del astro rey pero auxiliándose de un frontal en la Gran bóveda. Las chicas ascendíamos elegantemente (es decir, lentamente) por Coliseum (8a) en 10 minutos y los chicos tenían 7 minutos para trepar con brío por Gladiador (8a+ u 8b, dependiendo de la fuente de información).
Cielo nocturno (creo que me avergüenzo de escribir este tipo de obviedades)

Cosas que me quedarán grabadas a fuego en la memoria:
  • El tío que me gritaba “más rápido” mientras yo me cagaba en sus ancestros intentando reposar lo mínimo. También he de decir que nunca me han animado tanto. Fue emocionante y casi lloro de sobredosis de ácido láctico. 
Iris y yo, los infliltrados de Edelrid-Vaude rodeados de N-amigos (número indeterminado de enemigos, ay, amigos).
  • El escalador que mientras subía por la vía se giró hacia el público y gritó “Esa peña” pero que muchos entendimos “Viva España” y nos descojonamos observando la estampa surrealista del momento.
  • Dani Andrada: como dijo Jesulín, en dos palabras, “im-presionante”. Se nos saltaban las lágrimas de la risa y la tensión al ver a Dani subir como una flecha por la vía. Jamás vi algo parecido, una auténtica demostración de escalada de velocidad. 
Servidora escalando en Coliseum, aun me quedaban unos cuantos metros y minutos de goce y sufrimiento. Foto de Israel Macià.


miércoles, 27 de junio de 2012

El extraño suceso del chinche a media noche

Gijón, 1:30 de la madrugada.

No debería haber cenado ese suculento bocadillo acompañado de dos cervezas tan tarde porque voy a estar toda la noche con sed. Si bebo agua, al rato deberé bajar de la litera e ir al baño que está en el piso inferior. Si no bebo agua, estaré sedientamente despierta y no descansaré bien para la compe de mañana. Ah, no debería haber cenado ese suculento bocadillo acompañado de dos cervezas tan tarde porque voy a estar toda la noche con sed.

Así estaba, atrapada en un bucle de difícil solución que intentaba resolver tumbada en la litera de una habitación en la que estábamos todo el equipo de la selección catalana. La noche era tranquila, podía oír respirar profundamente a algunos de mis compañeros -extrañamente nadie roncaba- y observar las estrellas desde una claraboya sobre mi cabeza. Cuando parecía que estaba a punto de dormir y empezar a soñar con fuentes de agua fresca, un movimiento en la litera inferior, provocado por Helena, me sobresaltó. Me quedé a la escucha y oí como se levantaba y salía de la habitación. Otra que tiene sed, pensé. Volví a amodorrarme rápidamente pero otro ruido y una luz de linterna, esta vez en la litera vecina, me apartaron de las garras de Morfeo. Observé con curiosidad al responsable, Ramon, que ágilmente bajaba de su litera, se levantaba el pijama y se miraba la espalda. Este hecho no me extrañó porque si yo tuviese una espalda así también me la miraría incluso en horas intempestivas, pero cuando pasó rápidamente a enfocar a su cama, empecé a sospechar que algo raro pasaba.

Cotilla como soy, bajé de la litera para observar de cerca la cama de Ramon: bajo la blanca luz del frontal, unos bichitos pacían a sus anchas por la sábana. Su chica, Maria Alba, también se levantó inquietamente, igual que Helena, que acababa de aparecer, harta de sufrir unos picores que no la dejaban dormir. Durante los primeros instantes observamos nuestras camas pasando del detenimiento al asco al descubrir varias generaciones de bichos de entre 1 mm y 1 cm conviviendo armoniosamente en nuestros lechos. La noche prometía ser entretenida.


Atravesamos los cuatro la habitación, intentando no despertar a nadie, y bajamos al baño del piso inferior. Allí pudimos expresar nuestra sorpresa mientras nos despelotábamos para descubrir más insectos retozando por nuestros cuerpos. Son pulgas, dijo uno. Garrapatas, dijo otra. No, esto son chinches, sentencié. La verdad es que nunca había visto un chinche, pero por lo que había oído, es típico encontrarlos en las camas y, además, estos tampoco tenían aspecto ni de pulga ni de garrapata.

