martes, 24 de diciembre de 2013

Las 10 mejores (y peores) cosas de la escalada deportiva


El porqué los gregorianos (el Papa o sus astronómicos secuaces, lo mismo me da) no hicieron coincidir el fin de año con el solsticio es algo que me preocupa profundamente tras la tercera copa de cava. Me refiero a que la tierra hace ya rato que está de vuelta cuando nosotros insistimos en atragantarnos con uvas cada 31 de diciembre. ¿Qué celebramos?¿que hemos dado la vuelta al sol partiendo de un punto orbital anodino?¿que ya no nos quedan más páginas que pasar en el calendario de bomberos o de la Caixa?¿que “una luz te ilumina” pero a partir del 2014 vas a tener que donar tus riñones a Fecsa-Endesa? Bien, atragantémonos, pues. 

Pero antes de empezar a regurgitar uvas, me gustaría recordar el 2013 como el año en que aprendí –por fin- las diez mejores (y peores) cosas que te puedes encontrar escalando:

1- Gente
Estar en un sector lleno de gente y sentirse en harmonía con la humanidad es una de las mejores cosas que existen después de los kleenex mentolados. Tan singular hecho es como el cometa Halley, pasa cada 76 anos (no me va la eñe, perdón). Pero la ausencia de gente también tiene su aquel: puedes cantar a grito pelado sin que nadie más que el asegurador desee la extirpación urgente de tus cuerdas vocales. Lo que ya  no mola tanto es el caso contrario a todo lo anterior: mucha gente y poca harmonía. Es decir, cuando oyes “pilla” y no sabes si es tu colega el que te implora o es cualquiera de los otros 10 que están colgando. Esto prueba que estás en un sector de moda y que, probablemente, haya mucha gente que quiera probar la misma vía que tú. Será como hacer cola en el Zara: si esperamos un rato conseguiremos esos tejanos –pitillo- que tiene todo el mundo. 

2- Guiris
Esto es la versión internacional –extended versión- de lo anterior. Son gente con la que te comunicas como puedes: o en inglés o achinando los ojos con rabia si es que prueban tu misma vía. Los hay de majos y los hay de capullos, cumpliendo con las estadísticas humanas a rajatabla. Aunque, no sé por qué, la impresión general es que casi siempre se coincide con los del segundo grupo: Los que dejan la cuerda con la primera chapada mientras prueban otra vía y los que ponen cara de inspector de hacienda mientras hablan noruego o ruso o élfico y, además, como en Parque Jurásico, se mueven en manada -son gregarios-. 

El pan de cada día en Margalef.
3- Perros
Nuestros mejores amigos no dejarán nunca de alegrarnos la vida ni de pisarnos las cuerdas (ni de hincarle el diente a un bocadillo o al macho beta que acaba de llegar al sector). Siempre voy acompañada de Neula, así que sé de lo que me hablo. Dos perros, si son tranquilos, los adoramos; tres, si duermen, también; cuatro, si te chapan la primera, molan aún más; pero solo con que haya uno desarrollando sin control todo su potencial canino…guau!

4- Cobertura
Concepto paradigmático del amor-odio que intento expresar en este post. Si te falta, es una mierda y si la hay, también. Está bien poder consultar el tiempo, whatsapearte con los colegas, poner un “me gusta” a ese antiguo compañero de clase que está buenorro contento o escribirle un correo a tu jefe. Pero todo lo contrario aun mola más: sin cobertura no hay nada de eso. Ni eso ni el exasperante pitido del Line. Din-Don!

5- Frío
Ah, mi favorito (o al menos durante los primeros 15 minutos). Conozco una chica que por debajo de 12ºC no escala. Conozco a otro que por encima de 12ºC tampoco. (Evidentemente no escalan juntos). El frío molesta tanto por exceso como por defecto: con los dedos fríos no hay quien escale, pero con calor…


6- Calor
Lo odio. Escalar o hacer lo que sea (dormir, andar, tener relaciones internacionales –malpensados-, follar) con calor es lo más desagradable del mundo. Te resbalan las presas, te sudan hasta los ojos y cualquier movimiento cuesta. Pero -siempre hay un pero- cuando llega el calorcillo y podemos ir ligeros de ropa y desprendernos de la chaqueta, la vida parece más fácil, o no? Mmmm…De acuerdo, vaya argumento de pacotilla. Definitivamente este es el peor de los males. 

7- Fuego 
Ah, el cuarto elemento o las hogueritas a pie de vía. Los fuegos pueden ser muy útiles cuando hace rasca o cuando tienes a mano costillas de cordero. No obstante, si os pasa como a mí el otro día y os encienden un fuego justo bajo vuestra vía, ya podéis ir pensando en airear la chaqueta y poneros colirio. Por no mencionar el riesgo forestal. Pues eso, que no lo mencionamos.

8- Vías montadas
Cómo me gustan. Casi tanto como que no lo estén. Si están montadas puedes probar sin compromiso, pero también sin saber en qué condiciones está el material. Y si no lo están, pues lo de siempre: le pones las cintas y si tienes la suerte de que se den los casos 1 y 2, observarás el vistoso fenómeno de la atracción que crean tus cintas sobre los otros escaladores. ¿Puedo probarla?¿Le vas a dar ahora?¿Te puedo chupar una oreja?

9- Tu ídolo
Oh sí, ese es un buen momento. Llevas días y páginas admirando su grácil figura y hoy, esa grácil figura, se transmuta en algo de carne y huesos que, además, tiene voz de pito. Bueno, lo de la voz de pito no siempre es así, a veces el desengaño se presenta en forma de chulería, mala leche o halitosis. Pero lo primero a mí me ha pasado y, oye, impacta.   

10- Todas las anteriores juntas 
Partamos de la premisa de que tenemos la gripe pues la 5 y la 6 (frío y calor) a la vez solo pueden significar que estás muy jodido. Pero mucho peor vas a estar cuando 10 perros lustrosos muerdan a tu ídolo mientras este, el pobre, monta una vía a sus colegas -una horda de suecos de metro noventa- que encienden fuegos y se envían mensajes por Line diciendo “Feliz Navidad”. 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Retrovarianting o cómo sacarle jugo a Gelida

Por causas fastidiadamente intrínsecas a mi horario laboral, algunos sábados hemos ido a escalar de nuevo a Gelida. Como ya he contado alguna vez, Gelida fue nuestra escuela en el sentido estricto de la palabra. Durante los primeros años casi no salíamos de ahí, de tal modo que Esteve, pegues y pegues mediante, fue tachando todas las vías. Aun y así, el pobre, ahora me acompaña algún día para que pueda subir por las paredes hasta que el sol invernal nos abandona. Hecho que ha fomentado su capacidad imaginativa hasta niveles normales (es decir, muchísimo). Transcribo sus apuntes sobre el par de variantes que ha encadenado y la combinación que se le ha ocurrido después de comerse un caramelo de menta

Arreglada versió locals (dreta Boca plena de sika): Amb l’objectiu de continuar traient petroli a aquesta meravellosa paret que tants quilometres ens ha estalviat i que amb tants dies de bona escalada ens ha obsequiat, seguint les instruccions dels amics de Gelida, vaig realitzar la via amb una sèrie de restriccions, per tal de no tocar preses coincidents amb altres vies. Opino que és 8a.

Nova entrada directa Ventolera Còsmica: Es tracta de dues xapes noves que van col·locar aprofitant un desplom que hi ha a la dreta de l’entrada original que dóna lloc a dos o tres moviments de bloc per posteriorment fer un bon repòs i continuar amb la ventolera còsmica. També penso que queda de 8a.

