domingo, 13 de julio de 2014

Primer asalto estival

Que casi termina en KO para mí misma en el último momento. Pero, antes, ahí van algunas consideraciones de trivial importancia:

Häagen Dazs derribado o Black Hawk derribado, como prefiráis, un belicoso peliculón y un helado –el de macadamia- recomendación de nuestro mariscal de campo. Comer lo uno y ver lo otro es mi must para estas frescas noches de verano en las que llegas derribado -jeje- de escalar. 

Ahora sabemos qué hacía Jaime Lannister antes de perder su mano
Anómalas temperaturas veraniegas nos permiten dos cosas: la primera es trepar en julio como si fuese una fresca mañana de abril, la segunda es preguntarnos dónde están esos áridos veranos pronosticados hace no muchos años por los insidiosos climatólogos gubernamentales (para más información sobre el récord actual de hielo en la Antártida consultad aquí). 

Pantalón largo imprescindible en Sant Llorenç del Munt. Chaquetilla para asegurar, también.

Visca l’Alt Urgell! Que no puedo dejar de repetirlo, oye. Tan buenos días hemos pasado descubriendo sectores nuevos que casi se me olvida de lo a gusto que se está también en la tranquila Sant Llorenç del Munt.

Entre los Haagen Dazs y Black Hawks derribados, las temperaturas derribadas, los climatólogos derribados y las vías que hemos derribado -vale, ya paro-, yo creía que este primer asalto estival lo tenía ganado ya de largo. Pero “no diguis blat…” porque justo ayer, volviendo del trabajo, contraje el dengue, la triquinosis o el mal del tordo. Con suerte, la gripe. Y es que los hipocondríacos somos así: lo mejor que podéis hacer con nosotros es alejarnos de Google. Búsquedas como “enfermedades mortales con dolor de huesos y fiebre” o “síntomas que parecen gripe pero son otra cosa” no ayudan a sentirse reconfortado. Del mismo modo, mis gemidos lastimeros tampoco ayudan a sentirse reconfortados a los que me rodean (“joe, qué pesada es la niña”, me pareció oír cuando exponía el autodiagnóstico a mis progenitores –hecho notorio por tratarse de mensajes de texto vía whatsapp-). La cuestión es que aún me estoy recuperando de las horas que pasé con alta fiebre y mal cuerpo –el dengue iba en cabeza, sobre todo porque el día antes me había picado un mosquito y me parecía altamente plausible-.

Después de todo, creo que sobreviviré al virus maligno de turno pero temo no estar al 100% para enfrentarme al segundo round canicular. Ya os cuento.

Y mientras bajo la fiebre, al loro con La Vanguardia: muy aburridos –sin noticias- debían de estar para publicar este reportaje de Siurana en portada y dedicarle varias páginas internas.

sábado, 14 de junio de 2014

Teoría del verano

Definitivamente ha llegado el verano

A nosotros, concretamente, nos ha abordado a traición: hace un par de semanas empezábamos vacaciones por Rodellar donde todo eran humedades y aseguramientos con chaqueta. Las chorreras disparaban gotas a discreción que caían en nuestros despistados cogotes. Dormíamos con edredón. Éramos felices. Entonces, después de la simpática competición de Copa de España en Lleida de cuyo desenlace no quiero acordarme (o sí, lo hice mal y ya que estoy hablando de ello hago un inciso para animar el cotarro con un dato “esgarrifós”: los aseguradores oficiales no habían visto un grigri en su vida, así que lo de dar cuerda/recoger/pillar ya ni os cuento -algunas tuvimos la suerte de pedir un asegurador con experiencia y que se nos fuese concedido-) llegó el bochorno estival y sus daños colaterales. 

Los primeros días todo eran risas en manga larga y Neula no mostraba su lengua. 
Lo único positivo de la subida de las temperaturas fue que se secaron muchas de las vías, algunas de las cuales habían estado casi impracticables. Fastidiosamente, el resto de consecuencias fueron mucho más insidiosas; tanto como para echarnos de Rodellar e ir a buscar refugio en la guarida más fresca de los BTR: Bielsa
Esteve empotrando por las Ventanas.

Yo no sé vosotros pero a mí el calor me baja la tensión –si seguís el blog ya lo sabéis, en verano muero-. No obstante, aparte de este práctico don personal, hay ciertos parámetros que cambian (a peor) para todos y nos indican la llegada de la canícula:
  • Te conviertes en alquimista: el magnesio desaparece de tus dedos en segundos y se transmuta en agua.
  • Arf-arf-arf: los jadeos se oyen hasta en la sombra (y son de tu perro, normalmente).
  • A final del día la poca agua que te quedaba se la acaba de beber tu compañero. No sabes por qué pero lo odias.
  • Entrar en el coche/furgo te prepara para la titulación de segundo grado de faquir (caminar sobre las brasas es ese fresco paseo del curso anterior).
  • La gente va ligera de ropa. De acuerdo, eso no es malo pero pone malo a más de uno (y de una…).
  • Los pelos: miras hacia abajo y ves unas piernas peludas. Y oye, son las tuyas. Señal de que llevas pantalón corto y hace días que no te depilas pues estás de vacaciones, ergo, es verano. Rebuscado pero cierto. 
  • Los mosquitos. Hay personas que están tocadas por la mano de Dios y los mosquitos les ignoran mirándoles por encima del hombro. El motivo por el cual algunos recibimos toda clase de atenciones de tan punzante insecto lo desconozco pero tamaña injusticia debería juzgarse en el tribunal internacional de La Haya. 
  • Por una cerveza ma-tas.
  • Por último y por ello lo peor: escalas sudando hasta por los párpados, boqueando y resbalando como un boquerón recién pescado, agotado tras dos simples movimientos y sorprendido por tus propios olores corporales que te embriagan al levantar el ala. Encadenar así es casi un milagro.
Milagrosamente encadené Sierra de Guarras un 8a o 8a+ rabiosillo de Ventanas.
Y ¡que viva el verano!