En pleno éxtasis desparasitador entró el vigilante del albergue para mandarnos callar aunque el que se quedó sin habla fue él al presentarle nosotros los simpáticos animalitos. Reclamamos una habitación nueva y, sobre todo, limpia de chinches. Él juró que era la primera vez que sucedía algo así y que, evidentemente, nos iba a cambiar de cuarto. Entre pitos y flautas pasó una hora hasta que estuvimos de nuevo en la cama, esta vez en una pequeña habitación para los cuatro noctámbulos. Tras tanto jaleo, era imposible conciliar el sueño, en mi nueva cama veía chinches donde solo había manchas y cuando no me picaba la cabeza me picaba la pierna. Helena dormía, qué jodía, pero Ramon y Maria Alba estaban igual que yo así que empezamos a charlar sobre sectores de escalada, tema relajante donde los haya. Creo que conseguí dormir una hora.

Al día siguiente, los chinches habían chinchado a más de uno. Edu, por ejemplo, también tuvo el placer de conocer a los animalitos en plena noche pero, en vez de saltar histérico de la cama, mató a todos los que pilló y continuó durmiendo como si tal cosa. Pol, en cambio, fue el gran damnificado llevándose 30, 40, ponle 50, picadas de chinches pero sin enterarse de nada en toda la noche.

Recuerdo al respetable que, tras esa apasionante noche, los chinchados íbamos a participar en el Campeonato de España de Escalada 2012. Compitiendo, me sentí cansada y poco activada pero, por otro lado, fue la mejor compe estatal del año en cuanto a rendimiento: luché en las dos vías y caí cuando ya no pude dar ni un paso más. Una vez más, he aprendido: la expresión “anda y que te chinchen” no volverá a ser algo malo para mí.
 
Fotos de Paula Alsina y Desnivel.com. El mismo paso de la vía de la final desde distintos lados.

viernes, 22 de junio de 2012

Seres venerables

 [  Cuando una ternerita me mira y dice mu, bellos sentimientos afloran en mí. Y no me refiero a zampármela, sino a apachurrarla cariñosamente. Cuando una vaca me mira y dice mu, la observo con incertidumbre y, si la genética me lo permitiese, arquearía una ceja. Cuando un toro me mira y dice muh (con hache final en este caso, así es el lenguaje bovino) me pregunto adrenalinicamente si este fornido ejemplar, aun sabiendo que estos animales ven en blanco y negro, disfruta observando mi flamante chubasquero rojo. ]
  
Subiendo hace unos días por el sendero que bordea la cascada de la Larri, en el valle de Pineta, gozaba de este precioso entorno pirenaico que en pocas semanas se llenará de gente atraída por los encantos del monte. Al llegar a la parte superior de esta cascada se accede a un valle secundario que llanea suavemente y donde, el otro día, un toro, algunas terneras y cientos de vacas, abarrotaban flemáticamente. Que los pacíficos mugidos y el retumbar del suelo bajo su trote cansino me puedan poner los pelos como escarpias es manía mía, pero no quiero yo pensar (es decir, no puedo dejar de hacerlo) en que a algún bóvido de esos le de por cambiar la dieta de repente, haciéndole ascos al fresco pasto ante caperucitas rojas acoquinadas. Por suerte, no se ha dado el caso aún, y por eso he podido narraros esta increíble experiencia próxima a la muerte.
¿Sería una buena pastora? Añadir, en mi contra, que la foto central, de tan reposado semblante, dista en varios km de la manada vacuna.