I finalment, quant creiem que al pany de paret on hi ha la Boca plena de sika ja estava tot més que explorat, arriba la més rocambolesca de les combinacions possibles:

Retrovarianting: Amb nom inspirat pel company Guilera, la via neix amb el pas de bloc de l’arreglada (presa artificial) per flanquejar entre la segona i la tercera xapa cap a la Boca plena de sika i xapar-ne una xapa. Seguidament anem a buscar la poc estimada xorrera de la Winchester (poc estimada perquè ja gairebé ningú l'agafa per fer la via) i continuem per aquesta fins a fer el pas llarg de dalt. Seguidament, fem un flanqueig horitzontal que ens porta a fer el pas de dalt de la Tocat de l’ala i acabar sortint a la reunió d’aquesta.



L’única limitació de la via és no anar al forat de la Winchester, tot i que si es segueix la línia descrita, no és en absolut evident anar-hi.

L’altre inconvenient és que, abans de flanquejar cap a la Tocat de l'ala, per evitar gestos rars amb la corda, està bé col·locar una doble cinta on hi ha el pas llarg de dalt de la Winchester. De fet, per evitar la caiguda fent el pas, penso que avui en dia tothom ja ho fa d’aquesta manera.

Avui, hem estat un parell d’hores per allí i com que una de les vies afectades estava ocupada, he pujat tirant de cinta i provant les connexions entre les vies i surten tots els passos. La secció dura serà agafar la xorrera i sortir d’allà fent el pas dur original de la Winchester. A priori penso que serà més dura que les altres vies de Gelida, i que pot ser 8a+.

Ya para acabar, un apunte menos alegre sobre la parte derecha, donde están las vías más fáciles: mucho cuidado con algunas vías poco probadas y con pinta quebradiza; hace unos días hubo un accidente que podría haber acabado muy mal por un desprendimiento –escalador y bloque cayeron juntos- que partió la cuerda e hirió a tanto al escalador como a la aseguradora. 

Ojo!

domingo, 24 de noviembre de 2013

La sonrisa de la hiena

-  Quedan diez segundos. Céntrate.
(mira, pues yo me centro en que me parecen diez segundos interminables)
- Venga, sonríe. Sonríe. Confiada, segura, honrada. Muy bien, sonriendo. 
(no río, es una jodida honrada mueca de dolor)
- Diez segundos más. Lo que hay que hacer para conservarse joven.
(ahora sí: me troncho)

Este es el diálogo interno que mantengo con mi profe de yoga. Un hombre barbudo que me tiene perpleja como Neula ante un fuet. Nos castiga con posiciones dignas de refinados torturadores asiáticos mientras nos alecciona con filosofía kundalínica, impertinentemente puntualizada –por él mismo, es un yogui bipolar- con chocantes frases de lo más mundanas. Y así estamos, centradas -inspirando-, pacientes -expirando-, generosas –resoplando- y percibiendo toda la energía que nos rodea: observando el universo con los ojos cerrados mientras definimos nuestros abdominales de cara al verano. Mola. 

Se ve que esto del yoga es algo muy in, y no solo para escaladores o clientes del DIR. En el polideportivo de mi pueblo dan varias clases cada día, son unos modernos (y las señoras que acuden aun más). Aunque yo me apunté porque la rutina del curro diario me impulsó a ello, no porque quiera parecer fashion (mis chacras no lo soportarían). Así, entre mis intentos frustrados para entrenar en serio y la novedad del yoga, se me pasa la semana más entretenida. 

Colorear esto sí que me tiene entretenida...
Pues, veréis, de martes a domingo practico la postura -asana- del cuatro, acortando mis isquiotibiales en una silla, mientras el amigo Esteve es libre como el wifi del McDonalds. Él sí le saca rendimiento al entreno que fue nuestro viaje de Red River. Y vaya si le cunde. Llega cada día con encadenes nuevos, a lo que yo respondo enseñando mis dientes en forma de algo ligeramente parecido a una sonrisa. Pongo en práctica mis balbuceantes conocimientos yóguicos, no solo porque lo recomienda el profe, sino porque hoy le he visto sentido a eso de sonreír de farol.

Y así llego a lo que os quería contar hoy. Ha caído en mis manos un libro de neurociencia, el último grito en descubrimientos seseros. Iré al grano, después de exponer unos experimentos dice “el mecanismo interpretativo del hemisferio izquierdo mantiene una actividad incesante, en busca del significado de los hechos. (…) También nuestro cerebro interpreta los actos de nuestro cuerpo y construye una narración en torno a ellos”. Para ejemplificarlo se explica que si sonríes, aunque no tengas motivo para ello, el hemisferio izquierdo piensa (valga la redundancia) que lo haces porque estás contento. Se lo inventa, pero lo que importa es que tu mente se lo traga. Maravilloso autoengaño, no me diréis que no. Los yoguis llevan siglos sabiéndolo y yo me entero ahora, eso sí es estar pasada de moda. 

Sonreíd. 


Para saber mucho más: Eagleman, David. Incógnito. Ed. Anagrama, 2013.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Fin de ciclo

Resulta curioso cómo de un día para otro tu rutina puede quedar totalmente alterada. A mí me llama la atención la velocidad con la que nos adaptamos a esos cambios que, cuando los imaginábamos antes de producirse, nos parecían dramáticamente tediosos. Es algo que me ha sucedido desde que aterricé en el Viejo Mundo. Ha sido llegar y no levantar cabeza...del escritorio. 

En mi caso, hablo de la ineludible e inexcusable vuelta al trabajo. Con lo bien que se está al libre albedrío ¿por qué se me castiga con esta necesidad mundana? O, dicho de otro modo, ¿no podría haber nacido en una casa bien, bien llena de cuentas millonarias en Suiza? Pero os seré sincera: me embarga la ilusión. Me fastidia el no escalar tanto como quisiera aunque, por otro lado, siento que voy por buen camino. En fin, cosas raras que tiene una y que anuncian un post alborotado. Todo esto me hace pensar en dos cosas concretas:

La primera es que existe una ecuación de difícil resolución para la mayoría de los mortales aficionados a esto de trepar: 

+ Trabajo = - Escalada + Dinero

- Trabajo = + Escalada – Dinero

Poca gente encuentra el punto de equilibrio deseado. Yo de momento no he dado con él, tan solo he saltado alegremente de una ecuación a otra. 

La segunda es que, durante el viaje, me leí un libro recomendado por mi madre y por Vicent, La conjura de los necios -de ahí el nombre de la vía en Margalef-. Libro muy adecuado (o nada adecuado, depende) para aquellos que buscan trabajo o empiezan uno. Me parece tan casual que lo haya leído justo en este momento, que se me antoja como un mensaje de la Rueda de la Fortuna. En cualquier caso, me entra la risa cada vez que pienso en Ignatius, el obeso protagonista, y me visualizo a mí misma actuando como él. El día que lo intente seguro que vuelvo al ciclo de - Trabajo + Escalada vía inem. 

Ya que estoy hablando de cosas casuales o que guardan cierta relación con nuestro destino -o al menos eso es lo que nosotros queremos ver- os comento que, hace un par de días, volví a la clase de instituto donde Esteve y yo coincidimos por primera vez. Resulta que en nuestro antiguo insti organizaban unas charlas de ex alumnos deportistas y nos invitaron también a nosotros. Así que mientras se preparaba el evento aprovechamos para visitar el aula en cuestión. 
Pep, también ex alumno y ahora profe, y Esteve y yo posicionados como antaño.
Hace 15 años que, entre clase y clase, me apoyaba en el alfeizar de la ventana del fondo, siempre entre risas, para tomar el aire y comunicarme a grito pelado con los que pasaban por debajo. A veces, las fans de Esteve me preguntaban por él a lo que yo respondía gustosamente (él y yo no eramos tan amigos como ahora). En cambio, las chicas de clase, nos congratulábamos por tener un profe de catalán tan buenorro que, el pobre, se ruborizaba ante nuestras miradas directas e inquisitivas. Acabo el párrafo adolescente con un dato curioso: en nuestra clase éramos 34 alumnos de los cuales 7 hemos acabado escalando. Es un promedio altísimo si lo comparamos con la cantidad de escaladores que hay entre la población. Demasiada casualidad, ¿no creéis? debe de ser otra señal de la providencia. 