domingo, 25 de mayo de 2014

El buen tiempo en Rodellar


Cosas raras de la vida que hacía casi un año que no escalábamos por Rodellar y, ciertamente, lo había echado de menos; me di cuenta de ello nada más llegar. Y me reafirmé en cuanto me calcé los pies de gato, recuperando la placentera sensación del escozor generalizado en las rodillas y en los antebrazos. A todo esto hay que añadirle la tensión e intriga nocturna que me mantenía en un sueño profundo (lo sé, es contradictorio, pero la vida es así), a la espera de un correctivo por parte de la benemérita –que afortunadamente no se materializó-. En relación a esto, nos comentaron que todas las multas que se impusieron la temporada anterior, estaban cursando con agilidad y llegando a sus destinos. Por si las moscas os dejo aquí información al respecto y que, resumiendo, viene a decir que la DGT diferencia el estacionamiento de la acampada en la Instrucción 08/V-74. La otra cara de la moneda viene cuando estando estacionado te multan porque la legislación local contradice la de la DGT. Echad un vistazo a este blog, en los comentarios veréis un montón de ejemplos de esto que os digo. 

Esteve "crushing" Legalización, 8a+ duro de la Gran Bóveda.

Y ya en el terreno deportivo, disfrutamos de 5 días seguidos de escalada; pero no por voluntad propia: simplemente caímos en el engaño de Maldonado. Cada mañana la previsión para el día siguiente era de lluvia así que aprovechábamos para escalar con el lema “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” (o “mañana paella”). Pero al día siguiente amanecía sereno y con una previsión lluviosa para el siguiente día. No podíamos parar. Nosotros, que ya al segundo día de escalada nos caemos hasta de las sillas. El milagro es que sobreviviésemos a tal sobredosis roquera y, chúpate esa, encadenásemos algo.

Para acabar, aquí me veis en una foto tomada hace un par de semanas por Oriol Cañellas quien, próximamente, nos traerá una novedad suculenta: estamos a la espera atentamente. La vía es Winchester, un 8a de Gelida.


miércoles, 30 de abril de 2014

Juego de Romos

Y de regletas, bidedos e invertidos. 

Si algo sé con seguridad es que este año el décimo Open del Bous de la Salle será más emocionante que echar una ojeada al otro lado del muro. Y ¡qué muro! Para esta edición, que cumple una década, os aguardan más de 50 bloques repartidos en tres estructuras distintas. Tres días de resina y diversión os esperan en el Open de bloque más concurrido en este lado del mundo.




Así que, desenvainad vuestros pies de gato y batíos en lucha con todos y cada uno de los problemas que los guardianes del muro tendremos el gusto de idear. Y así, dirigidos por Lord Comandante Jaume, podremos disfrutar otro año más de un Open Bloc que ni es oscuro ni alberga terrores, sino todo lo contrario.



Se acerca el Open…



martes, 15 de abril de 2014

Pascua de resurrección


Mi larga travesía por el desierto terminó: he llegado a la meta con los bolsillos llenos de arena y un cierto escozor de ojos, pero nada que no se cure escalando o con un buen colirio. Sí, esta metáfora es una mierda, hasta yo la leo y no entiendo nada (algunos tontos le llamarían arte; le llamaré arte, pues). 

Veamos, lo que os quería decir es que, por fin, tengo más tiempo para trepar y que, tras tantos meses quemando pestañas ante el puto ordenador –y comiendo muchas galletas, de ahí lo de los bolsillos llenos de arena, 3 kg de arena para ser concretos-, quiero que me regente la inactividad cerebral. Voy a guardar cualquier intento de darle al coco para garabatear el patrón de desbloqueo del móvil o, como mucho y haciendo un esfuerzo, para recordar el pin.

Y así, dirigida por un cómodo aborregamiento, retomo la actividad del no-encadene, más feliz que unas pascuas –tópico acorde con el momento litúrgico y personal-. Dicho esto, pasen y vean las modestas fotos de ayer en Sant Llorenç del Munt que atestiguan el bendito retorno a la roca.

Òscar y un monodedo en Sueños de mierda (8a+, creo, ya que él hacía una variante de la Mierda de sueños).

Interesantes escaladas en Sant Llorenç cuando la lluvia ha borrado el magnesio.

Esteve en la sección clave de Trencaegos. Vía bastante nueva, unos la proponen de 8b+, otros de 8b.

 Fenakistiskopi, un 7c clasiquísimo de la Paret Gran. Juro que no me cogía de la higuera (en el pegue anterior sí). De todas formas, fallé en el paso duro (un monodedo que prefiero no usar) y deberé volver.

  

Nos encanta este sitio. 

domingo, 2 de marzo de 2014

La crème de la crème

Escalar y tener las manos suaves es como comer ajos y que el aliento te huela a fresca magnolia: si haces lo uno no tienes lo otro y viceversa. 

Aunque, bah, a los escaladores nos da bastante igual el tema. Aquí lo único que importa en relación a la piel de nuestras manos es que nos permita seguir escalando. Es decir, que ni duela, ni se desgaste, ni ninguno de los atroces conceptos asociados a ello (heridas, brechas, sangre, llanto, manchas rojas decorativas por toda la vía). Queremos una dermis elástica y resistente. Eso y que nos toque la lotería. 

Total, que no hace falta ser muy hábil para saber de qué va hoy la cosa: cremas de manos. Para empezar, vaya esto por delante, no soy una gran usuaria de cremas de manos, por dos motivos:

  1. Soy fan de las cremas faciales, que unto metódicamente usando mis diez apéndices digitales –por llamarles de algún modo-. Este gesto ya me procura, en general, hidratación suficiente.
  2. Y digo suficiente porque mi piel es grasa, hecho que arruina cualquier intento de mantener una piel mate en las fotos. O sea, el diagnóstico es que me brilla la frente, y no en plan metafórico, de sabiduría, sino en plan campesina laboriosa plantando lechugas bajo el tórrido sol canicular. 

