domingo, 2 de junio de 2013

El denominador común


Algunas compes me van mejor que otras, nada nuevo bajo el blog. Hoy, por ejemplo, en la última de las pruebas de la Copa de España (Barcelona), he quedado muy satisfecha conmigo misma al poder escalar suelta y decidida. Otras veces, como en la final de la semana pasada (Terrassa), sucede todo lo contrario: lectura pésima y corta ejecución. Eso sí, todas mis competiciones estatales tienen el mismo denominador común: una breve noche previa.


Tere y yo en la vía clasificatoria de Terrassa.

Normalmente son los nervios los que me desvelan, otras veces me cuesta dormir por el mero hecho de estar en lugares extraños y, en algunas ocasiones, simplemente son los ronquidos ajenos, los botellones callejeros o los chinches los que me han despertado. Podríais pensar que cuando compito cerca de casa (ergo, duermo en casa) debería tener más posibilidades de conciliar el sueño. Pero, como ya he demostrado muchas veces, las matemáticas no fallan y, aquí, el denominador común se cumple SIEMPRE
Así pues, os cuento: estaba anoche en mi silenciosa casa, relajada y tranquila, esperanzada por caer rápidamente en los confortables brazos de Morfeo. Cuando no llevaba más de una hora en el séptimo sueño, la persona con la que suelo dormir el 78% de las noches (me pirran las estadísticas ¿lo había dicho ya?), y que mantendré en el anonimato por el profundo respeto que le profeso –aunque anoche más que respeto fue rabia-, tomó la iniciativa para activar el denominador común, el cual se cumple al 100%. Os informo que el tipo este, el de la almohada vecina en un 78% de veces, es sonámbulo. A veces habla, a veces se levanta, a veces grita, a veces mide la estantería, no sé, se entretiene y vuelve a la cama. Anoche, no obstante, encendió la luz (qué grata sensación es la de un buen fogonazo en pleno sueño) se levantó mientras yo achinaba los ojos resituándome en el mundo real, se sentó a mi lado y me tapó la cara con un cojín. Pensé que había llegado mi hora a manos de un asesino perturbado, pero descarté rápidamente lo de asesino cuando acercó su cara a la mía y, levantando poco a poco el cojín, decía susurrando “tranquila, tranquila” y lo volvía a bajar para subirlo de nuevo y repetir las para nada tranquilizantes palabras. ¿Se puede saber qué cojones haces? y lo único que obtuve por respuesta fue un “ahora no te lo puedo decir” mientras retomaba su placido sueño. Yo, obviamente, con ojos como platos e inquietantes ideas hasta que el dulce canto de mi despertador dio fin a la entretenida noche.

Otras veces, las cifras juegan a mi favor. Hoy mismo, en plena competición, los que hemos querido nos hemos podido hacer un examen de composición corporal con una máquina de bioimpedancia. El aparato este, pese a tener un nombre poco agraciado, mide la cantidad de grasa, músculo, hueso y agua del cuerpo. La chica que manejaba la máquina nos ha detallado perfectamente todas nuestras características corporales y, entre otras cosas, nos ha revelado la edad metabólica de cada uno, que no es más que una supuesta edad fisiológica de nuestro cuerpo. ¿Queréis saber la mía? No sé si decirla, porque claro, soy menor fisiológicamente -e imagino que mentalmente también-. Bueno, va, me arriesgo, aunque os importe un comino yo lo suelto: 17. Sí, y la querida Tere también. Así pues, cuando parecemos unas pavas adolescentes con la risa incontrolable, es la viva realidad fisiológica la que se manifiesta y no es que lo parezcamos, es que lo somos. Otro caso es el de J, al cual la máquina bendita le ha fechado en unos tiernos 12 añitos de edad y no hemos tenido más remedio que premiarlo con un chupa-chups. Ya veis, precioso deporte el nuestro que nos ayuda a estar sanos y alegres. 

6 comentarios:

Marineta dijo...

ai mi jota!! 12!! si es que ya había notado yo algo... ;)

Teresa Troya dijo...

Me encanta ser una pava adolescente!!!

Marieta dijo...

Marineta, darling! Si es que está hecho un chaval! Eso sí, las napolitanas del Mercadona de tres en tres, como se nota que allí no tenéis. Kisses!

Tere: ah, y a mí! fue decírmelo y ya me está saliendo acné. Besos!! ;)

Tranki dijo...

Conye....amb la cara d bon nen que fa el 78% ara m has deixat espantat...quan em digui de flashejarme una via abans l haure de pessigar????

Lola Steiner dijo...

Doncs ho sento per tu, però no saps fins quin punt. Haurem de fer una teràpia conjunta, perquè jo també sóc somnàmbula i estic ben farta dels passejos nocturns. I el que dorm al meu costat (i mantindré en anonimat) està molt més fart que jo.

Marieta dijo...

Tranki: això del pessic m'ha molat, tu fes-li una bona pessigada al cul i ja veuràs la cara de bon nen que fa! jejeje Em va agradar molt coincidir :) Segur que ens anem trobant per allí

Lola: aquests somnambuls sou la llet! em solidaritzo amb el teu company en l'anonimat, realment és un conyàs...però bé, si et pilla de bon humor algun episodi pot ser fins i tot divertit jeje