Y después de tanto "remember", ciclos que se repiten, astros alineados y datos inconexos, os digo que llevo dos días trepando por Gelida, la escuela de mi pueblo, donde aprendí a escalar. Mis recuerdos se agudizan ante tanto estímulo, no sé si esto también querrá decir algo o, simplemente, es que después del trabajo no tengo tiempo para ir a ningún lado más que ahí. El ciclo se cierra. O se abre. O se repite. Quién sabe. Lo único seguro es que los calabacines gigantes existen. 

En el País de las Maravillas

miércoles, 16 de octubre de 2013

La segunda enmienda

  
¿Cómo puede salvarnos el Bautismo? Quizás más tarde telefonee para averiguarlo. Pero de momento lo único que sé es que faltan pocas horas para que pongamos pies en polvorosa y presiento que tardaré mucho en volver aquí, lo cual me apena. Los días han pasado volando y, si pudiese, me quedaría unos meses más. Red River Gorge ha sido un destino increíble (y más para mí que jamás había viajado tan lejos), no solo para escalar sino también para conocer la américa profunda y sus maravillosas serpientes.

Lejos de ponerme nostálgica (si acaso me pondré pesada), hoy voy a escribir un post sobre las cosas indispensables que, de haberlo sabido, nos hubiésemos traído a Red River. La lista está hecha gracias a las opiniones juiciosas de Marta, Oriol y Esteve. Así que tomad nota los que elijáis esta súper zona como destino vacacional: 

Caña o palo para pre-chapar la primera. INDISPENSABLE. Y que conste que nos habían advertido ya antes, pero de ningún modo pensamos que sería realmente tan necesario. Pues lo es. La primera chapa acostumbra a estar en Alaska, muy arriba. De hecho, los locales nos contaron que el motivo de poner la primera tan alta es el de la seguridad (irónico pero cierto) porque dicen que así se aseguran que la gente salga pre-chapada (lógica digna de la NASA… o de la churrería de la esquina). Nosotros, como veníamos sin nada, los primeros días usamos los palos que encontramos por los sectores. Finalmente, fuimos a Miguel Pizza y nos compramos un aparatejo (30 $) con el que se hacen virguerías con la primera cinta y la cuerda, y también compramos un palo de pintor en una ferretería (21 $). Aun y así, hay algunas chapas a las que tampoco llegamos… (¿Realmente están tan altas por seguridad? Empiezo a sospechar que detrás de todo esto hay ideas maquiavélicas sobre la selección natural del escalador medio.)

La primera chapa está a los pies de Esteve. Qué, ¿cómo se os queda el cuerpo?
Cuerda vieja. Es algo bastante aconsejable. Nosotros trajimos una flamante cuerda nueva que en tres semanas está echa un pingo. Todo por culpa de la arena y el polvo silíceo omnipresentes. Los granos abrasivos se meten en el alma de la cuerda, entre muchos otros sitios, y la hacen papilla. Un asco. Por eso os digo, lo ideal es traer una cuerda vieja, con 70 metros hay de sobras, y dejarla luego aquí (la propietaria de Lago Linda tiene más de 300 cuerdas que ha ido acumulando de sus huéspedes). Esa sería la buena jugada. 
Paso de bloque en la entrada. Si no chapas antes te atacan las serpientes.
Resistencia. Ni continuidad ni bloque: resis tipo competición. Para ahorrarse algunos disgustillos más vale mentalizarse sobre ello. La resistencia nos ha dado collejas nada más llegar y, aunque unos han encadenado más y se han adaptado mejor que otros (yo), lo normal es que al principio todo el mundo pringue. Como consuelo está bien saber que muchos escaladores se desaniman por su rendimiento más bajo de lo normal. Así que no es raro si venís aquí y al principio todo os parece muy duro y, además, os sentís muy cansados. Ánimos. (Eso iba para mí). Pues lo que os digo, si visitáis Red River venid con la resis bien preparada.


Oriol haciendo gala de su condición de atleta.
Tras estos puntos cruciales, me voy a extender un poco más para deciros qué cosas nos parecen aconsejables y merecedoras de tener en cuenta.

Las serpientes. Si pilláis días tropicales como los nuestros, de esos que bajas con la espalda reluciente –plateá-, el bigotillo empapado y el arnés húmedo (aargh), preparaos para conocer a tan larguirucho animal. Nunca habíamos visto tanta concentración de ofidios en nuestra mamífera vida. No os exagero cuando os digo que había días que andábamos acojonados, uno tras otro, con el palo por delante cual cieguito levantando las hojas, estresantemente abundantes durante esta época del año. Vimos culebras, cobras, serpientes rayadas, pieles de muda, marcas de S en la arena y –miedito- la venenosísima copperhead (en tres ocasiones distintas). 
Copperhead en el sector Dark Side, el lado oscuro de la fuerza está en sus carrillos llenos de veneno.
Fijaos si aquí les tienen respeto, que una local nos contaba que ella mea en el sector mismo, prefiere escandalizar a los escaladores puritanos antes que adentrarse en el bosque. Además, nos dijo y así lo comprobamos, la gente se pira del sector antes de las 6, que es la hora “snake”. Eso me pareció raro, porque yo todas las que vi fueron por la mañana, pero, en fin, tan solo hemos estado aquí tres semanas (y ya sabéis el dicho, por la noche todas las serpientes son pardas). De ahí que el amigo Oriol recomiende llevar un buen par de botas altas. Aunque no todo es sufrimiento en Red River, también hemos disfrutado –en cantidades industriales- de muchos otros animales, más simpáticos y benignos: ciervos, ardillas, ciervos, tritones, ciervos, orugas, ciervos, tortugas, ciervos… ah sí, y ciervos también. 

Desde nuestra casita. Ahí sí hacen gracia, cuando te saltan en medio de la carretera, no.
Repelente de insectos. Después de las serpientes, el mosquito es el segundo animal que te fastidia en Red River. Y ahora que lo pienso, las avispas también son bastante insidiosas. A Marta la persiguieron agresivamente durante unas decenas de metros para pegarle unos buenos picotazos. Supongo que con los mosquitos ocurre como con las serpientes: si hace calor, ellos resisten. Qué digo resisten, se pasean con lozanía. 
Marta era atacada constantemente por los mosquitos, pero no por ello dejaba de trepar motivada. Observese el ambiente tropical.
Pies de gato cómodos. Realmente no hace falta sufrir con unos gatos apretados. Podéis darle un respiro a vuestros callos porque aquí la escalada NO es técnica. La adherencia es muy buena y siempre hay pies para elegir.

Todoterreno. Es un detalle nada despreciable que puede facilitaros mucho el acceso a los sectores. Generalmente, se llega a los aparcamientos por pistas forestales que pueden llegar a ser socabronas –risas-. De hecho, hay algún sector donde la última parte solo la pueden recorrer 4x4 o gente que le tiene manía a su cárter. 
Una de tantas.
En cuanto al estacionamiento de vehículos, mucho ojito con dejarlo cerca de los pozos de petróleo (sí, los hay a cientos repartidos por toda la zona, tamaño portable). Está prohibido aparcar al lado y no queráis mosquearlos, recordad que aquí al lado hay un pueblo que se llama Winchester (pistola americana famosa) y que los cementerios no están vallados, lo que se traduce en una gran facilidad para acceder a ellos (no queráis hacerlo con los pies por delante).