No obstante, estoy rodeada de grandes consumidores de este cosmético: mis amigos, los Piel Seca. Esteve es un gran miembro (he dicho “es” y no “tiene”, que me leéis en diagonal y luego vienen los malentendidos) de esta árida tribu, y se unge día y noche como si no hubiese mañana. Por casa han pasado cremas de toda índole y, por culpa de ello, hoy puedo hablar sobre las cremas de manos como si fuese el propietario de Nivea. Aclarado esto, aquí viene nuestro Top 5:

Mercadona Aceite de Oliva: crema con base aceitosa –de ahí el nombre, mis suspicaces amigos- que hidrata medianamente pero que huele divinamente. Según una dermatóloga amiga de la familia, es una muy buena crema relación calidad-precio. Yo la uso en las piernas.

Neutrogena: un clásico que nos descubrió Oriol en Red River. Con poca cantidad hidrata mucho. Genial para mantener a raya grietas que aparecen en invierno. Eso sí, más barata en los USA que aquí.

Crema de manos concentrada (Mercadona): la copia barata de Neutrogena. Otra crema que va muy bien para hidratar las manos completamente con muy poca cantidad. Viva Delyplus.

Climb-On: es como untar el dedo en una vela con forma de flan, y con razón, pues lleva cera de abejas (y tiene forma de flan). La versión pija de Neusc (que también hemos testado, vaselina pura y no está nada mal por el precio que tiene). El olor, un tanto raro, a mí me pirra: entre armario de abuela y vela del Natura. Solo para tus yemas.

Climbskin: lo que más me gusta es la frescura que aporta, algo que es de agradecer cuando tienes las puntas escocidas (las puntas de los dedos, por favor!). Rápida absorción aunque hay que echarse cantidades generosas para que cunda. Nos parece bastante buena en cuanto a regeneración se refiere así que la usamos para las yemas. 


Resumiendo, las tres primeras cremas opino que son perfectas para uso general y las dos últimas, más apropiadas para las zonas desgastadas (las yemas de los dedos, habitualmente). Añado, para los Piel Seca –y para aquellos que escalen mucho, sean de la tribu que sean-, que una buena técnica con la lima también os ayudará a mantener el callo en su sitio. Eso sí, como he dicho al principio, que NADIE espere tener las manos suaves mientras se dedique a agarrarse a la roca como un poseso, ni aun usando un pulidor eléctrico o la novedosa crema a la manteca de cerdo. Esto y tener los pies feos es nuestro sino. 

Y hasta aquí lo que da de sí tan viscoso material.

miércoles, 19 de febrero de 2014

La Sanción de estar en nómina

Como si fuese una osa no amorosa tirando a irascible, prosigo con mi letargo invernal escondida en la oficina. Mientras tanto, otra gente disfruta de sus escaladas al sol (o a la nube) de febrero. Malditos. Por las noches los observo a la vampiresca luz del portátil: cuelgan sus fotos en Facebook, sus encadenes en 8a.nu o me lo cuentan directamente –a la cara, sinvergüenzas-, consiguiendo que mi percepción de auto-pringadez aumente y piense que el trabajo es el nuevo esclavismo (y el viejo, en fin).  

Y aunque cuento esto, estoy contenta como unas castañuelas. No por nada concreto, soy así, no hay manera de estar triste aunque le atice al rico pacharán de Esteve –y eso que dicen que el alcohol es un depresivo-.

Bien, como no tengo nada rocoso que contar, hagámosle un gracioso rizo al post anterior: gracias a la colaboración ciudadana –cada día más difícil de ver en el mundo del blog- tenemos aquí información recién salida del horno. De 1974, para ser más concretos (¿qué son 40 años ante la vida de una estrella, el loro de Churchill o la mosca común? Pues nada, media vida y mucho, respectivamente). Sí, yo también comienzo a sospechar que no son solo endrinas lo que le echó Esteve a su rosado brebaje…

Recentrándome en el tema de la Sanción del Eiger, observamos esta curiosa foto del amigo Clint con Messner y Habeler después de conseguir la ascensión más rápida a la Eigernorwand. (Gràcies Cristobal i Víctor per compartir vostra sabiesa)

Sr. Estilo junto a un Reinhold peinado a lo Beatle.  Los de atrás y la rubia son también actores. Habeler es el bajito de la derecha.

Y dicho esto, si alguien más quiere contarme lo bien que se lo ha pasado trepando que hable ahora evidenciando su maldad y poco estilo o que calle para siempre, como el buen samaritano o el mudito de los hermanos Marx. 


Para acabar, fijaos en este anuncio de Messner y Hillary, que no tiene nada que ver ni con el post ni conmigo (soy más de Casio) pero sorprende por su ingenioso lema y por su parrafada que lo distingue de los anuncios photoshoperos de hoy en día. 

domingo, 26 de enero de 2014

La sanción de la ascensión

He estado haciendo el “Ciclo Clint Eastwood”, y con ello no me refiero a un ciclo de entreno donde masques tabaco y mandes callar a tu compañero de plafón, “cierra el pico Joe, me quedan veinte malditas series”, sino a lo evidente: estoy mirando todas las pelis del bueno de Clint. Una de ellas, concretamente La Sanción del Eiger, la vi junto a mis padres durante una lluviosa tarde de sábado. La peli es del 75 y, según mi padre, causó furor entre los alpinistas del momento, pues nunca se habían mostrado imágenes así en el cine comercial. 

La sinopsis la encontráis rápidamente en Google, pero para perezosos de la tecla ya os la digo yo: Profesor, coleccionista de arte y antiguo agente secreto se enrola en un equipo internacional para subir por la norte del Eiger y, como quien no quiere la cosa, vengar la muerte (la sanción) de su mejor amigo -además de conseguir pasta gansa-. Más o menos.


Lo que me ha molado especialmente son los diálogos de la versión en DVD que vimos nosotros, donde a ratos subtitulan innecesariamente mientras hablan en inglés o en español (el audio es caprichoso) con poca coincidencia entre lo que se escucha y lo que se lee. No sé dónde coñe adquirieron la peli mis astutos progenitores, pero fue algo desconcertante que nos tenía totalmente pendientes. Por ejemplo, Clint decía a una chati “vamos a la cama a pasarlo bien” mientras en los subtítulos aparecía la intrigante pregunta “¿Es esa mi gratificación?”. 