Eso ocurrió el tercer día de los cuatro que estuvimos por Bielsa. Los otros, los dedicamos a escalar en la Foz de la Canal junto con Montse, Andoni y Cristian y los magníficos BTR, entre otros. Para quien no los conozca, los BTR son ese grupo de escaladores franceses, a cada cual más fanático, que sobrepasa los 60 años y cuyo apodo viene de sus reiteradas escaladas por Bielsa, Terradets y Rodellar. Se comprende, entonces, que hayamos coincidido bastante con ellos. Son unos tipos fuertes y aguerridos pero a mi me encandila su trato agradable de acento franco y la pasión que muestran por la escalada. Pues Bielsa, es decir, la Foz y las Devotas, es la última aldea gala (o la primera), un sitio fresco para escalar en verano con algún equipamiento “a la francesa”. Si vais allí os los encontraréis seguro y, entonces, fliparéis de la energía y buen rollo que desprenden estos grands hommes
67 y 62 años, respectivamente: ¡Bravo!

lunes, 11 de junio de 2012

Efecto peeling

Las breves vacaciones se han acabado rápido, característica intrínseca y perversa de la brevedad cuando es buena. Aun así, creo que han sido las vacaciones más destructivas después de aquellas del 45 en Hiroshima (ser hija de la reencarnación catalana de von Manstein acarrea momentos bélicos imprevisibles). Yo pensaba que pasado mayo la tranquilidad vendría a mí, pero se me antoja un mes y medio movidito hasta el armisticio.

Mientras remato el trabajo de fin de máster (última semana, ¡BIEN!), enlazo competición tras competición (campeonato de España, Rodellar nocturno y Margalef M Xtrem) y asisto a eventos variados como la boda de una de mis mejores amigas o el crecimiento de mis lechugas, no voy a tener tiempo para depilarme. ¡Aja! Esta no os la esperabais, ¿eh? Pues yo tampoco.

Aprovecho ahora para dar cuatro pinceladas sobre estas vacaciones tan abrasivas antes de retomar mis labores:

Estos días hemos estado perfectamente acompañados en todo momento: primero con Alberto y luego con los “Miquelets” en Culla y, más tarde, tres días fanáticos en Albarracín con els Bous de la Salle. Los locales nos han aconsejado y guiado de mil amores y, eso, se agradece. Os guardo una lechuga por cabeza.

Culla: espectacular paredón a la sombra infestado de chorreras. Vías inhumanas, tanto de calidad como de abrasión. Las pieles de manos y muslos te quedan como si hubieses ido a flagelarte devotamente de procesión. ¿Y lo suave que te queda la piel? Si es que me quejo por vicio.
Escalando en Culla. De izquierda a derecha: Alberto en "El poder de Keler" 7c, yo en "Alegre bandolero" 8a y Esteve en "La increible Jul" 8b.

Albarracín: ¿qué puedo decir yo de este sitio, ignorante absoluta del bloque, que os aporte algo nuevo? ¡Su merecida fama ya lo dice todo! La única aportación positiva que vislumbro aquí es la que el bloque me ha hecho a mí. Aparte de añadir más rasguños a mis extremidades -si algún día aprendo a mantelar elegantemente supongo que dejaré de salir arrastrándome por encima de las piedras cual serpiente en plena muda- o cocer mis yemas a la brasa, el aprendizaje ha sido absoluto.

 En Albarracín con els Bous de la Salle. Sí, estoy hablando con Lola y, Neula, que no pierde detalle. Foto: Jaume Oliveras.

Dicho esto, y mirándome las piernas, no es que no tenga tiempo de depilarme, es que no me atrevo (y no por los pelos, que podría ser -es cuestión de tiempo-, sino por los rasguños). 

domingo, 27 de mayo de 2012

Arder de rabia

Lo hice muy mal. Tanto como para tirarse de los pelos, darse cabezazos, rasgarse las vestiduras, cortarse las venas, saltar de un puente o irse a cenar por ahí. Obviamente escogí la última opción que, aunque más cara que las otras, es mucho más inofensiva.