Y hasta aquí llegan nuestros consejos y nuestro viaje. ¡Nos vemos pronto por casa!
 

sábado, 5 de octubre de 2013

La primera enmienda


El domingo no es un buen día para mosquear a tu marido en el porche de tu casita en Kentucky, caso de ser mujer y de tener marido y casita en Kentucky. Pues una ley anacrónica ampara a los maltratadores siempre y cuando sea domingo y zurren a la esposa dentro de casa o, como muy lejos, en el porche.

De todas las leyes disparatadas que nos han ido contando últimamente aquí en Red River Gorge (Kentucky), esta es la más repulsiva de todas. Aunque hay otras más graciosas. Y es que esto es el Sur, en palabras de los propios americanos, un lugar retrógrado lleno de rednecks (así llaman a los más conservadores) donde cambiar las leyes no es fácil y conseguir un abridor de vino tampoco. 
Marta en un 5.11c, sector The Purgatory.
Lo del vino nos ha traído de cabeza estos días. En cuanto llegamos a Lexington nos dimos cuenta de que comprar tan delicioso brebaje nos era esquivo. En el supermercado (y menudo supermercado, Wal Mart para más señas) sólo se pueden comprar cervezas. Tuvieron que pasar un par de largos días antes de que pudiésemos comprar vino en una tienda autorizada a ello. Debo añadir que en el momento del pago nos pidieron el pasaporte para comprobar nuestra edad. Para saber si estábamos en la mayoría de edad, diréis (de acuerdo, nos conservamos muy bien, tomamos té verde por la mañana y ensalada por las noches, pero ninguno de los cuatro tiene pinta de menor de edad). Pues no, aquí te piden la documentación para comprobar algo mucho más decepcionante: saber si aparentas menos de 35 años de edad. Es algo que aún no he logrado entender, pero que espero hacer en breve. De momento lo único que nos podría preocupar es que no nos pidiesen la documentación...
En un estético 5.13a en el sector The Purgatory.
A todo esto que llegamos con el vino a nuestra cabaña en Lago Linda y, oh sorpresa –oh my God-, no había abridor de vino. De este modo, cada día, después de escalar, hemos ido buscando sitios donde poder comprar el punzante aparatejo que nos ha sido casi tan difícil de encontrar como la conexión wifi. En serio. Yo no sé cómo será en Silycon Valley, pero aquí el wifi no funciona por culpa de los árboles, o eso nos ha dicho la propietaria del cámping.
Esteve en un 5.13a, sector Motherlode.
En cualquier caso, dejo nuestras andanzas para un futuro post y vuelvo al tema de las normativas alcohólicas porque me tiene fascinada. Como sabréis, en USA cada Estado tiene sus propias leyes. En lo referente al drinking, aquí en Kentucky puedes beber tanta cerveza como quieras mientras conduces, la única condición es que no te emborraches. También me hace mucha gracia que aquí esté prohibido terminantemente enviar mensajes de texto con el móvil mientras se va al volante. Me pregunto en qué Estados sí se debe poder… más que nada para no ir. En este sentido, es todo un alivio estar aquí en Kentucky, por muchos tiros que se oigan a todas horas.

Retomando el tema del alcohol, resulta que aquí las zonas se dividen en tres: secas, húmedas y mojadas. Y esto no hace referencia a la pluviometría de la zona sino al tipo de bebidas que se puede comprar (y beber públicamente) en ella. Si estás en un condado seco significa que lo tienes chungo, no puedes comprar NADA de alcohol. Simplemente no venden ni sirven alcohol. Si estás en tierra húmeda podrás comprar cerveza y si estás en zona mojada podrás comprar de todo, en sitios concretos para ello, no en el súper. 
Oriol en el mismo 5.13a en The Purgatory, espectacular vía.
Esto es lo que os quería contar desde Ketucky donde seguimos contentos y motivados entre rednecks, serpientes (eso da para una colección de posts), ciervos, vías increíbles y prohibiciones de dudosa utilidad.

See ya later.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Que la fuerza nos acompañe

Tras nuestra vuelta de vacaciones nos hemos dedicado a recolectar los frutos del bosque (moras, setas y endrinas, ..."pacharán más de mil años, muchos más"...), a entrenar en resina y a mirar las pelis de Star Wars. Actividades poco habituales para tratarse del mes de agosto, pero el destino así lo ha querido, y nosotros no somos quienes para desafiar a La Fuerza. 

Entre sesión de resina y recolección hemos desenvainado nuestras espadas láser por Montgrony -que la força t'acompanyi-. Cosa rara, también, pues todo el mundo está convencido de que esta escuela es de invierno. Yo solo sé que Montgrony es de lo mejorcito, independientemente de los solsticios y equinoccios, pero tampoco voy a intentar persuadir a nadie de ello, con lo tranquilos que hemos estado. 
Allí nos hemos reunido con el Maestro Eduard Burgada que ha parido otra vía galáctica en la Vena: Directa a la yugular. Una vía de resistencia que andará entre el 8b y el 8b+, en medio de el Sur y Calabruix. 

Aparte, he dedicado algunos sábados al maltrato del cuerpo en compes populares, opens y otros eventos del lado oscuro. Llamadme pesada pero...¿os he dicho ya que las competiciones son el mejor entreno? La cuestión es que he asistido más contenta que Cheewaka -depilada, eso sí- y siempre acompañada de gente ilustre como Esteve, Ignasi o Darth Vader.

Por orden la cosa ha ido así:

Psicobloc en la Bisbal del Penedès. Experiencia curiosa -eso desde el punto de vista fisiológico, desde el punto de vista femenino emplearía otro adjetivo nada placentero- la de caer en la piscina y que el agua entre por todos los orificios posibles. Ahí me veis con el bueno de Ignasi.
 

I-Bloc en Igualada. Esteve compitió por primera vez y en el sorteo nos tocaron cervezas artesanas -¡frías! eso sí es un detalle- que bebimos unos cuantos ahí mismo. Las fotos són de Ingravita. 


No, las setas no me hicieron flipar tanto como los bloques - tsunamis del Open de la Panxa del Bou. La foto psicodélica es de Jaume Oliveras.


Y la última de este finde, el Campeonato de España de escalada en bloque, en Zaragoza. Muy bien por la mañana en las clasificatorias -la Fuerza me acompañó-, muy mal por la tarde en la final -ahí decidió abandonarme- pero alegre todo el día por el reencuentro con Tere, Andrea, Lluís, Shirleys y demás máquinas del bloqueo.  

  

jueves, 29 de agosto de 2013

Visualización

El otro día discutía con Esteve acerca de la visualización. Él me comentaba que, hoy en día, raramente visualiza las vías; solo lo hace puntualmente con aquellas que son difíciles de recordar y únicamente con el objetivo de tenerlas más claras. Yo, en cambio, visualizo a menudo, cuando tengo una vía en mente, sea fácil o difícil, evidente o liosa. Normalmente visualizo en la cama, antes de quedarme frita. Pero también mientras conduzco, nado, corro, cocino, dependiendo de lo motivada que esté. Si bien es cierto que la mente, a veces -muchas veces-, me juega malas pasadas y, en medio de un pegue imaginado, se me rompen cantos, se parten cintas, me caen escaladores encima, me muerden murciélagos o, simplemente, acabo pensando en cosas que aparentemente no tienen nada que ver. 