Resulta que yo esta peli la empecé a ver hace unos años pero a los pocos minutos de film me levanté del sofá gritando “pero qué cosa más machista, me largo, Joe” (o joé, seguramente). Esta vez he resistido porque, como os he dicho, estoy haciendo un ciclo y quiero terminarlo. Certifico que la peli sigue igual de misógina que entonces, y que al rebaño de mujeres que aparecen lo tratan tan delicadamente como al ganado bovino infectado de encefalopatía espongiforme. 

Pero centrémonos en el intríngulis del metraje –empiezo a entender porque los críticos de cine son tan insoportables-, las escenas de montaña y escalada. He estado husmeando por matrix en busca de las curiosidades respecto al rodaje de tales escenas. Y gracias a ello mi admiración por el sr. Eastwood está tocando techo: resulta que decidió aprender a escalar en Yosemite porque no quería que nadie le doblase en ninguna secuencia. 

Otra curiosidad digna de mención sucede en la escena donde Clint se entrena para ir al Eiger en Utah. –Spoiler va-. Le vemos corriendo detrás de Pocahontas y subiendo un búlder cuando ésta le enseña las tetas desde el top (supongamos que es una inteligente metáfora de la motivación). Junto con las domingas de Pocahontas y el festivo entrenamiento, las escenas sobre la roca de Monument Valley son muy llamativas. Destaca la última ascensión, antes de partir a Suiza, al Totem Pole. La nota oficial fue que Clint y sus amigos fueron los últimos en subir ahí, con el compromiso de quitar todos los pitones y hierros de la aguja a cambio del permiso para filmar. La realidad es que otros escaladores han subido furtivamente a este monolito, aunque la prohibición de escalarlo sea muy estricta (es decir, como te pillen practicarán puntería en tu puto trasero, Joe). 

La nota trágica de la peli sucedió el segundo día de filmación, cuando uno de los dobles de riesgo perdió la vida al caerle una roca en la cabeza. Estuvieron a punto de abandonar el proyecto a causa de muchas críticas recibidas por la peligrosidad del rodaje. Si se pudo terminar el film fue gracias a la cabezonería del director (habéis acertado: Clint Eastwood otra vez). 


Si después de (o, gracias a) esto os decidís a verla, no os perdáis las maniobras raras que hacen con las cuerdas, disfrutad de las imágenes de la norte del Eiger y vigilad que vuestra versión no esté amenizada con subtítulos de Monthy Python: “Oh… vas a hacer la sanción en la ascensión? (en el día de la asunción?)”


De acuerdo Joe, voy a cerrar el puto pico.

martes, 24 de diciembre de 2013

Las 10 mejores (y peores) cosas de la escalada deportiva


El porqué los gregorianos (el Papa o sus astronómicos secuaces, lo mismo me da) no hicieron coincidir el fin de año con el solsticio es algo que me preocupa profundamente tras la tercera copa de cava. Me refiero a que la tierra hace ya rato que está de vuelta cuando nosotros insistimos en atragantarnos con uvas cada 31 de diciembre. ¿Qué celebramos?¿que hemos dado la vuelta al sol partiendo de un punto orbital anodino?¿que ya no nos quedan más páginas que pasar en el calendario de bomberos o de la Caixa?¿que “una luz te ilumina” pero a partir del 2014 vas a tener que donar tus riñones a Fecsa-Endesa? Bien, atragantémonos, pues. 

Pero antes de empezar a regurgitar uvas, me gustaría recordar el 2013 como el año en que aprendí –por fin- las diez mejores (y peores) cosas que te puedes encontrar escalando:

1- Gente
Estar en un sector lleno de gente y sentirse en harmonía con la humanidad es una de las mejores cosas que existen después de los kleenex mentolados. Tan singular hecho es como el cometa Halley, pasa cada 76 anos (no me va la eñe, perdón). Pero la ausencia de gente también tiene su aquel: puedes cantar a grito pelado sin que nadie más que el asegurador desee la extirpación urgente de tus cuerdas vocales. Lo que ya  no mola tanto es el caso contrario a todo lo anterior: mucha gente y poca harmonía. Es decir, cuando oyes “pilla” y no sabes si es tu colega el que te implora o es cualquiera de los otros 10 que están colgando. Esto prueba que estás en un sector de moda y que, probablemente, haya mucha gente que quiera probar la misma vía que tú. Será como hacer cola en el Zara: si esperamos un rato conseguiremos esos tejanos –pitillo- que tiene todo el mundo. 

2- Guiris
Esto es la versión internacional –extended versión- de lo anterior. Son gente con la que te comunicas como puedes: o en inglés o achinando los ojos con rabia si es que prueban tu misma vía. Los hay de majos y los hay de capullos, cumpliendo con las estadísticas humanas a rajatabla. Aunque, no sé por qué, la impresión general es que casi siempre se coincide con los del segundo grupo: Los que dejan la cuerda con la primera chapada mientras prueban otra vía y los que ponen cara de inspector de hacienda mientras hablan noruego o ruso o élfico y, además, como en Parque Jurásico, se mueven en manada -son gregarios-. 

El pan de cada día en Margalef.
3- Perros
Nuestros mejores amigos no dejarán nunca de alegrarnos la vida ni de pisarnos las cuerdas (ni de hincarle el diente a un bocadillo o al macho beta que acaba de llegar al sector). Siempre voy acompañada de Neula, así que sé de lo que me hablo. Dos perros, si son tranquilos, los adoramos; tres, si duermen, también; cuatro, si te chapan la primera, molan aún más; pero solo con que haya uno desarrollando sin control todo su potencial canino…guau!