A punto de cagarla. Fail.
Ahora que he dormido lo veo con otra perspectiva más reposada pero no dejo de preguntarme cómo pude hacerlo tan mal en la final de la última prueba de la Copa de España de ayer. “¿Pero cómo puedo ser tan mala?” Les preguntaba a Tere y Andrea cuando bajé de la vía. “¡Que te olvides ya!” me decían sabiamente. Yo no podía olvidar que me acababa de caer torpemente sin hinchar los brazos. Menudo asco, de hecho, ahora mismo me esta dando tanta rabia escribir todo esto que me tiraré de los pelos un rato e incluso daré algún cabezazo (suave, eso sí) hasta que sea la hora de ir a cenar por ahí. ¿Será un mal de ojo o seré yo que soy una petarda? Tiene que ser lo primero, sin lugar a dudas. Bueno, basta de lamentaciones, que esto parece el funeral de Chanquete. Debo sacar un aprendizaje de la competición y actuar en consecuencia para mejorar como escaladora. Iré a buscar a una gitana para que me quite el mal de ojo. ¿Veis? Hay que esforzarse por ser crítico y analítico, al final vale la pena. Arreglado.
Todas a una, Fuenteovejuna.
Dicho esto, hoy quiero saludar cariñosamente, o como mínimo, todo lo cariñoso que pueda ser un saludo telemático, a los cientos, qué digo cientos, miles de bomberos que entráis por aquí. Resulta que ayer, hablando con unas y con otros, supe que bomberos de aquí y de allí visitáis este sencillo y humilde blog. El motivo -sumamente misterioso- lo desconozco, pero sería un buen tema para indagar en Cuarto Milenio ya que quizás sea el efecto secundario de mi maldición: “la cagarás en las finales de escalada pero te leerán manadas de bomberos”. Será eso. En cualquier caso, me llena de alegría saber que este Hermoso Cuerpo entra aquí y recorre el blog con la mirada,… , y quizás alguno hasta leerá algo, imagino. Pensar esto y la risa floja se apodera de mí. 

viernes, 4 de mayo de 2012

Drama deportivo

Y no me refiero a que Guardiola se pire del Barça, sino a algo mucho más relevante: Ayer fui en bici por la montaña. Traduzco: ayer, empujé la bici cuesta arriba y me tiré por las pendientes cuesta abajo. Me pregunto por qué me resulta tan difícil estar en forma en más de un deporte a la vez, ¡con lo motivada que estoy siempre! Es una injusticia evolutiva que viene de lejos (si fuese una cebra ya estaría muerta).

Recuerdo cuando era niña -música de arpa- que era de las más malillas en clase de educación física; cómo me costaba correr, saltar, lanzar y demás infinitivos deportivos. Los únicos juegos que se me daban bien de manera natural eran los de ordenador, hecho que contribuyó, durante años, a viciarme a cualquier juego de origen binario que se me pusiera por delante (Monkey Island, Tetris, Prince of Persia, Street Fighter…los enumero para que los que hayáis jugado simpaticéis conmigo de manera inevitable: ¡un buen trago de grog por todos nosotros!). Por ejemplo, hoy puedo decir orgullosa que, gracias a incontables horas de lagrimeo y taquicardias ante la pantalla (y también algún suspenso), mi récord en el Buscaminas -experto- baja de los 130 segundos (estáis flipando, lo sé). Aunque estos grandes éxitos, tan escasamente vitoreados, me aproximen velozmente al frikismo ante vuestra crítica mirada, no me importa porque yo no lo veo así: tantas horas delante de la pantalla me volvieron miope.


Por todo ello, proclamarme Campeona de Catalunya d'escalada en Bloc 2012 en La Salle ha sido un gran logro, justo por detrás de pasarme el Monkey Island. Vaya, no eso lo que quería decir y, sin embargo, lo he dicho (misteriosa que es una hasta consigo misma). Resumiendo, que tengo un montón de trabajos que hacer y ya me estoy estresando, voy a soltar la cursilada del día: si le ponéis ganas, horas, ilusión y dedicación, podéis llegar hasta metas insospechadas como, por ejemplo, hacer 127 segundos en el Buscaminas.

Ya para acabar, mención especial al sector de escalada que más ha hecho por llenarnos de polvo en general y fastidiar mi autoestima de escaladora en concreto. Se trata de Calders, que a partir de ahora y hasta que no encadene lo llamaré “el vertedero” (em sap greu Eloi). Cuelgo aquí un par de fotos de Esteve y mías que nos echó Alberto, el bombero más dicharachero de toda la ciudad.

 La vía es Nunca Mais, un 7c+ dramático pero muy bueno.