En cualquier caso, creo que la visualización es una ayuda indispensable para llegar a la cadena exitosa y con menos pegues. Aunque hay personas que prescinden de ella, para mí es casi elemental. 

Opino que, en mi caso, la visualización es importante por dos motivos:

1- Para recordar los movimientos e interiorizarlos de manera que durante la ejecución me mueva más fluida y eficazmente. 

2- Para asumir que puedo encadenar esa vía. Es decir, para ganarle el juego a la psique y así disminuir la presión en el momento de escalar. 

Como es un tema poco discutido por la comunidad escaladora (confesémoslo, después de un buen día de escalada y ante un par de cervecitas con los amigos, nos apetece hablar de muchas cosas pero ninguna de ellas trata sobre la visualización) he sondeado a varias personas asiduas a esto de trepar para considerar sus experiencias y opiniones. Personalmente, me ha interesado observar la variedad de ideas aportadas y la diversidad de usos de la visualización. Creo que es de lo más interesante que se ha visto por este blog -cosa nada difícil, por otro lado-. Ahí van unas cuantas frases tecleadas por dedos sabios y callosos como respuesta a mi pregunta ¿Visualizas tus proyectos?:

Mar Àlvarez
Quédate con la idea general: "Visualizar, y eso qué es??" jajajaja
La verdad es que no, nunca visualizo mis proyectos. Quizá al principio de empezar a escalar, más que nada porque no pensaba en otra cosa que no fuera la pared, incluso por la noche soñaba con que me subía por lugares dificilísimos que debían ser como 9c o así jajaja qué desilusión cuando me despertaba y me daba cuenta que por lo máximo por lo que me subía era 6b jajaja. Ahora en serio, no visualizo nunca. Cuando dejo el sector de escalada me olvido por completo de la vía que estoy probando, y cuanto menos piense en ella mejor. No me gusta estar a todas horas pensando en vertical. Ni siquiera los momentos antes de subirme por la vía, como mucho si no tengo algún paso claro intento recordar sus movimientos y ya está. 
Lo de visualizar, imagino que es útil en los segundos o terceros pegues para recordar exactamente los movimientos y no equivocarse, pero cuando ya se tiene la vía matizada es algo que depende de cada uno, cada persona es un mundo y no a todas nos van bien las mismas técnicas. No creo en las técnicas universales sino en las personales. 

Oriol Salvadó
Sí que visualitzo, sobretot quan porto masses pegues pel meu gust! si és una via que em costa, i que tinc ganes de fer-la, ho faig molt sovint, i sobretot al llit... Quant a la utilitat, això ja és més difícil. Diria que per l'escalada no ho és massa, però PER NO DORMIR va de puta mare, ja que em poso tan nerviós, que em desvetllo...

Teresa Troya
Realmente no acostumbro a visualizar mis proyectos y de hecho no me gusta. Si visualizo demasiado voy más automática, sin pensar en los movimientos y por lo tanto menos concentrada en lo importante y más en sumideros de energía (como sensaciones, alejes, ... ). Lo que sí suelo visualizar son las secciones duras. En cambio, en vías a vista, flash o en competición, cuanto más y mejor visualice, mejor resultado y sensaciones. En cuanto a su utilidad, creo que sí, en todos los deportes se visualiza. Pero como todo, depende de cada uno. 

Iris Matamoros
Yo no es que sea de visualizar siempre todo, pero sí que hay 2 o 3 casos en los que suelo hacerlo: 1. Cuando voy a dar un pegue a vista; intento visualizar y descifrar todo lo que puedo desde el suelo. 2. Cuando voy a dar un pegue al flash a algo muy duro; intento tener muy claro lo que haré en cada momento para luego ir al "plan". 3. Cuando en una vía ensayada hay una secuencia de gran complejidad, de esas en las que tienes prestar atención a varias cosas a la vez y sino vas para abajo! En este caso me gusta visualizar bien antes del pegue y así llegar a la secuencia como si ya la hubiera hecho varias veces! Creo que sí, que es muy útil, pero no es fácil hacerlo bien. ¡No es solo imaginarse escalando! 

Andrea Cartas 
Pues sí que visualizo, de hecho lo hacemos los dos (Carlos y yo). Personalmente, creo que es muy ventajoso recordar las secuencias para "ahorrar pegues" e incluso conseguir coger el ritmo a la vía con más facilidad. Suelo recordar aquellos movimientos que me suponen un problema, trato de imaginarme haciéndolos, resolviendo la secuencia de manera más eficaz... Así cuando llega el momento de la verdad, mi cuerpo responde como si ya lo tuviese automatizado, solo se deja fluir... Es malo pensar cuando escalas, lo mejor es dejarse llevar y colocarse de manera adecuada, por eso, haber visualizado secuencias previamente ayuda mucho. 
También está el tema de visualizar para automotivarse, o visualizar para aumentar la focalización o para simplemente no pasar miedo en un aleje o evitar la presión en situaciones de estrés... En fin, el tema tiene para rato y como me enrollo mucho siempre te lo dejo a tu retorcida imaginación. 

Dani Moreno
La visualización desde el suelo para una vía a vista, para mí es importante echarle un vistazo a la vía, intentar dilucidar los movimientos o las secciones... pero en estos intentos no tiene tanta importancia como el ritmo a la hora de escalar y la velocidad a la hora de tomar decisiones una vez estas metido en la ruta o visualizar las secciones en el momento. 
Para mí cobra más importancia la visualización (o ensayo en imaginación creo que sería la palabra correcta) en una vía ensayada, el verte a ti mismo en tu mente haciendo esa secuencia que tanto se te resiste, escalando a ritmo y sin dudar, estas prácticas viéndonos a nosotros mismos escalando como se "debería" nos predisponen positivamente.
Cuando la cosa ha pasada de ser una vía ensayada, a un proyecto, y de ahí a una obsesión... yo creo que se quiera o no uno vive por y para esa vía en concreto, sueñas con la vía, diseñas bloques idénticos a cada una de sus secuencias, te quedas embobado en cualquier momento viéndote en la ruta, intentar sentir como agarrarás la pinza de la tercera chapa, etc. Yo creo que es un proceso "positivo" porque esa ambición te empuja al final a encadenar... pero a la vez, si no conseguimos controlar nuestra mente en este aspecto y se convierte en una pura obsesión es MUY negativo, ya que derrochas (aunque se crea que no) muchas energías en cada "ensayo en imaginación", es más, en cada uno de estos pegues ficticios recreas sensaciones que si una vez en la ruta no tienes te condicionan al fracaso.
A mí me gusta motivarme con un proyecto, diseñar bloques, darle pegues, soñar con él, pero intento controlar mucho lo de verme a mí mismo escalando en él (ensayo en imaginación) antes de ir a dormir o cuando sea, prefiero visualizar en el momento mismo de la acción, justo antes de acometer la ruta.

Lali Bofill
La veritat és que som una mica anàrquics amb el tema. El Quim no ho fa mai, és d'aquells que quan enganxa el llit es queda fos. El que si fa i jo també és el típic moment que baixes de la via i et quedes empanat amb la mirada perduda i els gats a la mà recordant els moviments. I jo, algunes vegades ho he provat però sense adonar-me em trobo pensant en altres coses, sóc una mica dispersa. Per mi és un bon recurs que hi ha gent que sap aprofitar i d'altres que no. El que si practico és interioritzar les bones sensacions que tinc en una via (per exemple, si un dia l'he montat flutant o m'han sortit bé els passos dificils...) i el dia que vaig encadenant intento recorre a aquestes pensaments/sensacions. En canvi si un dia la via no em va bé, allò que no saps perquè i t'arrossegues, intento no tenir en compte aquestes sensacions. 