4- Cobertura
Concepto paradigmático del amor-odio que intento expresar en este post. Si te falta, es una mierda y si la hay, también. Está bien poder consultar el tiempo, whatsapearte con los colegas, poner un “me gusta” a ese antiguo compañero de clase que está buenorro contento o escribirle un correo a tu jefe. Pero todo lo contrario aun mola más: sin cobertura no hay nada de eso. Ni eso ni el exasperante pitido del Line. Din-Don!

5- Frío
Ah, mi favorito (o al menos durante los primeros 15 minutos). Conozco una chica que por debajo de 12ºC no escala. Conozco a otro que por encima de 12ºC tampoco. (Evidentemente no escalan juntos). El frío molesta tanto por exceso como por defecto: con los dedos fríos no hay quien escale, pero con calor…


6- Calor
Lo odio. Escalar o hacer lo que sea (dormir, andar, tener relaciones internacionales –malpensados-, follar) con calor es lo más desagradable del mundo. Te resbalan las presas, te sudan hasta los ojos y cualquier movimiento cuesta. Pero -siempre hay un pero- cuando llega el calorcillo y podemos ir ligeros de ropa y desprendernos de la chaqueta, la vida parece más fácil, o no? Mmmm…De acuerdo, vaya argumento de pacotilla. Definitivamente este es el peor de los males. 

7- Fuego 
Ah, el cuarto elemento o las hogueritas a pie de vía. Los fuegos pueden ser muy útiles cuando hace rasca o cuando tienes a mano costillas de cordero. No obstante, si os pasa como a mí el otro día y os encienden un fuego justo bajo vuestra vía, ya podéis ir pensando en airear la chaqueta y poneros colirio. Por no mencionar el riesgo forestal. Pues eso, que no lo mencionamos.

8- Vías montadas
Cómo me gustan. Casi tanto como que no lo estén. Si están montadas puedes probar sin compromiso, pero también sin saber en qué condiciones está el material. Y si no lo están, pues lo de siempre: le pones las cintas y si tienes la suerte de que se den los casos 1 y 2, observarás el vistoso fenómeno de la atracción que crean tus cintas sobre los otros escaladores. ¿Puedo probarla?¿Le vas a dar ahora?¿Te puedo chupar una oreja?

9- Tu ídolo
Oh sí, ese es un buen momento. Llevas días y páginas admirando su grácil figura y hoy, esa grácil figura, se transmuta en algo de carne y huesos que, además, tiene voz de pito. Bueno, lo de la voz de pito no siempre es así, a veces el desengaño se presenta en forma de chulería, mala leche o halitosis. Pero lo primero a mí me ha pasado y, oye, impacta.   

10- Todas las anteriores juntas 
Partamos de la premisa de que tenemos la gripe pues la 5 y la 6 (frío y calor) a la vez solo pueden significar que estás muy jodido. Pero mucho peor vas a estar cuando 10 perros lustrosos muerdan a tu ídolo mientras este, el pobre, monta una vía a sus colegas -una horda de suecos de metro noventa- que encienden fuegos y se envían mensajes por Line diciendo “Feliz Navidad”. 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Retrovarianting o cómo sacarle jugo a Gelida

Por causas fastidiadamente intrínsecas a mi horario laboral, algunos sábados hemos ido a escalar de nuevo a Gelida. Como ya he contado alguna vez, Gelida fue nuestra escuela en el sentido estricto de la palabra. Durante los primeros años casi no salíamos de ahí, de tal modo que Esteve, pegues y pegues mediante, fue tachando todas las vías. Aun y así, el pobre, ahora me acompaña algún día para que pueda subir por las paredes hasta que el sol invernal nos abandona. Hecho que ha fomentado su capacidad imaginativa hasta niveles normales (es decir, muchísimo). Transcribo sus apuntes sobre el par de variantes que ha encadenado y la combinación que se le ha ocurrido después de comerse un caramelo de menta

Arreglada versió locals (dreta Boca plena de sika): Amb l’objectiu de continuar traient petroli a aquesta meravellosa paret que tants quilometres ens ha estalviat i que amb tants dies de bona escalada ens ha obsequiat, seguint les instruccions dels amics de Gelida, vaig realitzar la via amb una sèrie de restriccions, per tal de no tocar preses coincidents amb altres vies. Opino que és 8a.

Nova entrada directa Ventolera Còsmica: Es tracta de dues xapes noves que van col·locar aprofitant un desplom que hi ha a la dreta de l’entrada original que dóna lloc a dos o tres moviments de bloc per posteriorment fer un bon repòs i continuar amb la ventolera còsmica. També penso que queda de 8a.

I finalment, quant creiem que al pany de paret on hi ha la Boca plena de sika ja estava tot més que explorat, arriba la més rocambolesca de les combinacions possibles:

Retrovarianting: Amb nom inspirat pel company Guilera, la via neix amb el pas de bloc de l’arreglada (presa artificial) per flanquejar entre la segona i la tercera xapa cap a la Boca plena de sika i xapar-ne una xapa. Seguidament anem a buscar la poc estimada xorrera de la Winchester (poc estimada perquè ja gairebé ningú l'agafa per fer la via) i continuem per aquesta fins a fer el pas llarg de dalt. Seguidament, fem un flanqueig horitzontal que ens porta a fer el pas de dalt de la Tocat de l’ala i acabar sortint a la reunió d’aquesta.



L’única limitació de la via és no anar al forat de la Winchester, tot i que si es segueix la línia descrita, no és en absolut evident anar-hi.

L’altre inconvenient és que, abans de flanquejar cap a la Tocat de l'ala, per evitar gestos rars amb la corda, està bé col·locar una doble cinta on hi ha el pas llarg de dalt de la Winchester. De fet, per evitar la caiguda fent el pas, penso que avui en dia tothom ja ho fa d’aquesta manera.

Avui, hem estat un parell d’hores per allí i com que una de les vies afectades estava ocupada, he pujat tirant de cinta i provant les connexions entre les vies i surten tots els passos. La secció dura serà agafar la xorrera i sortir d’allà fent el pas dur original de la Winchester. A priori penso que serà més dura que les altres vies de Gelida, i que pot ser 8a+.