Dani Fuertes
Yo creo que siempre es útil visualizar, tanto cuando escalas a vista (evidente) como en tus proyectos.
Cuando escalas "a vista" la visualización y el coco (la manera de afrontar ese "a vista") es el 50% del encadene, esto es una evidencia, todas las vías que puedas hacer en dos o tres pegues o en el día, puedes hacerlas "a vista", es solo cuestión de visualización, en tan poco tiempo a la vía no le ganas nada, con lo que podrías hacerla "a vista", por eso es tan importante la visualización en la escalada "a vista". Esto, por supuesto, es muy difícil, el llegar a escalar una vía "a vista" con el mismo dinamismo y el mismo ritmo con el que la escalas en un segundo pegue es realmente difícil, pero posible!! Por esto hay gente que escala tan bien "a vista" y gente que escala tan mal y no tiene nada que ver con lo fuertes que estén o dejen de estar.
En un proyecto también es muy bueno visualizar, si un proyecto es realmente duro para ti, es bueno visualizarlo en casa, recordar secciones e incluso buscar soluciones para eso pasos que no te salen o que te cuestan, es un trabajo mental en la vía que tienes que hacer en casa y que te ayuda mucho, por lo menos en mi caso. Muchas trucos los he encontrado en casa! y es verdad! pero bueno me imagino que no a todo el mundo le funcionará...
Pienso que si solo te vinculas a tu proyecto cuando estás dándole pegues tienes menos posibilidades de hacerlo que si estás centrado en él también en casa o en el panel, sin entrar en la locura, claro!!! yo, por ejemplo, llevo todo el verano pensando en el proyecto de este otoño!

Recapitulemos. Hemos podido comprobar como cada uno visualiza (o no) con objetivos distintos: recordar secuencias, automatizar movimientos, motivarse, etc. De sus palabras también se extrae que, para algunos, la visualización no parece una herramienta indispensable para encadenar -sobre todo en vías ensayadas- pero sí más útil en vías a vista o en competición. Lo que sí parece una idea general -aunque cada uno lo expresa de distinto modo- es que visualizar mal o en exceso puede ser perjudicial para un encadene. En resumen, que cada uno haga lo que quiera o pueda. Pero, para aquellos que nos gusta visualizar y creemos que nos beneficia, hay mucho camino para explorar y potenciar nuestra visualización.

Como opinión personal, decir que me parece especialmente sorprendente, clarificador y positivo el comentario de Dani Fuertes. Aunque cada párrafo de todos ellos (que nadie se ponga celoso/a!;) )aporta algo interesante. Y por este motivo, porque aquí sí que cada persona tiene su método concreto, me gustaría conocer más opiniones. Es un tema realmente interesante así que, si no os da demasiada pereza, me gustaría que compartieseis vuestra experiencia como han hecho ellos: explicad si visualizáis o no y cómo lo hacéis. :)

jueves, 15 de agosto de 2013

Una tarde en la playa

- ¿Sabes nadar?

- Sí, bueno…he ido a dos cursillos de natación, donde, aparte de ingerir cloro más allá de lo recomendable también he aprendido a dirigir mi cuerpo flotante de un lado a otro de la piscina.
 
Esteve, él sí sabe nadar.

Y, arqueando una ceja, el chico se alejó dando brincos con sus pies de gato y dejándome preocupada mirando la rabiosa espuma de las olas. Está bien, me dije, sé nadar y, aunque quizás no pueda emular a Mireia Belmonte, sí a esa boya amarilla que veo a lo lejos. No me voy a ahogar, no. No a menos que aparezca un tiburón blanco, un banco de medusas cubo –que, aunque australianas, son mortales de necesidad-, el calamar gigante de Julio Verne o un tsunami perdido por el Mediterráneo pero no por eso menos mortífero.

Ignasi. Como se puede ver, y ya es mala pata, el agua estaba movidita justo en la zona de escalada.

Tan apacibles ideas se repetían de nuevo en mi cabeza y llenaban de sudor mis manos, especialmente cuando lo intenté. Me calcé los gatos y subí por el pequeño acantilado que hay en la Platja de la Móra (La Móra). Dos veces. Hasta conseguí caer en las aguas embravecidas del Mediterraneo –pánico, pánico, pánico-. Pensé que iba a morir, pero al final no. Ja! Me río yo del Cabo de Hornos. 

Yo con el corazón, y el hígado y el páncreas y la bufeta si me apuras, en la boca.
Eso sí, el resto lo pasaron muy bien.

Mirad cuánta espuma. Y Esteve tan contento. Como se nota que no ha visto La tormenta perfecta.

jueves, 8 de agosto de 2013

Vacaciones simétricas

Dos eran nuestras premisas para las vacaciones: la primera, escalar en sitios frescos y, la segunda, escalar en sitios tranquilos. Con estas ideas en mente salimos dirección noroeste, sabiendo donde empezaríamos pero desconociendo el destino final. La ruta, vista retrospectiva y nostálgicamente, ha cumplido con las expectativas iniciales así que, para quien pueda servirle, detallo ligeramente el viaje (y cuando digo ligeramente no me refiero, para regocijo vuestro, a un texto corto; sino a uno bien largo pues siento que el don de la brevedad lo perdí hace ya dos líneas). Vamos a ello!
La ruta, bastante simétrica a la ida y a la vuelta, Google Maps mediante.
Los Meses

Pequeña pared ubicada en Canfranc, población oscense cercana a Francia –fue un paso fronterizo clave en tiempos revueltos como la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial o la Fiesta Mayor de Jaca- con una estación de trenes tan espectacular como sobredimensionada. 

Pero a lo que iba, la escuela de Los Meses es ideal para los meses de verano. Si vais, aparte de poder hacer bromas tan malas, podréis disfrutar de sus vías de resistencia, técnicas y atléticas, cobijadas en la frescura del bosque pirenaico. Para más información consultad aquí: escuelalosmeses.blogspot.com.es
El pequeño paraiso perdido de Los Meses.
Cicera

De vuelta al desfiladero de la Hermida, tres años más tarde, y todo sigue igual –o mejor-. Imaginábamos que las vías estarían más sobadas y marcadas, pero nada de eso: siguen (muy) adherentes y, algunas, sin pizca de magnesio.

Atención si vais a dormir a Santa María de Lebeña porque es un antiguo recinto sagrado druida y no solo corréis el riesgo de que se os aparezca un duende celta cabreado (y no sabéis la mala leche que gastan desde que les han recortado el sueldo), sino que también os arriesgáis a que os multe la benemérita. Que por cierto, también van de verde.

Total, que en Cicera nos reencontramos con Ruben y Cris, a los que no veíamos desde Fin de Año. Ellos sí que son buenos (y no los duendecillos verdes) y nos recomendaron dos sitios clave: La playa de Torimbia, donde tomé mi primer baño en el Cantábrico -una, que es de pueblo- y Teverga, donde luego os contaré. Faltan palabras de agradecimiento en el diccionario de la RAE para expresar mi gratitud eterna hacia ellos por tan magníficos descubrimientos.
Atardecer romántico en Torimbia mientras los vecinos hacían sardinada escuchando al Fary.

Teverga

Dejando a un lado los 7a’s, Teverga es un paraje para enamorarse, precioso, de 10 estrellas sobre 5. De ahí me gustó todo: la roca, tan buena; la gente, tan amable; la temperatura, tan fresca; el entorno, tan verde; y la ternera, tan rica.

Aunque, como os he advertido, los 7a’s son auténticos muros inescalables. Ya el primer día nos tumbaron tres y pensamos que nos habíamos equivocado de destino. Pero perseveramos y, aunque nos continuamos cayendo en los 7a’s, empezamos a encadenar otras vías más difíciles (de grado, que no de dificultad –hete aquí la paradoja-).
Estirándome al máximo en el paso largo de la entrada de Samba pa ti, 8a del Covachón. Foto: Manuel González.

Esteve disfrutando del desplome en Loba Flaca, otro 8a de continuidad del Covachón. Foto: Manuel González.
En Teverga, además, se pueden hacer otras actividades igual de sufridas que los 7a’s. Nosotros, por ejemplo, hicimos la Senda del Oso en bici, para congratulo de nuestras delicadas posaderas tan poco acostumbradas al sillín. Otro día, escarmentados del rollito cicloturismo, salimos a correr por la dichosa Senda, antigua vía de tren minera. Realmente vale la pena darse un garbeo senda arriba, senda abajo (pero si vais a hacerlo en bici…llevad culotte).

Estuvimos casi dos semanas escalando por allí y todo iba según lo previsto, encadenando bastantes vías pero cayendo en los 7a’s, hasta que un día, de repente, llegó el calor. Y nos fuimos.

Rumenes

Antes de ir a este sector de chorreras góticas que te sorprenden por la espalda mientras escalas, fuimos al pueblecillo de Búlnes, para gozar de las vistas del Naranjo. La gente sube ahí con un funicular que te ahorra 400 metros de desnivel. Pero nosotros preferimos ahorrarnos los 17 euros que te vale el corto trayecto y subimos andando alegremente, entre cabritas y un riachuelo, hasta el mirador del Picu. Ciertamente, mucho mejor la segunda opción, independientemente del dinero invertido. Algo curioso, pues para los propietarios del funicular es totalmente al revés: mucho mejor la primera opción, totalmente dependiente del dinero ahí invertido.
Collage Asturiano con el Picu Uriellu presidiendo. Atención a las deliciosas y calóricas Corbatas de Unquera y a la también deliciosa pero adelgazante guía de Escalada en Asturias.
Al día siguiente reemprendimos la actividad trepadora en Rumenes, disfrutando de sus vías largas y espectaculares y del aire húmedo y fresquito que anunciaba lluvia. Solo pudimos escalar un día porque el agua y el calendario nos obligaron a marchar dirección este, hacia casa. 

Antes de finiquitar las vacaciones, y para hacer más agradable el camino de vuelta, volvimos un día a Los Meses y, de ahí, a relajar los brazos –y cargar las lumbares- buscando setas por el Pirineo. Parece mentira pero esto de divagar como zombis jorobados por un bosque durante horas y horas observando hongos nos tiene totalmente enganchados. Pero, comprendedme, la recompensa, igual que en la escalada, bien lo vale.

Boletus en un lugar no muy lejano (entiéndase "no muy lejano" como de aquí a Alfa Centauri, ser más precisa no me está permitido).

viernes, 12 de julio de 2013

La tentación vive arriba

El otro día, en Tres Ponts, en una de sus inacabables vías, me encontré con una cinta exprés fija, de esas que están ancladas a la chapa con maillon. No obstante, la cinta, que ya estaba muy viejuna, no tenía mosquetón inferior así que deduje que alguien lo había quitado por precaución. Y es que, con las desgracias continuas de accidentes que observamos día a día, estos pequeños detalles con vías montadas ad eternum son cada vez más importantes. 

 Confesémoslo, las vías montadas son una tentación. Ya no digo vías con esas cintas fijas que parece que lleven ahí más tiempo que las propias chapas. Me refiero a las que están niqueladas, con flamantes mosquetones que nos invitan a un pegue sin compromiso a reunión. Sí, somos muchos los que más de una vez, ante la tesitura de probar una nueva vía, nos hemos decantado por la que ya estaba adornada con expreses. Ahora, tal y como está el patio, algunos nos lo miraremos dos veces antes de subir. 

Pero no es sobre seguridad que quería hablar, sino de esa tendencia que tenemos los humanos a tirar por el camino más comodón. Está claro, entre dos vías de grado similar la mayoría escogeríamos la ruta montada, si no hay nadie más en la sala. La cosa ya se pone más fea cuando la persona que la ha montado está ahí presente y dispuesta a escalarla. 

Cierto que no hay ninguna norma escrita y que cada uno actúa según su criterio. El mío es el de evitar cualquier aglomeración en una vía porque me incomoda sobremanera la sensación de que haya un par –o dos, o tres- de ojos que esperen ansiosos a que ponga mis pies en el suelo. Más chungo lo tengo cuando la vía en cuestión la he montado yo y hordas de escaladores quieren probarla (entiéndase por horda más de dos; ya sabéis, tres son multitud). Mi naturaleza complaciente siempre suelta un “por supuesto que puedes probarla” cuando, por dentro alguna vez, he pensado “pffff, qué rollo”. En mi opinión, nadie es dueño de una vía por tener las cintas puestas; por otro lado, las expreses son un reclamo sin igual y, cuando un sector tiene todas las vías libres y alguien quiere probar ESA vía que concretamente acabas de montar, a veces te hace sospechar si no será por lo antes mencionado (descontando que sea su proyecto, obviamente). En cualquier caso, no seré yo quien prohíba a nadie probar una vía que tenga montada. Es más, generalmente me encanta compartir secuencias y trucos igual que si fuesen recetas con mis vecinas octogenarias. 

Lo que ya no veo tan disimulables son otro tipo de actitudes. Por suerte, las he vivido en tercera persona y no me he visto en el mal trago de dar una respuesta desagradable o -mucho más probable- quedarme con cara de tonta sin saber qué decir. Os cuento dos:

Situación 1:
Un amigo escalando una larga vía de 40 metros. Entonces, cuando el chico ya ha superado la mitad del itinerario, un hombre le grita desde abajo, “Oye, te importaría bajar que mi mujer quiere darle un pegue y sino se enfría?” y él, descolocado, se baja. De acuerdo que el chico no fuera encadenando, cierto que ella la tenía a punto y, además, entre ellos había buen rollo –después de eso ya no tanto-, pero, yo me pregunto, ¿vale la pena crear una situación tan tensa?, ¿acaso unos tienen más privilegios que otros por tener la vía a punto o por haberla montado?, ¿es que la mujer en cuestión era muda? No, no, no. O sí (sí, si el que te pide que bajes te apunta con una recortada, pero ese es otro tema).

Situación 2:
Un amigo se acerca a una pareja de escaladores que están probando la misma vía. El diálogo fue más o menos así:
Amigo - Perdón, después de vosotros… ¿puedo probarla o va alguien más?
Escalador desconocido – Sí, mira: ahora le da mi colega, luego le doy yo. Entonces, luego va él, luego yo, luego él, luego yo y entonces, ya si quieres, vas tú.
            Amigo - (desconcertado) Vale gracias, ya pruebo otra. 
 
La amabilidad, queridos míos, no conoce fronteras además de escasear. Lo que yo no quiero ni imaginar –mierda, ya lo estoy haciendo- es qué sucedería si juntásemos a estos dos simpáticos y agradables escaladores con la impaciente parejita del primer caso y, para entretenimiento del respetable, queriendo probar todos la misma vía. Ahí sí que el que tuviese la recortada, y nadie más que él, llevaría toda la razón del mundo.