Ya para acabar, un apunte menos alegre sobre la parte derecha, donde están las vías más fáciles: mucho cuidado con algunas vías poco probadas y con pinta quebradiza; hace unos días hubo un accidente que podría haber acabado muy mal por un desprendimiento –escalador y bloque cayeron juntos- que partió la cuerda e hirió a tanto al escalador como a la aseguradora. 

Ojo!

domingo, 24 de noviembre de 2013

La sonrisa de la hiena

-  Quedan diez segundos. Céntrate.
(mira, pues yo me centro en que me parecen diez segundos interminables)
- Venga, sonríe. Sonríe. Confiada, segura, honrada. Muy bien, sonriendo. 
(no río, es una jodida honrada mueca de dolor)
- Diez segundos más. Lo que hay que hacer para conservarse joven.
(ahora sí: me troncho)

Este es el diálogo interno que mantengo con mi profe de yoga. Un hombre barbudo que me tiene perpleja como Neula ante un fuet. Nos castiga con posiciones dignas de refinados torturadores asiáticos mientras nos alecciona con filosofía kundalínica, impertinentemente puntualizada –por él mismo, es un yogui bipolar- con chocantes frases de lo más mundanas. Y así estamos, centradas -inspirando-, pacientes -expirando-, generosas –resoplando- y percibiendo toda la energía que nos rodea: observando el universo con los ojos cerrados mientras definimos nuestros abdominales de cara al verano. Mola. 

Se ve que esto del yoga es algo muy in, y no solo para escaladores o clientes del DIR. En el polideportivo de mi pueblo dan varias clases cada día, son unos modernos (y las señoras que acuden aun más). Aunque yo me apunté porque la rutina del curro diario me impulsó a ello, no porque quiera parecer fashion (mis chacras no lo soportarían). Así, entre mis intentos frustrados para entrenar en serio y la novedad del yoga, se me pasa la semana más entretenida. 

Colorear esto sí que me tiene entretenida...
Pues, veréis, de martes a domingo practico la postura -asana- del cuatro, acortando mis isquiotibiales en una silla, mientras el amigo Esteve es libre como el wifi del McDonalds. Él sí le saca rendimiento al entreno que fue nuestro viaje de Red River. Y vaya si le cunde. Llega cada día con encadenes nuevos, a lo que yo respondo enseñando mis dientes en forma de algo ligeramente parecido a una sonrisa. Pongo en práctica mis balbuceantes conocimientos yóguicos, no solo porque lo recomienda el profe, sino porque hoy le he visto sentido a eso de sonreír de farol.

Y así llego a lo que os quería contar hoy. Ha caído en mis manos un libro de neurociencia, el último grito en descubrimientos seseros. Iré al grano, después de exponer unos experimentos dice “el mecanismo interpretativo del hemisferio izquierdo mantiene una actividad incesante, en busca del significado de los hechos. (…) También nuestro cerebro interpreta los actos de nuestro cuerpo y construye una narración en torno a ellos”. Para ejemplificarlo se explica que si sonríes, aunque no tengas motivo para ello, el hemisferio izquierdo piensa (valga la redundancia) que lo haces porque estás contento. Se lo inventa, pero lo que importa es que tu mente se lo traga. Maravilloso autoengaño, no me diréis que no. Los yoguis llevan siglos sabiéndolo y yo me entero ahora, eso sí es estar pasada de moda. 

Sonreíd. 


Para saber mucho más: Eagleman, David. Incógnito. Ed. Anagrama, 2013.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Fin de ciclo

Resulta curioso cómo de un día para otro tu rutina puede quedar totalmente alterada. A mí me llama la atención la velocidad con la que nos adaptamos a esos cambios que, cuando los imaginábamos antes de producirse, nos parecían dramáticamente tediosos. Es algo que me ha sucedido desde que aterricé en el Viejo Mundo. Ha sido llegar y no levantar cabeza...del escritorio. 

En mi caso, hablo de la ineludible e inexcusable vuelta al trabajo. Con lo bien que se está al libre albedrío ¿por qué se me castiga con esta necesidad mundana? O, dicho de otro modo, ¿no podría haber nacido en una casa bien, bien llena de cuentas millonarias en Suiza? Pero os seré sincera: me embarga la ilusión. Me fastidia el no escalar tanto como quisiera aunque, por otro lado, siento que voy por buen camino. En fin, cosas raras que tiene una y que anuncian un post alborotado. Todo esto me hace pensar en dos cosas concretas:

La primera es que existe una ecuación de difícil resolución para la mayoría de los mortales aficionados a esto de trepar: 

+ Trabajo = - Escalada + Dinero

- Trabajo = + Escalada – Dinero

Poca gente encuentra el punto de equilibrio deseado. Yo de momento no he dado con él, tan solo he saltado alegremente de una ecuación a otra. 

La segunda es que, durante el viaje, me leí un libro recomendado por mi madre y por Vicent, La conjura de los necios -de ahí el nombre de la vía en Margalef-. Libro muy adecuado (o nada adecuado, depende) para aquellos que buscan trabajo o empiezan uno. Me parece tan casual que lo haya leído justo en este momento, que se me antoja como un mensaje de la Rueda de la Fortuna. En cualquier caso, me entra la risa cada vez que pienso en Ignatius, el obeso protagonista, y me visualizo a mí misma actuando como él. El día que lo intente seguro que vuelvo al ciclo de - Trabajo + Escalada vía inem. 

Ya que estoy hablando de cosas casuales o que guardan cierta relación con nuestro destino -o al menos eso es lo que nosotros queremos ver- os comento que, hace un par de días, volví a la clase de instituto donde Esteve y yo coincidimos por primera vez. Resulta que en nuestro antiguo insti organizaban unas charlas de ex alumnos deportistas y nos invitaron también a nosotros. Así que mientras se preparaba el evento aprovechamos para visitar el aula en cuestión. 
Pep, también ex alumno y ahora profe, y Esteve y yo posicionados como antaño.
Hace 15 años que, entre clase y clase, me apoyaba en el alfeizar de la ventana del fondo, siempre entre risas, para tomar el aire y comunicarme a grito pelado con los que pasaban por debajo. A veces, las fans de Esteve me preguntaban por él a lo que yo respondía gustosamente (él y yo no eramos tan amigos como ahora). En cambio, las chicas de clase, nos congratulábamos por tener un profe de catalán tan buenorro que, el pobre, se ruborizaba ante nuestras miradas directas e inquisitivas. Acabo el párrafo adolescente con un dato curioso: en nuestra clase éramos 34 alumnos de los cuales 7 hemos acabado escalando. Es un promedio altísimo si lo comparamos con la cantidad de escaladores que hay entre la población. Demasiada casualidad, ¿no creéis? debe de ser otra señal de la providencia. 

Y después de tanto "remember", ciclos que se repiten, astros alineados y datos inconexos, os digo que llevo dos días trepando por Gelida, la escuela de mi pueblo, donde aprendí a escalar. Mis recuerdos se agudizan ante tanto estímulo, no sé si esto también querrá decir algo o, simplemente, es que después del trabajo no tengo tiempo para ir a ningún lado más que ahí. El ciclo se cierra. O se abre. O se repite. Quién sabe. Lo único seguro es que los calabacines gigantes existen. 

En el País de las Maravillas

miércoles, 16 de octubre de 2013

La segunda enmienda

  
¿Cómo puede salvarnos el Bautismo? Quizás más tarde telefonee para averiguarlo. Pero de momento lo único que sé es que faltan pocas horas para que pongamos pies en polvorosa y presiento que tardaré mucho en volver aquí, lo cual me apena. Los días han pasado volando y, si pudiese, me quedaría unos meses más. Red River Gorge ha sido un destino increíble (y más para mí que jamás había viajado tan lejos), no solo para escalar sino también para conocer la américa profunda y sus maravillosas serpientes.

Lejos de ponerme nostálgica (si acaso me pondré pesada), hoy voy a escribir un post sobre las cosas indispensables que, de haberlo sabido, nos hubiésemos traído a Red River. La lista está hecha gracias a las opiniones juiciosas de Marta, Oriol y Esteve. Así que tomad nota los que elijáis esta súper zona como destino vacacional: 

Caña o palo para pre-chapar la primera. INDISPENSABLE. Y que conste que nos habían advertido ya antes, pero de ningún modo pensamos que sería realmente tan necesario. Pues lo es. La primera chapa acostumbra a estar en Alaska, muy arriba. De hecho, los locales nos contaron que el motivo de poner la primera tan alta es el de la seguridad (irónico pero cierto) porque dicen que así se aseguran que la gente salga pre-chapada (lógica digna de la NASA… o de la churrería de la esquina). Nosotros, como veníamos sin nada, los primeros días usamos los palos que encontramos por los sectores. Finalmente, fuimos a Miguel Pizza y nos compramos un aparatejo (30 $) con el que se hacen virguerías con la primera cinta y la cuerda, y también compramos un palo de pintor en una ferretería (21 $). Aun y así, hay algunas chapas a las que tampoco llegamos… (¿Realmente están tan altas por seguridad? Empiezo a sospechar que detrás de todo esto hay ideas maquiavélicas sobre la selección natural del escalador medio.)

La primera chapa está a los pies de Esteve. Qué, ¿cómo se os queda el cuerpo?
Cuerda vieja. Es algo bastante aconsejable. Nosotros trajimos una flamante cuerda nueva que en tres semanas está echa un pingo. Todo por culpa de la arena y el polvo silíceo omnipresentes. Los granos abrasivos se meten en el alma de la cuerda, entre muchos otros sitios, y la hacen papilla. Un asco. Por eso os digo, lo ideal es traer una cuerda vieja, con 70 metros hay de sobras, y dejarla luego aquí (la propietaria de Lago Linda tiene más de 300 cuerdas que ha ido acumulando de sus huéspedes). Esa sería la buena jugada. 
Paso de bloque en la entrada. Si no chapas antes te atacan las serpientes.
Resistencia. Ni continuidad ni bloque: resis tipo competición. Para ahorrarse algunos disgustillos más vale mentalizarse sobre ello. La resistencia nos ha dado collejas nada más llegar y, aunque unos han encadenado más y se han adaptado mejor que otros (yo), lo normal es que al principio todo el mundo pringue. Como consuelo está bien saber que muchos escaladores se desaniman por su rendimiento más bajo de lo normal. Así que no es raro si venís aquí y al principio todo os parece muy duro y, además, os sentís muy cansados. Ánimos. (Eso iba para mí). Pues lo que os digo, si visitáis Red River venid con la resis bien preparada.


Oriol haciendo gala de su condición de atleta.
Tras estos puntos cruciales, me voy a extender un poco más para deciros qué cosas nos parecen aconsejables y merecedoras de tener en cuenta.

Las serpientes. Si pilláis días tropicales como los nuestros, de esos que bajas con la espalda reluciente –plateá-, el bigotillo empapado y el arnés húmedo (aargh), preparaos para conocer a tan larguirucho animal. Nunca habíamos visto tanta concentración de ofidios en nuestra mamífera vida. No os exagero cuando os digo que había días que andábamos acojonados, uno tras otro, con el palo por delante cual cieguito levantando las hojas, estresantemente abundantes durante esta época del año. Vimos culebras, cobras, serpientes rayadas, pieles de muda, marcas de S en la arena y –miedito- la venenosísima copperhead (en tres ocasiones distintas). 
Copperhead en el sector Dark Side, el lado oscuro de la fuerza está en sus carrillos llenos de veneno.
Fijaos si aquí les tienen respeto, que una local nos contaba que ella mea en el sector mismo, prefiere escandalizar a los escaladores puritanos antes que adentrarse en el bosque. Además, nos dijo y así lo comprobamos, la gente se pira del sector antes de las 6, que es la hora “snake”. Eso me pareció raro, porque yo todas las que vi fueron por la mañana, pero, en fin, tan solo hemos estado aquí tres semanas (y ya sabéis el dicho, por la noche todas las serpientes son pardas). De ahí que el amigo Oriol recomiende llevar un buen par de botas altas. Aunque no todo es sufrimiento en Red River, también hemos disfrutado –en cantidades industriales- de muchos otros animales, más simpáticos y benignos: ciervos, ardillas, ciervos, tritones, ciervos, orugas, ciervos, tortugas, ciervos… ah sí, y ciervos también. 