Me despido ya por hoy con unas fotos de Jaume Clua en Terradets Nord (Regina), en la vía Revifalla, un precioso 8a+ que encadenamos hace unos meses. Y menos mal, porque ahora lo único que se cosecha ahí son picadas de mosquito, yo me llevé 10. 

sábado, 29 de junio de 2013

Examen de consciencia

Ayer hice un examen –casi me desmayo, ya no recordaba lo que era estar nerviosa de verdad- y he estado toda la noche en una alegre duermevela bipolar: intercalando espasmódicamente los recuerdos del examen, que el joputa de mi subconsciente exhibía en mi cabeza, con ideas alternativas conscientes para despistar a ese cabrón. Cada vez que estaba a punto de dormirme pensando en la rutinaria vida de unas marmotas alpinas, del fondo de su madriguera se aparecían mis respuestas para atormentarme hasta que una taquicardia me despejaba de golpe.

De todas formas, no todo ha sido tan estresante, he comprobado que ir a escalar una tarde de cada tres días de estudio me ha sido muy beneficioso. O como mínimo lo ha sido para la escalada, puesto que encadené La joia de l’Alamut (8b) en la Colònia Puig, Montserrat. Ahora solo falta que lo sea para la otra parte -contemplar la opción de suspender me da jaqueca- y podré dormir como una marmota mediterránea de nuevo.
He aquí un fotograma del vídeo que hicireon los chicos de Namuss Films en la vía de marras.
Hasta que me den la nota estaré con la maldita letanía del examen, así que he de llenar la cabeza de lo que sea para mi salud mental –para recuperarla, digo-. Una buena manera de hacerlo es echar un vistazo a las búsquedas en Google que han traído visitas al blog durante estos últimos meses:

como usar el escalador sin que me duela la cintura – la pregunta que me hago yo es otra, ¿cómo estás usando tú al escalador?
cuales son las grandes preguntas de la humanidad – lo que a mí me inquieta es que Google haya descubierto las preguntas trascendentales que nos hacemos en este blog.
como pasar de macho beta a macho alfa – hay que esforzarse mucho. Observa la naturaleza. A las hormigas rojas, por ejemplo.
como se escribe madafaqa – ya empezamos con las tautologías, hijo de la gran…
es nos mal que cuando reglo huelemal – e aquí una mecanógrafa novata menstruando
escalada en las peñitas – pa la peñita que escala en la montañita
escaladoras secso – secso grado, imagino.
fotos mias escalando - ¿de verdad hay alguien que pregunta eso a Google?
frases inexplicables de amor – mi corazón palpita como una patata frita
imagenes que diga q un verdadero caballero no habla lo que ase con su novia a sus amigos – ola ke ase?
las mas grandes preguntas de la humanidad – II Tomo. Empieza a preocuparme el criterio del sr. Google.
los mayas se equivocaron con el fin del mundo – No jodas!?! Y yo que pensaba que el juicio final ya había empezado in Spain, con tanta justicia repartida a diario…
macho beta humano – aquí hembra omega humana, ¿dígame?
metiorritos cañendo al mundo – menuda caña de metiorritos, eh Dimitri? el fin del mundo maya quizás no, pero el ruso ya ha empezado
niña con muchos demonios en Europa bueeeeno, aceptamos demonio como animal de compañía
ñiños de monio – ño, basta ña de de monios
que no me inviten a beber hoy vale, pues a ese ni agua
quiero resolver un misterio pero no tengo uno  esto va como va, querido Watson, si tienes suerte te toca (como a los de Método 3) y si no, pues a fastidiarse.
reacciones macho alfa abandonado – el aullido y las micciones descontroladas
soñar con pelos y lechugas en las piernas – pero, ¿lechugas iceberg o escarolas? El cambio puede ser muy significativo.
عکس لاک پشت نینجا ها – me he quedado de piedra hasta que he buscado la traducción y es “ Foto de las tortugas ninja”. Ahora lo entiendo todo.
vajinas grandes y qe se vean los pelos – no se me ocurre un final más bonito, oye. 

jueves, 13 de junio de 2013

Memorándum

Las compes no oficiales de primavera ya han acabado para mí. Ahora quedan las más divertidas y populares, como el Vilabloc este sábado en nuestra querida Vilafranca o el Open de Terrassa, dentro de dos semanas. 


De la última prueba, que fue el Campionat de Catalunya d’escalada en Bloc, aun me siento cansada pero puedo afirmar que ha sido la competición que más me ha aportado de todas. Los bloques de Fèlix y Helena fueron variados e imaginativos, creo que gustaron mucho a todo el mundo. Imagino que si solo hubiese probado los bloques que me pertocaban no me habría cansado tanto pero a Maud se le ocurrió que podríamos probar los bloques de la clasificatoria de los chicos. Sinceramente, blocar con ella es como asistir a una masterclass de movimiento en resina: la tía lee exactamente el movimiento y lo escala con todo el cuerpo, no solo manos y pies. Para mí es toda una novedad, ya que en roca no se acostumbra a escalar así, pero en cambio, está a la orden del día en las compes de bloque del mundo: dinamismos, equilibrios, tensión corporal, contorsionismos… Además, Maud también me dio varios consejos para mejorar cada intento; como el calentamiento adecuado, cepillar las presas (las de pie también), limpiar los gatos escrupulosamente, regalar un jamón al juez y otros trucos sacados de su dilatada experiencia en competiciones internacionales. Detalles que me gustaría recordar para próximas ocasiones aunque, tal y como estoy últimamente, es posible que lo olvide todo rápidamente. 

Momentos de la competición en la Sala Ingravita de Igualada.
Hemos aprovechado los intervalos entre cada competición para inaugurar la temporada en Sant Llorenç del Munt. Cada año me reafirmo: es un escuelón! Pues bien, estábamos un domingo en la Font Soleia y elegí La Panxa del Bou (7b+) para empezar. Sabía que la había probado pero no estaba segura de haberla encadenado. Consulté el 8a.nu desde el móvil y aparentemente no la había hecho durante el último año. Fue una buena jornada pues encadené bastantes vías así que por la noche estaba ilusionada de poder apuntármelas y, cuál fue mi sorpresa, cuando vi que La Panxa del Bou la tenía encadenada desde el 2009. Nunca imaginé que podría olvidar una vía, me quedé amnésicamente perpleja. 

También hemos estado algunos días por Margalef degustando los viotes de Vicent. Fue con él mismo y en la Catedral donde sacamos el tema: cómo puede ser que de algunas vías recordemos perfectamente los movimientos y que de otras no sepamos ni siquiera si las hemos probado. La hipótesis del clarividente equipador es que, en ocasiones, al cerebro le falta algo más que un tornillo; es decir, que nuestro organismo está ligeramente carente de algún elemento importante para la memoria (que debe ser lo que le sucedió a la Infanta, claro). En esos momentos sería más difícil retener la información de una vía. Aunque mí se me ocurren otras cosas relacionadas con el aprendizaje. Como sabéis, es más fácil recordar cuando se dan estas dos premisas: primera, que lo que estemos aprendiendo sea significativo para nosotros; y segunda, que lo que estemos aprendiendo esté ligado con nuestras emociones. O sea, que si probando una vía desciframos la secuencia lógica de movimientos y, además, su escalada nos produce algún tipo de emoción (felicidad porque es un nuevo proyecto, rabia porque no somos capaces de hacer un movimiento, etc.) será mucho más fácil recordarla en un futuro. Otra teoría sería la de “un clavo quita otro clavo”, es decir, llegado cierto número de rutas probadas, por cada vía que pruebas, otra que olvidas (una putada, pues no podemos ampliarnos la memoria).

Por este motivo se me hace necesario apuntarlo todo en libretas, en agendas, en papeles sueltos, en la mano... Y algunas insustancialidades –decidlo rápido- pero que no dejan de ser recuerdos, aquí, en el blog. Supongo que por eso mismo hoy llegamos a la entrada número 300