Desde nuestra casita. Ahí sí hacen gracia, cuando te saltan en medio de la carretera, no.
Repelente de insectos. Después de las serpientes, el mosquito es el segundo animal que te fastidia en Red River. Y ahora que lo pienso, las avispas también son bastante insidiosas. A Marta la persiguieron agresivamente durante unas decenas de metros para pegarle unos buenos picotazos. Supongo que con los mosquitos ocurre como con las serpientes: si hace calor, ellos resisten. Qué digo resisten, se pasean con lozanía. 
Marta era atacada constantemente por los mosquitos, pero no por ello dejaba de trepar motivada. Observese el ambiente tropical.
Pies de gato cómodos. Realmente no hace falta sufrir con unos gatos apretados. Podéis darle un respiro a vuestros callos porque aquí la escalada NO es técnica. La adherencia es muy buena y siempre hay pies para elegir.

Todoterreno. Es un detalle nada despreciable que puede facilitaros mucho el acceso a los sectores. Generalmente, se llega a los aparcamientos por pistas forestales que pueden llegar a ser socabronas –risas-. De hecho, hay algún sector donde la última parte solo la pueden recorrer 4x4 o gente que le tiene manía a su cárter. 
Una de tantas.
En cuanto al estacionamiento de vehículos, mucho ojito con dejarlo cerca de los pozos de petróleo (sí, los hay a cientos repartidos por toda la zona, tamaño portable). Está prohibido aparcar al lado y no queráis mosquearlos, recordad que aquí al lado hay un pueblo que se llama Winchester (pistola americana famosa) y que los cementerios no están vallados, lo que se traduce en una gran facilidad para acceder a ellos (no queráis hacerlo con los pies por delante).




Y hasta aquí llegan nuestros consejos y nuestro viaje. ¡Nos vemos pronto por casa!
 

sábado, 5 de octubre de 2013

La primera enmienda


El domingo no es un buen día para mosquear a tu marido en el porche de tu casita en Kentucky, caso de ser mujer y de tener marido y casita en Kentucky. Pues una ley anacrónica ampara a los maltratadores siempre y cuando sea domingo y zurren a la esposa dentro de casa o, como muy lejos, en el porche.

De todas las leyes disparatadas que nos han ido contando últimamente aquí en Red River Gorge (Kentucky), esta es la más repulsiva de todas. Aunque hay otras más graciosas. Y es que esto es el Sur, en palabras de los propios americanos, un lugar retrógrado lleno de rednecks (así llaman a los más conservadores) donde cambiar las leyes no es fácil y conseguir un abridor de vino tampoco. 
Marta en un 5.11c, sector The Purgatory.
Lo del vino nos ha traído de cabeza estos días. En cuanto llegamos a Lexington nos dimos cuenta de que comprar tan delicioso brebaje nos era esquivo. En el supermercado (y menudo supermercado, Wal Mart para más señas) sólo se pueden comprar cervezas. Tuvieron que pasar un par de largos días antes de que pudiésemos comprar vino en una tienda autorizada a ello. Debo añadir que en el momento del pago nos pidieron el pasaporte para comprobar nuestra edad. Para saber si estábamos en la mayoría de edad, diréis (de acuerdo, nos conservamos muy bien, tomamos té verde por la mañana y ensalada por las noches, pero ninguno de los cuatro tiene pinta de menor de edad). Pues no, aquí te piden la documentación para comprobar algo mucho más decepcionante: saber si aparentas menos de 35 años de edad. Es algo que aún no he logrado entender, pero que espero hacer en breve. De momento lo único que nos podría preocupar es que no nos pidiesen la documentación...
En un estético 5.13a en el sector The Purgatory.
A todo esto que llegamos con el vino a nuestra cabaña en Lago Linda y, oh sorpresa –oh my God-, no había abridor de vino. De este modo, cada día, después de escalar, hemos ido buscando sitios donde poder comprar el punzante aparatejo que nos ha sido casi tan difícil de encontrar como la conexión wifi. En serio. Yo no sé cómo será en Silycon Valley, pero aquí el wifi no funciona por culpa de los árboles, o eso nos ha dicho la propietaria del cámping.
Esteve en un 5.13a, sector Motherlode.
En cualquier caso, dejo nuestras andanzas para un futuro post y vuelvo al tema de las normativas alcohólicas porque me tiene fascinada. Como sabréis, en USA cada Estado tiene sus propias leyes. En lo referente al drinking, aquí en Kentucky puedes beber tanta cerveza como quieras mientras conduces, la única condición es que no te emborraches. También me hace mucha gracia que aquí esté prohibido terminantemente enviar mensajes de texto con el móvil mientras se va al volante. Me pregunto en qué Estados sí se debe poder… más que nada para no ir. En este sentido, es todo un alivio estar aquí en Kentucky, por muchos tiros que se oigan a todas horas.

Retomando el tema del alcohol, resulta que aquí las zonas se dividen en tres: secas, húmedas y mojadas. Y esto no hace referencia a la pluviometría de la zona sino al tipo de bebidas que se puede comprar (y beber públicamente) en ella. Si estás en un condado seco significa que lo tienes chungo, no puedes comprar NADA de alcohol. Simplemente no venden ni sirven alcohol. Si estás en tierra húmeda podrás comprar cerveza y si estás en zona mojada podrás comprar de todo, en sitios concretos para ello, no en el súper. 
Oriol en el mismo 5.13a en The Purgatory, espectacular vía.
Esto es lo que os quería contar desde Ketucky donde seguimos contentos y motivados entre rednecks, serpientes (eso da para una colección de posts), ciervos, vías increíbles y prohibiciones de dudosa utilidad.

See ya later.